Los aviones de 5ª generación son auténticas máquinas de combatir en el aire. El salto tecnológico que representan en capacidades de la propia plataforma, en sistemas de a bordo o en armamento de dotación ha sido espectacular, y está influyendo sobre las tácticas de empleo de manera nunca vista hasta ahora. ¿Hacia dónde está evolucionando el combate aéreo ahora que todo se mueve tan deprisa? Pues aun a riesgo de que dejéis de leer desde este momento, voy a adelantar la conclusión que en cierta forma esbocé hace algún tiempo en un artículo para la Revista de Aeronáutica y Astronáutica: la combinación plataforma-armamento se está volviendo tan letal que la única garantía de superioridad a medio plazo será el “no ser visto” -STEALTH- y el “ver más que los demás” -COMBATE EN RED-. Y aún así, no existe garantía de que esa superioridad llegue a ser TOTAL.

Ante audiencia tan distinguida como la que tenemos resulta fácil crear polémica, por lo que voy a empezar soltado algunas avispillas… ¿Pertenecen los Eurofighter, Rafale o Su-35 a la 5ª generación?¿Están a la altura del F-22 o del JSF? Probablemente esta pregunta no es tan polémica como parece, pues ya se habla desde hace tiempo de la Generación 4.5 e incluso de la 4.75 (artículo de Tama “¿6ª Generación de cazas?”). Como en casi todo, la clasificación es lo de menos y el tema de esta reflexión va más allá de las clasificaciones: se trata de pensar un poco sobre hacia dónde se dirige el combate aéreo, porque cada vez los cambios se producen en lapsos de tiempo más cortos y son de mayor entidad. Por ejemplo, y valga la simplificación: Chuck Yeager comenzó volando aviones de motor de pistón con cañón y terminó volando reactores supersónicos con misiles infrarrojos. Sin embargo, sus tácticas de combate no cambiaron radicalmente: siempre había que acabar a las seis, dentro de alcance, para poder emplear las armas. Los factores externos tampoco se puede decir que sufrieran una evolución radical en esos casi 40 años de vida operativa: control de interceptación, radares en tierra, radares embarcados muy básicos… La pareja seguía siendo la unidad fundamental, la vista del piloto un elemento imprescindible y las comunicaciones radio la base de la táctica.

Pero ahora… Un piloto de F-16 europeo o americano de los que yo conocí cuando llegué a mi unidad por primera vez hace apenas 13 años (¡cómo pasa el tiempo!) estaría perdido, en cuestiones de táctica claro está, en la cabina de un F-16 MLU… Y lo mismo podría decirse de mis compañeros que dejaron el “bizcocho” hace 13 años, si queremos entrar en comparaciones con con los recien modernizados. Ahora se puede combatir fuera de distancia visual con el resto de puntos de la formación, un combate puede durar horas sin ver a un sólo “bogey” y las comunicaciones por voz en la radio están en franca decadencia tanto entre miembros de la formación como entre éstos y el GCI. Es cierto… se echan de menos los combates de toda la vida entre el Spit y el Messer, pero nuestra generación de pilotos no ha conocido otra cosa y me temo que no hay marcha atrás.

En el escenario actual, estamos diseñando cazas de alta tecnología que son capaces de volar en todos los regímenes de manera óptima. Para el combate BVR, son capaces de mantener supercrucero a muy alta cota, y ampliar de esa forma la envolvente de sus armas. Para el enganche visual, combinan el empuje vectorial, su inestabilidad y su diseño de mandos de vuelo (hardware y software) para virar más que su oponente en cualquier condición. Todo esto tiene su precio, porque hasta hace relativamente poco, las cosas no eran así. En aerodinámica siempre ha existido una especie de criterio de compensación en cuanto a las actuaciones que se podían conseguir: altas velocidades supersónicas y rápidas aceleraciones suponían diseños con alas pequeñas en flecha o delta, lo que inexorablemente conducía a un aumento de la carga alar y a la pérdida de cualidades en combate cerrado. Un caza robusto y maniobrero necesitaba de una estructura sólida capaz de soportar los esfuerzos, lo que penalizaba sin remedio su velocidad máxima o su techo de combate. Hoy, sin embargo, los cazas de última generación permiten a las Fuerzas Aéreas que los incorporan el no tener que hacer sacrificios entre maniobrabilidad y “performances”: si el cliente lo quiere todo, lo tiene todo, siempre y cuando pueda permitírselo.

F-22 Raptor All Out Demo / Pilot Major “Max” Moga Describes Eac

Aquí os dejo un link a última exhibición del F-22 Raptor comentada por su piloto, Max Moga. Todo un ejemplo de lo que se puede hacer con Thrust Vectoring (2D) y una buena lógica de mandos de vuelo.

La evolución de las plataformas ha influido, como no podía ser de otra forma, en sus tácticas de empleo, como expuse un poco más arriba. ¿En qué se resumen esas nuevas tácticas? Pues, si me disculpáis la simplificación, en lo siguiente: CAP a gran altitud y velocidad; ver antes de ser visto; acometer alto y rápido para identificar y derribar a gran distancia; evitar el combate visual pero, una vez en él, aprovechar la superioridad para disparar primero y salir fuera del alcance del enemigo empleando ese exceso de potencia específica disponible… Sencillo, ¿verdad? Sobre todo aquí sentados a 1 G y 0 nudos.

Sin embargo, las cosas no son tan fáciles. La vieja rivalidad entre el cañón y la coraza que dominó la guerra en el mar desde finales del siglo XIX se ha seguido aplicando, con más ingenio, a la guerra moderna, ahora con otro nombre: AIM-9X, IRIS-T, PYTON 5, ASRAAM, ARCHER… Toda evolución de estos misiles va en la misma dirección: poder emplearlos en cualquier punto de la envolvente y para cualquier posición del caza enemigo, incluso por detrás de la línea de las 3-9. Básicamente, somos ya capaces de disparar hacia atrás… Así que podemos plantearnos para qué sirven 9 G´s y 50 grados por segundo de régimen de viraje a un Su-37 si, desde el otro lado, el piloto de un entrañable F-4, con un Helmet Mounted Display es capaz de disparar un Python 5 inmediatamente después del cruce. Y esto teniendo en cuenta que, probablemente, sólo el dinero gastado en el desarrollo del software de mandos de vuelo de un Rafale vale más que la dotación de ARCHER para un escuadrón de Mig-21.

Sinceramente pienso que en el combate aéreo actual no existe la superioridad total, definida como “bajas 0″. Algunos al otro lado del Atlántico ya eligieron su camino: la invisibilidad. Habría que plantearse si el nivel alcazado hasta ahora es capaz de garantizarla por completo y si el dinero invertido compensa los resultados… Aunque quede todavía mucho camino por recorrer en investigación y desarrollo.

Pero para dar pie a la continuación de este artículo y evitar la desmoralización general, quería concluir con lo que, en mi opinión, sigue siendo la pieza clave de la guerra en el aire: el ser humano. Démos a la tecnología la importancia que se merece, pero no olvidemos que el mejor caza de 5ª generación del que podamos disponer siempre necesitará de un ser humano motivado y entrenado que lo pilote (en cabina o a distancia…), que confíe en su organización y que disponga de unas directrices claras que le hagan aprovechar sus oportunidades para disparar antes de que lo haga el enemigo.

Un abrazo.

Baby.

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