La crisis pasa con los conocimientos de todos los que iban en las tres plataformas: – baja el gancho, saca el “breaker”, sube le gancho, …- para solventar un asunto de presiones.

Llega el punto de llenar o si no – “nos vamos a Jamaica “, y como no podía ser de otra manera es cuando se meten en la borrasca con el consiguiente movimiento errático de las mangueras. – “No te pongas nervioso, pero hace 5 minutos que tenías que estar lleno de sopa, porque si rompes ahora la percha, ya no llegas a ningún sitio”. Eyectarse en ese espacio físico supone intentar contactar con algún barco para que recoja al náufrago; – “ahora que lo piensa, no ha visto todavía ningún barco”. Pero aquello no paraba de moverse con violencia, con lo que decide pedir que el tanker que suba fuera de la altura que tiene por plan de vuelo. Podía ver las caras de todos los que con preocupación se asomaban por las ventanillas del puro del avión cisterna. No está permitido este cambio de altura, pero enciende el radar (que tampoco está permitido hacerlo para reabastecer), y “sanitiza” la zona por delante del tanker; – “en 40 NM no se ve nada, así que vamos deprisa”. Ascienden y salen de nubes, ahora o nunca: por fin. Cuando consigue enganchar, siente los latidos del corazón clavándosele en la columna vertebral, cada latido un picotazo, cada latido un pellizco que se va desvaneciendo.

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Al terminar vuelven a su nivel, es la hora de comer, – “pero antes pasamos por el baño eh?”. La maniobra de la micción no está exenta de dificultades. Aparte de tener que agenciarse una abertura en el traje anti-exposición, se tiene que desembarazar de los atalajes que en este avión “navalizado” son distintos que el resto, y que usan arneses que cubren casi en su totalidad la zona corporal a emplear. Cuando preparó el salto ya habían hablado del tema. Algunos los “picha corta” incluso se habían hecho con un trozo de manguera que conecta uretra con la bolsa que tiene una esponja en su interior. Las aguas mayores se han ido solventando con la alimentación de los días anteriores, con poca fibra y casi nada de fruta ni vegetales (la dieta “hamburguesera” de esas tierras viene muy bien).

Casi cinco horas desde el despegue y no hay novedad hasta que en una inspección interior (por no seguir pensando en las monas de Pascua), comprueba que el indicador de oxígeno marca sólo un litro, y que a partir de aquí no está recomendado chupar. Es otra de las ventajas de los aviones embarcados: el O2 va al 100% puro y a presión, será por si el bicho se cae al agua. Por eso cuando terminan los vuelos tienen la garganta como si les hubiese pasado la escobilla del WC. Pone un poco más de atención y ciertamente le está entrando modorra con lo que empiezan un descenso apresurado hasta los 10000 pies donde ya no hace falta O2, pero claro aquí hay más nubes y hielo.

-“Parece que aquello es tierra (Portugal)”, -“no, son nubes”, -“¿y aquello?”, -“aquello no es nada”, -“tendrían que ponerle una radio a este bicho, qué aburrimiento”. Por fin Portugal, -“¿dónde de estaremos?. –“Ah sí, en Monterreal, voy a hacer un “Update” de inercial”, -“¡leches, trece millas de error, casi ná!”.

Más vuelo, descenso, buen “weather” y después de siete horas y media largas, toma en la Base de la capital.

Al llegar al aparcamiento era tarde, el señalero le indica dónde dejar el avión haciendo la aspavientos de que corte rápidamente motor; está anocheciendo. –“¿Qué tal le ha ido?”, – “bien”. – “Déjelo como está porque esa pérdida de fuel me parece que es del 4º depósito con lo que no volará hasta dentro de cuatro meses”. – “¿Hay alguien que me pueda llevar al cercanías para coger el AVE? (mientras tanto se empieza a quitar el traje que no olía a rosas precisamente). –“El saliente de servicio tiene allí su coche”.- Bien , gracias, es que mañana tengo que entrar de alarma en mi Base”. – “Adiós, y buena suerte”.

Buena caza y a otra cosa.

Negro

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