Han pasado casi 11 años desde que llegamos, aquella calurosa mañana del 09 de junio de 1997, después de un largo viaje haciendo escala para repostar y completar el nivel de aceite de nuestro querido y único motor ATAR, a la base aérea de Nörvenich (ETNN) en Alemania. Ninguno de nosotros podía sospechar que muy pronto el destino nos depararía unos acontecimientos que, como casi todo lo sobrevenido, deja una huella difícil de borrar y hace conocernos un poco mejor.
Ésa mañana, una mañana cualquiera, nos levantamos con el cielo negro y cubierto amenazando jarrear agua y de paso, alterando nuestra paz a costa de tener que pensar, y no descuidar, en aquellos litrillos de más, que si no te cuelgas, te permiten tranquilamente proceder, en caso de necesidad y mal se tiene que poner, a tu alternativo, Buchel (ETSB), situado al sur del campo y no muy lejos de allí, quiero recordar.
Llevábamos ya unos días volando con los teutones, buena gente y curiosa en general para mentalidades españolas. Todo había ido fenomenal, incluso a pesar de tener actividad de orto a ocaso y estar alojados en un pueblecillo “in the midle of nowhere”, donde a partir de las siete de la tarde, solía caer la bomba de neutrones, haciendo desaparecer a todo bicho viviente.
Nuestra misión era escoltar a un grupo de Tornados alemanes, apoyados por otro escuadrón español, maniseros, destacados también allí con este fin. Ese día, los objetivos se encontraban en Francia, bastante alejados y por tanto, dada la meteo en la zona, bastante ajustado el combustible. “Jefe, esto se va a poner feo”, comenta el de operaciones. Plan de vuelos por antigüedad, empezando por el comandante. Contesto. Vamos a coordinar la escolta. De esta manera, finalizado el briefing general de la misión, vamos a tomar el típico café, antes de irte a los refugios, y echar unas risas recordando las tonterías de la noche anterior.
Es la hora, con rostros serios, cada uno coge sus trastos y a la micro. “No olvidaros del paraguas”, alguien gritó antes de salir. Poco tiempo después el motor está en marcha. Compruebo que estamos todos listos y a la hora convenida comenzamos a rodar. Al salir del bosque a la calle principal de rodaje y procediendo a la cabecera de la 09, observo como se va reuniendo el resto. Los Tornados ya están en pista, recuerdo. Llegados al punto de espera, comento en “roja” (radio dos en los avos franceses): No veo a los “maniseros”. Se habrán “furreteado”, alguien contesta.
El caso es que no podemos entrar en pista hasta que entren ellos y no nos queda mucho tiempo. Empiezan a despegar los primeros Tornados y allí no aparece ni dios. Empiezo a intranquilizarme, ya que la escolta acompaña al paquete principal y debemos mantenernos a una distancia prudente de ellos, no pudiendo demorar mucho el despegue, así que decido entrar y quedarnos justo en la cabecera, por si aparecen. Por fin les veo rodar y entrar en pista por una calle situada a unos dos mil píes de nuestra cabecera. Dado que la pista tiene 8000 fts total, con el suelo mojado y depósitos, espero que nadie tenga problemas en el despegue. La pista no tiene barrera al final de la misma. Es la hora de despegar y no se mueven. No se que les pasa. Deben estar en su frecuencia táctica porque no contestan a mis “radio check”. El tiempo va pasando. No queda ningún alemán en pista y seguimos sin movernos. Ahora veo que el que está de punto sobrepasa al líder y vuelve a parar.
Ya no puedo contenerme más. Llevamos casi dos minutos de retraso y la distancia al paquete principal ya debe ser muy grande. Además, para poder reunirnos en ruta con ellos va a implicar tener que llevar el motor a taco y coger una velocidad espeluznante a baja cota. Solo el que ha volado Mirage F-1 sabe como se mueven los números del contador del combustible, especialmente cuando éste lo llevas muy ajustado. Así que en frecuencia de torre, grito descargando toda la tensión acumulada: “Quieres despegar de una vez, hossssstiassss?! Increíble!, fue terminar de decir semejante improperio y ver como surgían llamas en las toberas de los postquemadores de los aviones precedentes.
Sin esperar el tiempo reglamentario de separación con ellos, veo a mi avión saltar detrás y lanzarse a coger la velocidad de despegue. “Espero que no aborte ninguno, porque le voy a meter el pitot hasta Toledo”, pienso mientras corro detrás de ellos.

Por fin en el aire y después de ver aparecer al punto de la derecha, bastante retrasado, meto el motor a militar y nos lanzamos en su persecución. Mientras avanzamos, los bosques van subiendo y la capa negra de nubes no deja huecos para pinchar. Pronto será imposible seguir bajo. Mientras buscaba desesperadamente un claro en el techo de nubes, ya que el suelo se había acercado demasiado, oigo por la radio lo que podía ser una especie de gruñido y al mirar atrás observo que el punto derecho debe haber metido el postquemador, por el fuego que sale de su tobera y que se aprecia perfectamente, y comienza a ganar altura derecho a pinchar nubes. Inmediatamente se que hay problemas y grito en roja: “Pepe, síguele, no le pierdas! Yo continúo.
Hemos pasado Bélgica y entramos en Francia sin tener que pinchar nubes. Ahora nos encontramos en una gran llanura, buena visibilidad, pero no veo a los Tornados por ningún lado, pero sigo de cerca a los “maniseros” cerrando distancia y situándome de forma que me permita un disparo de misil si les entra alguno de los M-2000 que, periódicamente, nos blocan con sus radares y descubren su presencia en nuestro alertador. Al cabo de un rato, me acuerdo de los míos. ¿Qué habrá pasado?, ¿Le habrá cogido Pepe?, ¿Como habrán encontrado el campo a la vuelta con esa emergencia que seguro lleva el dos. Punto inicial y acelerando. Rompo contacto y subiendo para atraer a la posible caza de ese sector me dirijo al punto de reunión de después del ataque.
Combustible? Mierda! Espero no tener que engancharme ahora con ningún “gabacho”. “Fuera” oigo en táctica común y abandonando el punto me dirijo a su encuentro. Ahí están, pasan por debajo y a mi derecha, me resulta cómodo reunirme con ellos y regresamos a casa. Ahora ya no puedo dejar de pensar en la emergencia. ¿Qué habrá pasado?.
Por fin en el suelo. Ruedo rápido a mi refugio y al llegar al “loop”, y mandarme el mecánico que ponga las manos arriba, veo caras que quieren decir algo. De repente siento que me duele la boca del estómago y las manos quieren bajar. Paro inmediatamente el motor y sin esperar a que termine de girar, abro la cabina entablillada, me quito el casco y grito: ¿Qué ha pasado?. Me contestan con un dedo pulgar mirando hacia abajo.
Me quedo sin fuerzas para decir nada. No soy capaz de soltarme los atalajes. Por un momento recuerdo a Ángel. No puede ser. Ahora con el motor parado y escalerilla puesta, pregunto al mecánico que sube a desatarme. Qué le ha pasado? “El está bien, me contesta. Ha saltado”. Está en el hospital del pueblo. Lo ha traído un helicóptero de los alemanes. Pido el móvil a uno de los tenientes, que como siempre, llevan el último berrido de todo trasto tecnológico que aparece en el mercado y llamo a su mujer. Mi tono de voz debe sonar convincente. Además soy capaz de expresarme como si estuviese contando una pequeña tontería que acaba de hacer su marido y con un, “créeme que está bien, no te mentiría”, nos despedimos. Reúno a los demás, les digo a los alemanes que no volamos otro periodo y con una furgoneta secuestrada en el mismo sitio, nos vamos corriendo al hospital del pueblo.
Al llegar al hospital y entrar como lo debieron hacer sus primos los Vándalos, nos salió al encuentro una señora vestida de blanco. No le dejé reaccionar y cogiéndole por las mejillas le di un beso y le dije en español: Frau, eres lo más bonito que he visto esta mañana. Debió quedarse a cuadros y en el sitio, porque cuando entramos en la habitación del “perjudicado”, no nos perseguía. Al entrar y verle con una sonrisa en la cara, inmediatamente le zarandeamos sin caer en que acababa de recibir su cuerpo una brutal patada en el culo y debería encontrarse molido. No obstante, no paramos en pequeños detalles de esa índole. Al poco me vi rodeado de latas de cerveza, que alguien había comprado y traído en una bolsa de plástico. “La madre que les parió!” En ese momento entraron la “froilan” y un médico, pero al vernos encima de la cama del enfermo con latas de cerveza en la mano y diciendo chorradas, solo pudo decir en inglés algo así como: “not to him! Y se marcharon cerrando la puerta.
Es muy difícil contar lo que se siente en estos momentos, pero quiero dejar una foto en donde las caras son el mejor reflejo del alma.
Y cuando hoy día las vuelvo a ver pienso: Ha valido la pena vivir así con esta gente y……. que diablos, esto es un oficio de hombres.
Boss






¡… Y ahora de una mujer !
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/07/04/espana/1183566049.html
Yo despedí ese avión (C.14-09) cuando se iba al TLP tras la escala de Manises. Nos quedamos todos de pasta de boniato cuando nos llagaron las noticias de lo que habia pasado.
Bien está lo que bien acaba. ¿Se incendió el motor? Gracias por compartir tu aventurilla.
Por cierto Jefe ¿qué tal era/es el F1 como caza? Mucho se ha hablado del F/A-18, e incluso del F1M como excelente plataforma de ataque al suelo pero poco, muy poco de sus dotes como caza. Si puedes y te apetece, dinos algo al respecto.
Un saludo Boss
[...] puedo resistirme a ampliar el articulo de “Boss” sobre nuestros avatares en Alemania. Ya han pasado algunos años, pero las retinas siempre guardan [...]
[...] puedo resistirme a ampliar el articulo de “Boss” sobre nuestros avatares en Alemania. Ya han pasado algunos años, pero las retinas siempre guardan [...]
[...] al Boss por rescatar del injusto olvido esta historia de aviadores, al Buda por escenificar en palabras lo [...]