Estamos de suerte. Artículo más largo de lo normal, pero no he tenido los arrestos suficientes para cortar por lo sano; ¿por dónde corto?….Peazo de artículo de nuestra doctora Bea sobre la eyección en aviones de combate y sus consecuencias fisiológicas sobre el agraciado piloto eyectado. Está mal que yo lo diga, pero es un artículo de gran calidad que logra poner algo de luz en un asunto que suele tener menos glamour que la mayoría de los comentados hasta la fecha en el blog.

Hoy sí que pega eso de “nadie dijo que fuera fácil”…

Little

Leíamos hace ya varias semanas con gran interés el relato de una historia con final feliz. El relato de los protagonistas principales y “secundarios” de una eyección. Son muchas las preguntas que todos nos planteamos y nos gustaría hacer a aquellos que han sido testigos de una cosa así… como preguntabais en vuestros comentarios: qué se puede sentir, qué pasa por la cabeza en un momento así y qué se padece física o psicológicamente.

Por mi parte, os puedo dar una idea de lo que se padece…

Lo cierto es que, como prácticamente todo en aviación, y como ya os imaginaríais, el hecho de llegar a concluir en una eyección, no es algo que se improvise y llegado el caso, está sistematizado y “preparado” de antemano. Uno debe conocer el procedimiento y tenerlo perfectamente integrado en su estructura mental, si queréis llamarlo así. Debe conocer con exactitud la secuencia que se desencadena cuando se inicia la eyección, debe conocer los parámetros de su asiento, respetar los límites de la eyección, conocer la postura correcta en la eyección, los problemas que pueden surgir, conocer procedimientos paracaidistas, supervivencia en tierra (¡o en agua!), etc etc…. Vamos, ¡una delicia!.

Sin embargo, y a pesar de todo lo que viene después, seguramente lo más difícil (o no…) sea tomar la decisión de eyectarse. A veces estará “muy claro”, pero otras veces requerirá un gran esfuerzo de voluntad. Desde mi punto de vista debe ser la decisión resultado de conocer perfectamente tu avión y sus límites (¡hay que estudiar!), los tuyos propios (hay que ser “honesto con uno mismo”)… conocer el medio en el que te mueves… y por último, y extraordinariamente importante, tomar la decisión y ejecutarla. Ya. No hay marcha atrás. No voy a intentar otra cosa luego. Gran parte de las lesiones mortales y muy graves ocurren por demoras en el lanzamiento, por falta de decisión, o por decisiones fuera de los límites.

Lo que viene después de tomada la decisión tampoco es fácil, pero hay muchas personas que han estudiado durante muchos años cómo hacer que estos asientos sean cada vez más eficaces. Desde su incorporación a los aviones de caza, los asientos eyectables han salvado muchas vidas, estimándose que la media de supervivencia de los pilotos eyectados es superior al 80%, rozando casi siempre el 90%. A medida que los aviones de combate han ido haciéndose cada vez más sofisticados, los sistemas de escape han evolucionado, de manera que diferentes aviones tienen diferentes modelos de asiento, con sus “especificaciones”. Es interesante echar un vistazo a la web de Martin Baker para ver lo que os digo.

Los asientos más modernos consiguen que las lesiones sean menos graves y se puedan hacer en condiciones menos favorables (por ejemplo los cero-cero: zero altitude and zero airspeed), pero no han reducido el número de las mismas, por tanto, aún queda pasar un “pequeño” calvario… Y es que es evidente que las eyecciones no son totalmente inocuas, de hecho pueden dejar un importante número de lesiones de diferente gravedad. Y lo malo es que algunas de estas lesiones inhabilitan la operatividad del piloto durante mucho tiempo, y en algunas ocasiones incluso para siempre, o para volver a volar aeronaves con este sistema de escape.

Las lesiones más frecuentes durante las eyecciones afectan a la columna vertebral (mayor repercusión de la aceleración del lanzamiento) pudiendo afectar a cualquier tramo aunque la región sometida a mayor riesgo, no sólo durante la eyección en sí, sino durante la llegada al suelo, es la comprendida entre la 10ª dorsal o torácica y la 2ª lumbar. Las lesiones en este segmento son las fracturas anteriores en cuña y las fracturas por aplastamiento debido a la combinación de una fuerza compresiva axial y a un componente de flexión de la columna vertebral. También son frecuentes las fracturas de huesos largos, lesiones articulares y sobre todo erosiones y hematomas, cuando no politraumatismos, muchas veces mortales. Además se dan con relativa frecuencia lesiones oculares y otras, dependiendo del momento de la eyección y de otras circunstancias.

Muy básicamente, advierto, MUY básicamente, la secuencia normal de eyección se activa mediante una llamativa “palanca” que es prácticamente lo primero que reconoce cualquier profano que se asoma a una cabina de un avión dotado de este sistema de escape y que suele estar (no siempre) colocada entre las piernas. Eso desencadena una serie de acontecimientos que empiezan por la eyección de la cúpula y posteriormente del conjunto piloto-asiento (la patada en el trasero). Una vez fuera se despliega un primer paracaídas (drogue) que es una especie de estabilizador y freno del asiento. También sobre esto hay variaciones. Hay veces que el propio asiento despliega una especie de alerones para estabilizar el descenso. Llegará un momento (más o menos largo) en que el asiento se separará del piloto (en función de la altitud, según modelos entre 10.000 y 15.000 pies, generalizando) y quedará el piloto con su propio paracaídas (que sale de la zona del asiento en la cabeza y que recuerdo a alguien contarme que esperaba con ansiedad su despliegue automático, pensando alternativamente en emplear las uñas para sacarlo si no saliera solo…), de mayor tamaño y además queda el piloto unido a un kit de supervivencia del que hablaremos brevemente después.

Como curiosidad, la RAF ha desarrollado un sistema para la eyección precoz de las NVG cuando se inicia la secuencia de eyección. Con el fin de prevenir lesiones de columna cervical, que consideran letales, si se da la eyección con ellas puestas. Así que van con unos petardos en el casco. Ufff…

De modo que las lesiones pueden aparecer:

  1. En el momento mismo de la eyección, durante la salida de la cabina
  2. Durante la apertura del paracaídas y descenso
  3. En el aterrizaje, o acuatizaje
  4. Hasta el rescate

La gran patada: Lesiones en el momento de la eyección

Un elemento que puede originar lesiones en este momento es la propia cúpula, ya sea por fallos en la secuencia de ignición de la misma (hay asientos que estarían especialmente preparados para atravesarla) o por otros motivos, si bien no es habitual que esto sea problemático.

Al inicio de la salida las partes que con mayor facilidad sufren el choque con la corriente de aire son la cabeza y los miembros.

Cuando la velocidad del avión excede de 500 KIAS (925 Km/h) y si las piernas no son recogidas por el sistema adecuado, es frecuente la luxación de caderas y/o fractura de las piernas. Hoy día este tipo de lesiones se han reducido notablemente, pues la mayoría de los asientos lanzables están provistos de un sistema automático de recogida de piernas. Más difícil son las lesiones en las extremidades superiores, ya que la disposición de las mismas al accionar el sistema de escape, previene una malposición y posibles lesiones.

Respecto a la relación existente entre la velocidad del avión y la posibilidad de lesiones, como norma general está establecido que por debajo de 450 KIAS (830 Km/h) normalmente no se producen ningún tipo de lesiones; entre 450 y 600 KIAS (830-1100 Km/h) pueden producirse heridas en la piel, pequeños desgarros musculares, e incluso esguinces y luxaciones de grandes articulaciones; por encima de los 600 KIAS (1.100 Km/h), se pueden producir fracturas generalizadas (politraumatismo) e incluso la muerte.

En el momento de la salida del avión el conjunto asiento-piloto alcanza un alto número de Gs (12-14 Gz+ en los occidentales o hasta 20-22 Gz+ en los soviéticos de antes). Lógicamente después una fuerza importante tiende a frenar el conjunto y esta desaceleración se ejerce específicamente sobre el piloto. Ambas, aceleración y deceleración pueden ser responsables de lesiones. Sin olvidar los efectos del viento. Se considera muy peligroso todo lanzamiento que se efectúa con un viento en superficie superior a los 35 nudos (65 Km/h).

Las fuerzas de aceleración y deceleración producen fracturas vertebrales y la posición incorrecta del tripulante, así como el efecto del viento o la caída libre que se puede dar en eyecciones a grandes alturas puede ocasionar lesiones en los miembros superiores, luxaciones, fracturas, etc.

Las eyecciones a grandes altitudes conllevan además el riesgo de hipotermia, congelaciones y sobre todo hipoxia, sin embargo, el asiento (que aún no se habría desprendido en estos casos) proporcionaría oxígeno hasta llegar a la altitud de seguridad en que se abriría el paracaídas (apertura demorada por un sistema barométrico) y se desprendería el asiento.

Con el fin de evitar lesiones durante la primera fase de la eyección, se siguen una serie de normas, como recordar antes de cada vuelo los procedimientos de lanzamiento, la posición correcta que “asegure” que la columna está perfectamente alineada y los brazos y piernas bien pegados al cuerpo (Arneses, casco y mascara bien ajustados, cabeza firme en apoya cabezas, barbilla elevada levemente -jamás flexionar cuello-, espalda y glúteos presionados contra el asiento)… Y existen simuladores de asiento eyectable, para familiarizarse con la postura correcta fundamentalmente, aunque en España no disponemos de ninguno.

La adopción de la posición correcta en el momento de la eyección es la mejor forma de prevención de lesiones de la columna vertebral. Una vez adoptada, no debe alterarse si se ha iniciado la eyección…difícil, porque el concepto del tiempo está alterado por efecto de la adrenalina y cuando uno tira de la manilla parece que pasa una eternidad hasta que sale el asiento y tiende a volver a mirar abajo, por si acaso no lo hizo bien…Por cierto, que tampoco debe colocarse ningún tipo de almohadillado distinto del que incorpore el asiento, al objeto de evitar modificación de ángulos que serían origen de fracturas vertebrales.

No lo he mencionado, pero además es importante el empleo correcto del equipo personal de vuelo: Correcta vestimenta para eyecciones a gran altura (hipotermia), unos guantes puestos protegen del frío o de quemaduras, y unas botas de vuelo pueden prevenir lesiones igualmente.

Silencio… La apertura del paracaídas y el descenso

El despliegue de la campana del paracaídas puede originar lesiones como consecuencia de una mala fijación de los arneses, los cuales, al no estar firmemente ajustados, pueden producir erosiones e incluso heridas profundas. Por otra parte, durante el descenso no podemos olvidar los efectos de la hipoxia, cambios de presión y la acción del frío. El “tirón” del paracaídas puede incluso llegar a los 25 G, pero instantáneos…tolerables…

Por fin en tierra: Lesiones en el aterrizaje, o acuatizaje…

Cerca del 90% de todas las lesiones no mortales asociadas a la eyección, ocurren durante o inmediatamente tras el aterrizaje. Muchos atribuyen estas lesiones a la falta de familiarización de los pilotos con la técnica paracaidista. Se producen lesiones sobre todo en miembros inferiores, desde esguinces hasta fracturas diversas. Hay un video muy famoso de una eyección desde un Harrier en la orilla de una playa en la que el piloto resulta ileso hasta que cae al agua, con la mala suerte de golpearse el tobillo con un plano del propio Harrier que no ha terminado aún de hundirse… se hace un esguince…

Causa añadida de lesiones es el arrastre del piloto por tierra a merced de corrientes de aire que inflen el paracaídas, y lo arrastren si no ha conseguido desengancharse de él.

Está demostrado que el entrenamiento paracaidista periódico, en tierra y agua, garantiza un número muy inferior de lesiones en la caída.

Search and Rescue: ¿Quién y cuándo vienen a por mí?

El factor fundamental que determina las lesiones en esta fase, es el tiempo que trascurre desde el lanzamiento hasta la recogida por los equipos de rescate: se puede producir un agravamiento de las lesiones sufridas durante las fases anteriores. Otro tipo de lesiones son las que dependen de la zona de caída (agua o tierra), de la climatología (temperaturas extremas, frío o calor) y de la carencia de agua (deshidratación) y alimentos y, evidentemente, de la hostilidad del medio (Combat Search and Rescue…).

En un intento de paliar en la medida de lo posible los efectos de esta última fase, el piloto dispone de un kit de supervivencia (PSP: Personal Survival Pack), que guardaba celosamente nuestro héroe el asiento eyectable… y que no se lleva consigo, cuando se desprende del piloto, sino que queda con éste. Incluye un “botiquín de primeros auxilios” (muy pequeño y escasito, como os podéis imaginar, ya que en el espacio reducido del asiento tiene que caber la otra parte del kit: con balsa, agua, etc). Este botiquín varía su composición según los ejércitos, según las zonas que se sobrevuelan y según otros factores, pero básicamente incluye analgésicos, pastillas antimareo, material para curas, pastillas potabilizadoras… y alguna cosa más. Se echan de menos algunas cosas, incluso cosas aparentemente no urgentes, pero muy aliviadoras (cosas para quemaduras por congelación o por calor, por ejemplo)… y sé que son varios los países que tienen/tenemos intención de actualizar el contenido.

¿Y después?

Bien, la mayoría de las veces no se precisa más que un mínimo período de reposo, porque el porcentaje de ilesos es muy alto (aproximadamente el 50%). Se estima, desgraciadamente, una mortalidad de un 10%, de modo que queda un porcentaje relativamente importante de lesionados de mayor o menor gravedad.

¿Cómo atendemos médicamente a quien ha sufrido una eyección?

No basta un reconocimiento médico exhaustivo. Hay que hacer dos asunciones:

Primera: todo el que se eyecta tiene una lesión vertebral hasta que no se demuestre lo contrario. Por tanto se harán exploraciones dirigidas a las estructuras que más frecuentemente se lesionan

Segunda: prácticamente todo eyectado sufre una pérdida de conocimiento generalmente breve. En la mayoría de los casos se trata de una G-LOC (G induced loss of conciousness) provocada por la aceleración al ser “expulsado” de la aeronave, pero no se deben desechar otras posibles causas, como traumatismos craneoencefálicos, cuya importancia clínica está fuera de toda duda. Por tanto, se debe prestar especial atención a este hecho.

¿Cuándo se vuelve a volar?

Si no hay lesiones, lo antes posible, para evitar la aparición de miedos o desconfianzas.

Si hay lesiones traumatológicas, lo que tarden en curarse, dependiendo de su localización… Las problemáticas son las fracturas por compresión vertebrales: si eran estables, lo que tarde el hueso en cicatrizar (según los casos hasta 4 meses). Lo malo viene cuando la columna precisó fijación metálica para garantizar su estabilidad (las famosas placas y tornillos). En estos casos se desconocen los efectos que puedan tener nuevas aceleraciones verticales e incluso las vibraciones sobre esa columna. Y se asume que una nueva eyección afectaría con seguridad a las vertebras situadas por encima y por debajo de la/s operada/s… lo cual puede ser muy peligroso… y conlleva la pérdida de aptitud para el vuelo en aeronaves con asiento eyectable…

En fin… Con las personas con las que he podido hablar yo después de una eyección, lo que más llama siempre la atención, además de las múltiples anécdotas, es que poco importan las lesiones que hayan podido sufrir, lo único que importa es saber cuándo se va a volver a volar. Esta es una constante entre los aviadores, ya sea después de una eyección, de un accidente o de una enfermedad. Está claro que esta profesión es mucho más que eso. Es una forma de vida.

Y por último agradecer a mis compañeros del CIMA y al Dr. Horacio M. Hünicken, por la información que he sacado de algunos trabajos suyos. Y a Eduardo por contarme algunas anécdotas y ser quien me despertó la curiosidad que me hizo estudiar este tema con más profundidad.

Hasta otra.

Bea

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