Casi ná…han pasado ya unos cuantos añitos, y muestra de ello es la cara de niño que tengo. Ese mismo día nos soltaron juntos a Army y al que suscribe. El que pasó culo, por volar conmigo de OA (Operador de Armas), fue el “Mulo”. Y digo que pasó culo, mejor dicho pasamos, porque en medio de las volteretas que dábamos en la Delta, el compensador del rudder, timón de dirección, se desplazó totalmente hacia un lado y nos tuvimos que volver a casa antes de lo previsto. Y no fue de esas cosas que no se ven hasta que no vuelas solo, típico de las sueltas, sobre todo cuando uno es alumno, sino que fue realmente un fallo eléctrico del compesador y no nos dejó disfrutar del día. La imágen que véis es la que se muestra en el libro de operaciones del 123 escuadrón, y los comentarios, no sé si legibles, del redactor jefe y único del diario por aquella fecha.

Eran otros tiempos y otros compañeros, pero el hecho de volar ese emblemático avión supuso para mí una satisfacción inmensa e incomparable con cualquiera otra suelta en cualquier otro avión que haya volado. Y encima, el escuadrón contaba con expertos pilotos phantonianos que nos enseñaban a volar y a ser cada día más aviadores. No solo pilotos. Un piloto se hace a lo largo de los años con la experiencia, pero un aviador sobre todo, se forja sólo y exclusiavamente cuando crece junto a otros. Cada piloto es lo que otros fueron capaces de enseñar y transmitir, para bien o para mal. En mi caso, fueron los pilotos del 123 Escuadrón del Ala 12 los que me inculcaron la vocación por la aviación de caza, el compañerismo y sobre todo, el liderazgo. Algo que no se aprende en la mejor de las Universidades ni en el mejor de los trabajos (si es que hay alguno mejor que éste).

¡Qué recuerdos!

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