Recientemente ha vuelto al mundo del vuelo activo; ya no tiene que rendir pleitesía ante los expertos de la calvicie aeronáutica. Aunque pidió el destino con anterioridad varias veces, no se lo dieron porque no le tocaba, porque había más viejos que él, porque había cambiado el criterio de elección, porque había hecho un curso que lo iniciaba en mundos de gestión, porque ya era viejo. Pero en contra del dicho profesional que reza: “tren al que no te subes no vuelve a pasar”, esta vez el tren ha pasado y como no había nadie más en el andén, ha subido al mismo.

 

Es un buen sitio el escuadrón de ensayos en vuelo. Allí se generan otro tipo de vuelos, más metódicos, menos expresivos. El piloto se sube a la cabina con un formulario de varios folios para completar una serie de hitos: – “si pulso aquí sale aquello en pantalla, si pongo este “setting” aparece lo especificado”; o asuntos un poco más serios: -“si lanzo este armamento sale sin problemas, no me da a mi mismo ni me quema, y además da en blanco”.

 

El piloto de ensayos en vuelo tiene tras de sí un bagaje de piloto muy experimentado de combate, que un poco hastiado por la monotonía de hacer lo mismo todos los días o simplemente por cambiar, decide embarcarse en algo nuevo y emprende una aventura de la cual es difícil de salir. Al menos un año de estudios por ahí fuera (¡hay que tener ganas!), y el aprendizaje del vuelo en poco tiempo de varios aviones a la vez de todas las características (cazas, transportes…), hace que vuelva a recobrar aquello por lo que desde un principio estaba en este negocio: la tensión del momento aéreo, el interés por lo nuevo, el arrojo ante lo desconocido; en definitiva, la acometividad ante nuevos retos.

 

Hoy uno de estos pilotos le ha invitado a participar de un ensayo en un biplaza. Le ha dado una función en cabina: volar la máquina mientras él se dedica a otros mirar aquí y tocar allá. De otra forma cree que no hubiera aceptado, los paseos sin tener que hacer son cosas del pasado cercano o para los afamados bautismos del aire, no para un individuo que aún se cree piloto de combate (supone que no por mucho tiempo).

 

F-18B-21-MC CE.15-10/12-73 c/n 523/B090 Ala 12 por laullon.

http://www.flickr.com/photos/laullon/1556409732/

 

En tierra, ya atados al trasto, pasan los minutos de tediosas comprobaciones, no por lo novedosas sino por lo largo de las mismas. Al salir al aire, nada más subir el tren de aterrizaje, aparecen los folios y comienza el baile de chequeos y pruebas; hay que aprovechar el tiempo al máximo pues en cada vuelo no se hace una sola prueba para un programa en concreto, sino que se llevan varios programas a la vez con “tests” que se cruzan  entre sí. Radar, opciones de “software”, alertadores … se comprueban en sus nuevas versiones de uso, hasta los modos de emergencia del avión (fallos de computadores) que hoy ha decidido el avión que no revierte a modo normal, con lo que la emergencia está servida.

 

Este es el punto en el que se atisba la madurez del piloto de ensayos, en definitiva es un piloto que vuela aspectos nuevos de los aviones dentro de unos márgenes y hasta ese punto, lo nuevo no siempre es bueno; con ello, lo que para un piloto de escuadrón es emergencia porque nunca ocurre esa situación, para él es: ¡otra vez esto!.

 

Llaman al avión que está siempre en las inmediaciones ex profeso para estos casos y se dirigen a la base. Él desde la cabina de atrás está tranquilo, no sabe si por desconocimiento, si por exceso de confianza en el piloto de ensayos o porque ahora que no funcionan los computadores de a bordo, el bizcocho sólo tiene los instrumentos de emergencia que a la postre son los del culopollo en su estado normal. Tomaron como si nada.

 

Buena caza y a otra cosa

 

Negro

 

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