En la Escuela de Caza y Ataque existe desde hace muchos años una tradición que se importó de los yankis, y es el Vuelo Dólar. Se hace al comienzo del curso, justo cuando los alumnos han terminado su fase de instrucción teórica en el F-5 y van a empezar a volar. Es el primer vuelo del curso y será la primera vez que el alumno vuele supersónico.

Se trata de un vuelo de “relax” en el cual el alumno va en cabina trasera y se limita a disfrutar (cuando no está vomitando) de una demostración, por parte del instructor, de las capacidades del F-5. La misión comienza con un ascenso con postquemador hasta 40.000 pies para el vuelo supersónico.

Fue en uno de estos vuelos donde tuve una experiencia de esas que no se olvidan.

Durante el ascenso con postquemador se mantienen 450 nudos de velocidad indicada hasta que se alcanza 0.9 IMN (número de mach). A partir de ese momento hay que mantener escrupulosamente ese 0.9 IMN hasta alcanzar los 40.000 pies. Una vez nivelado se deja el postquemador metido para que el avión vaya acelerando poco a poco y se pasa a supersónico para desencanto del alumno, ya que éste espera que sea una sensación inolvidable y la triste realidad es que no se nota absolutamente nada. Ver entrada “La barrera del sonido: Sonic Boom” de Jesse al respecto.

¿Por qué lo del 0.9 IMN durante el ascenso? Pues porque los motores del F-5 (J85-GE-13) son muy delicados. Las pérdidas de compresor están a la orden del día y las paradas de motor son relativamente normales. Eso sí, el F-5 tiene la misma facilidad para que se le paren los motores como para reencenderlos. Casi nunca falla el reencendido.

La densidad del aire va disminuyendo conforme aumenta la altitud, aproximadamente un 3.0% por cada 1.000 pies, aunque la reducción no es lineal, creo recordar que a 18.000 la densidad es la mitad que a nivel del mar, y a 27.000 es la tercera parte. Así, a 40.000 pies, el aire tiene mucha menor densidad que a nivel del mar y es importante mantener una velocidad mínima para que los motores puedan “respirar” el aire que necesitan para funcionar. Con sólo que te despistases un momento y subieses el morro 1º más de la cuenta, la velocidad empezaba a caer por debajo de 0.9 y entrabas en la zona de riesgo de parada de motor.

Pues bien, allí estábamos mi alumno y yo en el vuelo dólar. Ascendíamos a 0.9 de Mach. 20.000 pies, 25.000 pies, 30.000 pies…y el alumno feliz en cabina trasera. “Joder, mi Capitán, como sube esto. ¡Menudo Cañón comparado con el C-101!”

Cuando mis alumnos cometían un error grave yo siempre les decía “No te preocupes, esto le puede pasar a cualquiera. Pero que no te pase a ti”. Ese día me pasó a mí.

Estábamos ya cerca de 40.000 pies. Yo iba probablemente distraído contándole chascarrillos al alumno. Cuando mi comprobación cruzada pasa por el anemómetro observo con horror que indica 0.87 IMN. Sin tiempo para reaccionar lo siguiente que escucho es el clásico “bang” que acompaña a las pérdidas de compresor. Rápidamente miro los instrumentos de motor para determinar qué motor es el que ha entrado en pérdida y… ¡Me cago en la …!¡Los dos!. RPM bajando y EGT subiendo. Genial. Gases Idle y a ver si recupera. Pero no. Las RPM siguen bajando. Se me están parando los dos motores.

Cuando el motor va decelerando el aire de sangrado de los motores deja de funcionar y pierdo la presurización de cabina de manera instantánea. Pasamos de 16.000 pies de altitud de cabina a 40.000 pies en un segundo. El aire se expande instantáneamente. Todo el aire que de repente sobra en nuestro cuerpo quiere salir. Y lo hace por donde puede. No penséis mal. Involuntariamente empiezas a expulsar aire por la boca. Es una sensación extraña. En la cabina se forma instantáneamente una neblina que tal como viene se va. Vaya hombre, igualito que en la cámara hipobárica del CIMA (Centro de Instrucción de Medicina Aeroespacial). Pero esta vez es de verdad. Rápidamente me pongo el Oxigeno al 100%.

El alumno con voz alarmada “¿Qué pasa mi Capitán?”. “No te preocupes, se nos han parado los motores, ponte el Oxigeno al 100%”.

Lo primero, que no caiga la velocidad. Tengo que asegurarme un mínimo de velocidad para que el giro en molinete de los motores me proporcione energía hidráulica y eléctrica. Si no, esto no vuela. Bajo el morro y establezco 300 nudos de indicada.

Ahora a reencender los motores. No pasa nada. Los motores siempre reencienden. Un pequeño problema. La envolvente de arranque es por debajo de 25.000 pies. Tenemos que descender 15.000 pies planeando en un F-5 con los motores parados. ¡Qué bien! ¡Llevo un planeador de 10 toneladas!

El silencio nos rodea. Es curioso ir volando sin ruido ambiental. Solo se oye nuestra respiración y el aire que pasa alrededor del avión.

El alumno con voz temblorosa “¿Mi Capitán, esto es normal?”. “Hombre, normal normal no es, pero no te preocupes que esto siempre reenciende”. Yo por dentro pensando “Espero que reenciendan. ¿Y si no arrancan? Menuda cagada. Tener que eyectarse de un avión en perfecto estado”

En ese momento me llama por la radio mi amigo Nacho. Estaba en el sector de al lado y había quedado con él para hacer un combate visual y que los alumnos se divirtieran un poco. “Oye Bob, ¿Estás por ahí?¿Estás listo?”. “Standby Nacho, estoy bajando a través de 30.000 pies con los dos motores parados. No preguntes, luego te cuento”. Nacho: “¡No Jodas! Bueno pues, ¡mucha suerte! Aquí estoy para lo que necesites”.

Alcanzamos 25.000 pies. ¡Por fin!. Vamos allá. Botón de ignición. Cuento mentalmente “Cero cero uno, cero cero dos”. Gases Idle. Inmediatamente las RPM y la EGT empiezan a responder. ¡Bien!. Sabía que no me ibais a fallar. Ya tenemos uno en marcha. Ahora el otro. Mismo procedimiento y ¡como un cañón!. Vuelvo a ser un avión motorizado. Compruebo parámetros. Todo bien. “Nacho, todo OK. ¿Listo para empezar el combate?”.

Al día siguiente salgo en el Briefing matinal para contar a todos mi experiencia y que no le pase esto a otro. Como decía aquel poster de Seguridad de Vuelo: Aprende de los errores de los demás, no vivirás lo suficiente para cometerlos tú todos.

Aquel día el error lo cometí yo. Y aprendí de él.

Un saludo. Bob.

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