Desde que se enteró que un compañero de otro escuadrón había perdido un ojo, y la mano la tenía hecha puré a causa de la colisión contra un pájaro, se tomó mucho más en serio lo de compartir el espacio aéreo con animales salvajes.

 

 Volaba en cabina trasera de un caza cuando de repente la cúpula estalló en pedazos y una bola de plumas y sangre, atravesó la mampara que separa ambas cabinas para dividirse en dos trozos que impactan: sobre la visera del casco, rompiéndola, vaciándole un ojo y machacándole la mano izquierda, la que tenía apoyada en la palanca de gases. El espectáculo tuvo que ser dantesco, sobre todo para el tripulante de la cabina de delante, que sintió el roce de la guadaña de la parca.

 

Vivimos en un país de migración de aves y estas colapsan en determinadas épocas del año el espacio. Los milanos son una de estas aves. Con su cola horquillada se pasean en bandadas o en solitario por los cielos andaluces. “El chiquillo” se trajo uno incrustado en el plano del avión, rompiendo cuadernas y desencastrando un alerón (parece que estos aviones  no necesitan los dos).

 

 

http://www.news.com.au/common/imagedata/0,,5996508,00.jpg

Por supuesto que el daño que se produce en las aeronaves tiene que ver con la velocidad del avión y el peso (masa) del pájaro en cuestión, es decir con la cantidad de movimiento. Pero de igual manera que existen pilotos con reflejos afilados y otros a los que la horchata de chufa (Che) fluye por sus venas, en las aves parece que ocurre lo mismo. Entre los avezados al combate está el buitre, que si avista un avión “rompe” enérgicamente hacia un lado en caso de colisión, o desafía el vuelo del mismo manteniendo su trayectoria consciente de que hay sitio para los dos, y cuando el impacto es inminente, se agrupa formando una bola de cañón del siglo XXVIII. Por otra parte están las cigüeñas, cándidas donde las haya, sin prisa, sin conocimiento de la muerte que les acecha; y no sólo no se apartan, sino que equivocadamente viran al lado por el que viene el avión…Por último las aves pequeñas que vuelan en tropel y que sin ser avistadas, se golpean contra el fuselaje; o lo que es peor, se meten en el motor que o bien se deshace por dentro, pudiendo provocar un incendio en el mismo ante el amasijo de metales deformados, o bien cocina y no precisamente a fuego lento, lo que entró. Lo cierto es que cuando esto pasa, siempre huele a chamusquina (barbacoa) dentro de la cabina…

Buena caza y cuidado con las girafas también.

Negro

Giraffe Strike por andrewsayer

http://www.flickr.com/photos/kensingtonvictoria/2067100752/

Share