Muchas veces me he preguntado qué es lo que anima a los muchachos en sus edades más tempranas a dedicarse a esta profesión tan atractiva como arriesgada. A primera vista, si escudriñamos un poco entre las promociones de profesionales del “andamio”, apreciamos que un alto tanto por ciento de los que aspiran a ser pilotos proviene de familias de alto abolengo aeronáutico-militar, aunque también del bajo. En ambos casos, el vivir cerca del mundo de la aviación en cualquiera de sus formas, hace que la vocación se vaya asentando hasta que se toma la decisión de dedicarse a esa profesión.

Para el resto, sin contacto inicial con el mundo aeroespacial, ¡eso sí que es vocación! Podemos dar una explicación darwiniana o wallaciana: en el grupo ha surgido un individuo que ha mutado con respecto a los demás…, o incluso es posible la explicación lamarkiana: lo deseaba tanto y se esforzó tanto en conseguirlo que…

Aparte de la satisfacción que produce el estar lejos del suelo, manejando una máquina de alta tecnología que obedece (no siempre) a los pensamientos del piloto, y la traza de egolatría que domina el hecho de que no todo el mundo puede acceder al manejo de las mismas (aunque se dice por ahí, que hasta un burro puede volar con las horas de entrenamiento adecuadas); si a todo esto le añadimos unas cualidades individuales de habilidad en el manejo de la plataforma volante y como reza en el ideal “Moratiano”: de nunca reunir el combate (no sólo el que se pueda producir en el aire sino en cualquier aspecto de la vida), nos encontramos con los Pilotos de Caza.

                   Galería de Tama

 

A partir de aquí, los momentos de felicidad consciente experimentados a lo largo de la vida aeronáutica como Piloto de Caza, no son reconocidos a menudo en el momento que se están produciendo (tal vez cuando amanece sobre el Atlántico en un viaje de vuelta desde los “States”, o cuando se sobrevuela una tormenta viendo el aparato eléctrico descargando en los “pies”, o cuando se hace acrobacia en formación, o por qué no, cuando le pones un rabo al contrincante); sino que viene después con la introspección casi mística, cuando el Piloto de Caza se da cuenta de lo feliz que ha sido, lo bien que lo ha pasado, los lazos que ha creado con otros como él, …. Me atrevería a decir que va más allá de una mera afición al trabajo, de las ansias de hacer cosas nuevas e interesantes, incluso más allá de lo que supone el amor Patrio, es una forma de vida física y mental, es una manera de ser.

 

                         Buena caza y a otra cosa

                                      Negro

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