“Eran las dos de la mañana en la Base Aeronaval de Oceana, cuando sonó el despertador. – Parece que todo va en marcha – pensó. Desde hace unos días se estaban acostando a las seis de la tarde ante la expectativa del madrugón: hay que despegar a las cuatro de la mañana para tener todo el día por delante y en caso de eyección, que no te pase la noche por encima antes de ser avistado. Pero los días anteriores alguien golpeba la puerta a las diez de la noche diciendo: – mañana no es el día, los avos no están preparados -.

 

Pero hoy empieza la actividad frenética: desayuna algo que compró el día anterior, y mientras se asea y se calza el traje de vuelo no deja de darle vueltas a lo que le dijo al jefe hace unos días: – no veo que estos bizcochos sean seguros -. Cuando llegaron después de pasar una semana en Azores por culpa de la meteorología en ruta (si es muy mala es difícil reabastecer), con intención de dejar unos aviones para  correcciones de célula y recoger otros, no pensaba que iba a ver tanta nieve (cerraron incluso las instalaciones aeroportuarias). En realidad era la segunda vez que la veía después de pasar por Navacerrada para una supervivencia en tiempo frío (es blanca y fresca).

 

Las pruebas de recepción de los aviones no estaban exentas de incidentes: pérdidas de combustible, códigos de error, continuas luces de aviso … De este modo se van rechazando aviones hasta que definitivamente quedan dos listos para emprender viaje a casa.

 

Recuerda muy bien lo que sintió cuando en la puesta en marcha, su punto le dice que el mecánico indica pérdida de aceite (no como la de Crispín Jander) y aborta el vuelo, con lo que va sólo en el cruce del Atlántico; bueno, sólo no, con los aviones nodriza.

 

Rueda el primero hacia cabecera esperando elegir correctamente la que le han asignado de las ocho que hay. Orbitará sobre la pista para esperar que despeguen los tanker. Todo está oscuro y no se hace la luz cuando la torre le dice que en breves momentos caerá lluvia “engelante”. Lo de lluvia lo entendió a la primera y lo segundo lo imaginó (en el Sur español estas cosas no ocurren), con lo que las prisas aumentaron si cabe un poco más. Después del despegue y en la oscuridad de la noche sólo lograba ver a los aviones nodriza recorriendo la pista. O lo que es lo mismo unos puntos de luz veloces. Hasta que no se reunió con ellos no se sintió aliviado. Después el paraíso.

 

Amanecer en la Comarca Lagunera por isc jorge garcía

http://www.flickr.com/photos/iscjorgegarcia

 

Estaba amaneciendo y el espectáculo al que asistió desde butaca de palco fue increíble: al principio sólo luz arriba, tinieblas abajo; el blanco y negro se rompe cuando despuntan haces de luz color oro, un arco solar, para terminar emergiendo del mar el disco solar, cegando la vista, haciendo pensar… (es el mejor espectáculo al que asistido, superando la Aurora Boreal que vislumbró cuando estuvo en Alaska años después).

 

Pero de vuelta a la realidad del momento, – es la hora de reabastecer -, casi hay que hacerlo continuamente para estar siempre llenos hasta el punto de no retorno pero al tercer enganche el combustible empezó a salir a caño por las derivas del “dumping”, es decir según entraba en el depósito, salía al éter. Pensó que a lo peor tenía que estar enganchado hasta llegar a Torrejón (más de siete horas), con dos tanker sopa había de sobra…”

 

Buena caza y a otra cosa

 

Negro

 

Share