Salía el piloto de la sala de mapas, había dado un briefing con las otras Unidades; las que iban a disparar con sus cañones al blanco que él remolcaba. No había realizado nunca esa misión, pero eso sí, se había estudiado el “piernógrafo” de manera concienzuda. El Caza iría corto de potencia (el dardo tiene mucho “drag”), y de combustible (no puede llevar un tanque en el “center line”, pues allí va el pod que contiene el carrete de la cuerda del dardo), además de un largo número de “what if´s” de todos los colores: qué pasa si no se despliega el dardo, qué pasa si al desplegar empieza a hacer movimientos erráticos, qué pasa si al intentar soltarlo no se corta la cuerda …

Como no había instrucción práctica en los monoplazas, la primera aproximación que hizo al tema, fue al hacer el “step” hacia el avión. Anonadado observa que en el “pylon” derecho cuelga una especie de dardo gigante (de ahí la palabra dardo para denominar al artilugio); más se ajusta a la realidad decir que era como la parte de atrás de un dardo (los timones del mismo) pero tamaño “kingsize”. Su longitud no llegaba hasta el timón de profundidad, pero casi y además, la distancia al suelo no era superior al medio metro. Estaba confeccionado de madera de pino y papel-cartón endurecido por no se sabe qué procedimiento; todo recubierto de una lámina plateada (para verse mejor, y servir de reflectante para los aviones con radar). Para rematar este prodigio de la técnica, comprueba que la línea de unión entre el dardo y el “pod” que contenía el carrete, consistía en una cuerda tipo maroma de barco del medioevo y que: ¡tachán! estaba sujeta al timón de profundidad por cinta adhesiva de embalar (sí, sí, esa que se utiliza para cerrar las cajas de la mudanza). El ingenio volante en su conjunto (avión y dardo) cual máquina de Leonardo de Vinci, combinaba papel y chapa, aluminio y madera, cables de acero y cuerda, remaches y cinta adhesiva… “y además funciona”.

Se arma de valor y ya está para entrar en pista. Detrás de él van todos los que van a tirar; él es el líder de la formación. Carrera de despegue y ¡ojo, no rotes con más de 5 grados de morro alto pues el dardo pueda rozar en el suelo! Volando hacia la zona, la cuerda que iba pegada ya se ha soltado y hace un bucle detrás del monoplaza; tampoco puede pasar de 250 nudos.

Cuando en la zona han verificado que no hay nadie abajo (“I mean” barcos) que pueda ponerse de sombrero el artilugio colgante, disminuye la velocidad a 190 nudos para el despliegue. Todos están expectantes pues es el momento más critico de la misión: para el remolcador (su pellejo depende de que la suelta sea límpia) y para los tiradores (si falla esto se quedan sin tirar este año).

A la voz de “en el aire”, se suelta el dardo del “pylon”, parece que está estable en su retroceso a unos 500 pies del remolcador (ha oído decir a los veteranos que a veces, al desplegar el dardo había hecho un círculo alrededor del caza enroscándose la cuerda en la cola del caza: ¡ag!). Cuando la cuerda llega al final del carrete, siente un pequeño tirón (tecnología otra vez); aunque no es la primera vez que en este momento se rompe el encastre de cuerda y dardo y éste cae a plomo al mar.

Acelerando y virando a la vez empieza una serie de círculos descendentes. Los aviones por orden van entrando haciendo yo-yo´s de alta y baja. Él también es el controlador, tiene la impresión que le apuntan; casi mejor que no mira hacia atrás.

Cuando termina de tirar, cada piloto tiene que acercarse al dardo para ver si hay algún impacto. Éste es el momento en el que los pilotos por lo general suelen tener “visiones”, pero no de apariciones de imágenes sacras; es el momento de brotes esquizofrénicos, pero no de ver un dinosaurio comiendo plácidamente; el momento de las neurosis, pero no de que alguien les persigue; sino de ver agujeros por todas partes en el dardo, con la legítima intención de apuntarse en el grupo de tiradores de élite. Hay mucha picaresca en este proceso visual en el que todos creen ver grandes orificios.

Una vez terminado el tiro. Toca soltar el dardo, un cartucho corta la cuerda y el dardo se abandona a su suerte en el mar para nunca más volver. Pero si no se corta la cuerda, ¡ay, ay!, lo estampará contra el agua y luego aterrizará largo para que no se enrede los 500 pies de cuerda que lleva colgando ¡pa habennos matao!”

Buena caza y a otra cosa

Rafa Negro

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