La respuesta es oficialmente conocida por todos, Colón. Incluso tal aseveración ha resistido a los tres millones y pico de cambios de sistema educativo que padece nuestro país desde hace unos cuantos añitos. A todos nos enseñaron que Cristobal Colón junto a los hermanos Pinzón, los de la famosa rima, fueron los primeros “europeos” en poner un pié en las Américas, allá por el año 1492. Pero puede que no fuera tal y como nos cuentan la casi totalidad de libros de historia de los colegios. Lo que sigue a continuación podría convencernos de lo contrario. O por lo menos sembrar la duda en nuestras molleras.

Esto que os pongo más abajo es el principio del próximo libro de Jose Luís Dominguez, segunda parte de su obra “La Humanidad en pañales”, donde intenta, y en más de una ocasión consigue, sacar punta a una historia aceptada por todos, y señalar sin tapujos las “mentiras” contadas oficialmente y que otros no han sabido, podido o querido revelar. Dejando a un lado cualquier interpretación ideológica, aconsejo una lectura detallada, y si se quiere, incluso un tanto agnóstica de aquello que su obra relata. No se trata de escribir gratuitamente lo primero que le viene en gana, ni arrancar la curiosidad malintencionada con el mal propóstio de poner en tela de juicio lo que se adimite como indudable e inamobible . Es sobre todo el fruto de un gran trabajo de investigación y lectura acompañado de su enfermiza visión agnóstica de las cosas.

La primera parte, imágenen de portada que tenéis más arriba, revisa igualmente la historia de la humanidad desde la Prehistoria hasta la Edad Media. Lo que os dejo hoy son los primeros párrafos de la segunda parte de su “Humanidad en pañales” y espero que os coma la curiosidad sobre lo que sigue….¿Quién descubrió América?…

“Los europeos siempre hemos sido tremendamente egocéntricos. Y precisamente para corregir esa tonta tendencia europea se hace necesario iniciar este recorrido histórico hasta nuestros días en el extremo opuesto del planeta: en China.

Allí tenemos un imperio tan impresionante en pleno siglo XV que Zhu Di, primer emperador de la dinastía Ming, decidió inaugurar su ciudad, la Ciudad Prohibida, invitando a todos los reyes y jefes de estado mundiales importantes sin que se le ocurriera, ni por asomo, contar con los reyes de Inglaterra, Francia, España y Portugal al ser considerados como “estados atrasados” sin productos comerciales de interés ni conocimiento científico alguno relevante.

Y si esto se puede considerar un ejercicio de puro fantasmeo por parte de los chinos convendría reseñar algunas interesantes comparaciones…

Frente al ridículo panorama bibliotecario europeo, casi siempre circunscrito a algunas abadías, los chinos contaron con el proyecto Yongle-Dadian, un fabuloso intento de recopilar todo el conocimiento mundial humano que mantuvo entretenidos a casi tres mil eruditos durante décadas. Mientras, y al mismo tiempo, el emperador solicitaba la ayuda de más de cien filósofos y sabios chinos para guardar en la recién inaugurada Ciudad Prohibida todo el pensamiento presente en la Humanidad desde el siglo X de nuestra era.

Y si de fastos se trata es interesante observar la comparación que Gavin Menzies realiza en su libro “1421, el año en que China descubrió el mundo”:

“La boda de Enrique V con Catalina de Valois se celebró en Londres justo tres semanas después de la inauguración de la Ciudad Prohibida. En Pekín se acogió a veintiséis mil invitados, que degustaron un banquete de diez platos servido en una vajilla de la más fina porcelana; por su parte, a la boda de Enrique V acudieron únicamente seiscientos invitados a los que se les sirvió bacalao salado sobre lonchas de pan rancio que servían de platos. En su boda, Catalina de Valois no llevaba ni bragas ni medias; la concubina favorita de Zhu Di apareció cubierta de las más finas sedas…”

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