“El piloto no andaba muy ducho en el arte del reabastecimiento, en realidad nadie lo está en los primeros estadios del vuelo del “bizcocho”. La seguridad que se coge con el tiempo, las horas de vuelo y el entrenamiento, hacen que el ejercicio en cuestión, que el multiplicador de fuerza que se explica en la entrada de Baby, sea realmente eso y no un objetivo en sí: “reabastecer es ya un éxito”. La actitud ante el reabastecimiento, como le han comentado, consiste en presentarse ante el “tanker” como si fuera la primera vez que lo hace.

En esta ocasión, está tan lejos la zona de reabastecimiento que prácticamente sólo les da tiempo de hacer unos enganches. Siempre empiezan con uno húmedo (es decir con trasvase de combustible entre el “tanker” y el avión receptor), y varios secos para incrementar el entrenamiento en el mismo vuelo.

El “weather” no está muy mal y aunque hay nubes por todas partes, la “gasolinera volante” se ha posicionado entre capas de ellas. Desde donde viene con su punto, no hay posibilidad de tener contacto visual casi hasta que están prácticamente encima. Son los primeros en reabastecer; las mangueras fuera en espera de los cazas.

A él nunca le ha gustado reabastecer del Herqui. Al ir bastante más despacio que los tipo Líneas y volar a una altitud de vuelo inferior, la manguera se queda más “morcillona”, más flácida, más qué se yo… Esta vez debido a la turbulencia en la que están metidos, comprueba que las mangueras con movimientos similares a los que efectúan los brazos del Doctor Optopus en sus luchas contra Spiderman, describen figuras acrobáticas irregulares, sin poder hacer una previsión de cuál va a ser el siguiente movimiento.

Ante esta situación, el piloto se arma de paciencia. Su técnica no es muy ortodoxa; consiste en esperar a que la cesta se pare y entonces como torero que entra a matar, embestir a la misma con un movimiento enérgico y firme. La otra versión de enganche que consiste en aproximarse a escaso medio metro y avanzar con suavidad hasta enganchar, hoy no era posible (tuvo una experiencia desagradable en que la cesta le arreó un par de golpes en la cúpula).

Llevaban tres o cuatro minutos en posición de enganche observando la movilidad inusitada de las mangueras cuando de repente quedan estables enfrente de ellos. ¡Es el momento!. Acomete a la misma no con excesiva violencia y ocurre lo que ha escuchado en alguna ocasión pero que hasta ese momento no había vivido: la manguera no se recoge dentro del pod del Herqui (estaba más morcillona de lo normal), y comprueba que su embestida ha generado una onda que va, rebota en el plano del “tanker” y vuelve. Cuando quiere pensar en hacer algo, ya es tarde. La onda no ha arrancado la percha y le ha dejado un agujero en el morro del avión como es habitual, tampoco se ha roto y ha quedado colgando hacia atrás apoyada en el plano del “bizcocho”; hoy se ha escindido del encastre y el piloto se ha quedado con la cesta puesta en la percha.

Como la manguera ya sin estabilizar echaba combustible a espuertas, el piloto se retira hacia un lado y rápidamente pone rumbo a la base. Nunca pensó que el “drag” no le permitiría pasar de 250 nudos, ni subir de 150 de nivel. Con todo ello tomó tierra sin novedad. Pero no había llegado al edificio de Operaciones cuando recibe una llamada del jefe del “tanker” que con poca amabilidad decía: “devuélveme la cesta”, ¡como si se la hubieran robado!” (no le faltaba razón porque ya estaba pensando en colocarla en el museo del escuadrón)”

Toda misión en un avión de caza está compuesta de muchas mini-misiones, muchas partes que tienen importancia en sí mismas (salida, recuperación, reabastecimiento, …) y que deben de efectuarse con exactitud para no dar al traste con la misión principal que ha sido encomendada.

Buena caza y a otra cosa

Negro

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