
El día era perfecto para el vuelo a baja cota. Recuerdo que era una radiante mañana de primavera, de cielo azul como el mar. Mi poca experiencia acumulada en el avión no me permitía disfrutar del vuelo. Como cualquier joven e inexperto piloto, deseaba demostrar que sabía volar con mi líder, que conocía los procedimientos que sabiamente mis mayores me habían transmitido días atrás y que cumplía con nota el papel del buen punto. Hacía menos de dos meses que era LCR (Limited Combat Ready), después de completar los vuelos de instrucción necesarios para conocer la máquina, volar con seguridad y participar en las misiones de combate y adiestramiento de la Unidad.
Seguramente hubiera querido empezar mi carrera profesional volando la mejor máquina que por aquel entonces combatía en el Ala 12: el F18. La joya de la corona. El avance tecnológico. La precisión en el combate. Pero en ese momento creía cumplir un sueño, puede que el anhelo de tantos pilotos de caza a lo largo de la historia. Era piloto operativo del F-4 Phantom II. El hermano mayor. La vieja tecnología. El viejo guerrero. El pura sangre. Me sentía especial volando esa mole de metal que tantas y tantas páginas de gloria ha escrito a lo largo de la historia moderna. Volar un caza con sistemas de mandos vuelo eléctricos y computerizados, donde un cerebro de ceros y unos controla cualquier actuación debida o errónea sobre las superficies de control, es todo un placer para el piloto. Movimientos suaves pudiendo rozar los límites de vuelo de la máquina. Una maravilla. Pero para volar un F-4 y hacerlo bien, se necesitaba mucho más que saber “volar”. No podías dormirte, no debías pensar que algo o alguien controlaba la envolvente de vuelo del avión, sencillamente porque detrás de la palanca de control no existía nada más que bombas hidráulicas y actuadores transmisores de movimiento. Y durante esos primeros meses de vuelo en tal especial caza, mi mayor esfuerzo se reducía en volar con seguridad, aplicar los procedimientos, y sobre todo, aprender de mis maestros. De mis líderes, aquellos que forjaron la base del pequeño aviador que hoy en día llevo dentro.
Aquella mañana primaveral volaba como punto en una misión de Reconocimiento Táctico a baja cota. Como en todas las misiones de este tipo en el Phantom, la velocidad planeada era de cuatrocientos ochenta nudos, acelerando hasta los quinientos cuarenta en la fase de ataque al objetivo. La altura de vuelo, trescientos pies sobre el suelo, y la ruta, una cualquiera sobrevolando alguno de los bellos paisajes de nuestra querida España.

Despegamos en formación, algo normal en nuestro entrenamiento para habituarnos al vuelo en formación cerrada con tu líder; para ejercitar las manos, y sobre todo, para que no dudaras en volar muy cerca de tu compañero el día que por necesidades inadvertidas y no deseadas te vieras en la obligación de hacerlo. La misión se estaba desarrollando como planeada: vuelo en formación táctica, reacciones a amenazas suelo-aire simuladas, ataque a los objetivos en los dos perfiles seleccionados durante el planeamiento, virajes en formación táctica a baja cota, evolución en formación “ofensiva”…El avión era muy perezoso en los virajes cerrados a cuatro g´s. Instintivamente la mano izquierda, que regulaba la potencia requerida del viejo guerrero, avanzaba casi al mismo tiempo que lo hacía la mano derecha cuando se inclinaba a derecha o izquierda para iniciar un viraje a cualquiera de los lados. La pérdida de energía en los virajes cerrados era importante, y sólo la gran potencia de sus motores evitaba la fatal pérdida de altura a tan poca distancia del suelo. La cabina del Phantom era lo suficientemente grande como para no sentirse incómodo a lo largo del vuelo, pero la pobre visibilidad de la cúpula no permitía observar con la claridad debida lo que pasaba alrededor del avión. En ocasiones tenías que retorcerte en el asiento para no perder de vista a tu líder, sobre todo en las fases de evasión después de los ataques. Y perder de vista a tu líder, y no saber encontrarlo en el cielo, era sinónimo de volar por detrás del avión y de la misión. Significaba ir a remolque de los acontecimientos.
Acabábamos de atacar nuestro segundo objetivo. Estaba virando fuerte izquierda para finalizar mi segundo viraje de noventa grados, después del cual, y si todo había transcurrido como planeado, debería adquirir visualmente a mi líder. Potencia militar y acelerando a los quinientos cuarenta nudos que nos permitía evolucionar agresivamente en caso de necesidad.
- TITAN two, visual, four o´clock, five miles
- TITAN one, visual
Mi mirada estaba clavada en el pequeño punto negro que sobre el obscuro y pardo terreno parecía ser mi líder. El ruido era molesto. El motor del F4 a potencia militar no permitía, la mayor de las veces, mantener una conversación legible con el Operador de Armas (WSO). Mi única preocupación en aquel preciso momento era no perder visual con mi líder, realizar la reunión hasta las dos millas de separación en el menor tiempo posible y reubicarme en el espacio para iniciar la navegación a baja cota. Mezclada tímidamente con el rugir desbocado de mi avión, logro entender una voz de alarma procedente de mi cabina trasera…
- LITTLE, LA MASTER…LITTLE, LA MASTER….LITTLEEEEE!!!!!!
Después de comprender y asimilar el significado del mensaje, observé con pavor que algo en el panel de avisos parecía llamar mi atención. Las luces de fallo del sistema hidráulico estaban encendidas. El sistema utilitario decía basta y los indicadores de presión del sistema confirmaban los avisos de atención de mi panel derecho: había perdido todo el sistema utilitario. La agujas estaban perfectamente clavadas en el cero. Instintivamente tiro de la palanca con suavidad, ganando altura de seguridad, al mismo tiempo que reduzco velocidad para mantenerme dentro de los límites que el manual del piloto aconsejaba en esas condiciones, trescientos cincuenta nudos como máximo. Intento aplicar los consejos de mis mayores. Aquellos que permiten en la mayoría de las ocasiones evitar un desastre irreversible. Controlar el avión, poner rumbo a casa y analizar la situación….
Continuará….
Little







BRAVO!! Hacía ya tiempo que esperaba algo así de su parte Little
no se si recordará aquel eMail que le mandé… Gracias!
Aaagghhhhh!… esto es injusto… totalmente injusto….¿como nos dejas asi?… sin saber el final….esto es como enseñarle un caramelo a un niño y quitarselo cuando va a hincar el diente, jejeje… no tardeis mucho en acabar de explicarlo…
Por cierto, magnifico avion el F4, si algun dia teneis tiempo intentar hablar mas de el…me imagino que hablar de las capacidades que tuvo aqui en el EA a estas alturas ya no sera confidencial… tipo de armas que tuvo…capacidades generales, disponibilidades, y como no del RF4 tambien… incluyendo su retiro, para mi prematuro, que por ahi se lee de todo, por ejemplo que a ultima hora ya era imposible de mantener por falta de recambios y de ahi su retirada aun dejando al EA un poco cojo en el tema Recce, y respetando la confidencialidad pues tambien opinar de paso y siguiendo el hilo del RF4 sobre el tema recce actual del EA… porque al principio se dijo que se perdio capacidad con respecto al 123 Esc… pero despues parece que vamos mejorando…
Saludos.
Fantástico post, muy buen blog.
¡¡Continúa, por Dios, continúa!! Interesantísimo el relato. Gracias por compartirlo.
Fantástico!!!!
Que ganas tenía de relatos de este estilo del phantom!!!
Gracias!!
Siento curiosidad para saber si realmente hubo perdida de hidraulicos, ya que podía haber sido una falsa alarma, y si la hubo agradecería si pudiera detallar como se las arregló para controlar el aeronave evitando phugoids y regresar a base desembocando, probablemente, en un toma veloz con barrera de frenado al no ser que lo que sucedió fue un bail out…
¿tanto era el ruido en el F-4 que no oías al WSO con el casco puesto? … Buen relato
Un saludo
Que bueno, he disfrutado como un enano, puff menudo susto, me imagino el tiempo de procesar el mensaje y ver los indicadores…. ya tengo ganas de la segunda parte.
Titanes Phorever!
Phantoms Phorever!