El mundo de la aviación desde los primeros tiempos; incluso antes, desde cuando los globos se elevaban del suelo, daban una perspectiva de la superficie de la Tierra desconocida hasta entonces por el ser humano. Las aplicaciones de esta nueva perspectiva han sido desde siempre múltiples y no sólo militares (corregir disparos de artillería de campaña, ver que está haciendo el enemigo, atacar desde arriba donde los parapetos ya no sirven…). Dentro del aplicaciones civiles entre otras, se efectúan reconocimientos del terreno desde el punto de vista geológico, rastreos para detectar restos de construcciones pretéritas ocultas o desgastadas por el paso del tiempo, también para contar…¿pájaros?.

Sólo podían hacer media hora de vuelo que incluía 4 tomas y despegues. El Jefe decía que era el único avión para enlace en la Unidad y que si se hacían muy rápido las horas, la máquina entraría en la revisión correspondiente con más asiduidad de la normal, y que se perdería mucho tiempo de uso (es decir, había que entrenar “on the run”). Pero los Ministerios tenían colaboraciones y en este caso en apoyo del Coto de Doñana para el censo de aves. – “Vete a Jérez, coge a unos biólogos, ya te dirán qué tienes qué hacer”. Los biólogos del Coto le explicaron que tenían que completar un censo de aves, y que el vuelo consistiría en volar bajo, levantar las aves y desde arriba, contarlas. –“no me creo nada”. Habían hecho cosas raras: lanzar flores en romerías locales, … Tal vez lo más raro fue la de llevar a un equipo de cámaras japoneses a rodar un reportaje sobre las costas andaluzas, en una jornada en la que por no poder verse el plano, tuvo que volar con palanca al lado y pie metido a fondo para mantener la dirección durante dos horas.

Flamingo por Wild Dogger (aka Thomas Retterath)

http://www.flickr.com/search/?q=+flamingos&s=int

Sobre el Coto, le venían a la mente imágenes de los capítulos del “Hombre y La Tierra” donde los animales (gamos que al parecer alguien metió allí para poder cazarlos) corrían al paso del avión; muy bonito. Pero llegaron las lagunas y el pequeño detalle a comentar fue que las aves eran…flamencos (no deja de ser curioso que puede que sea uno de los pocos ornitólogos especializado en flamencos que haya en España, después de las horas de conversación a bordo con el biólogo: los flamencos comen esto, los flamencos se aparean de aquella manera…). -“Estamos cerca, entramos, están empezando a levantar el vuelo, rodeo la masa rosa”. En ese momento, sólo uno de los biólogos ya que el otro estaba con la cabeza metida en una bolsa vomitando (es costumbre en estos vuelos, que al menos un biólogo si no son los dos, inspeccione visualmente lo que ha ingerido horas antes, y digo visualmente porque desde el punto de vista del olfato, lo hacían todos los componentes del equipo),  se acercaba una grabadora a la boca y decía: “doscientos”. Él no dudaba de la rapidez del biólogo en contar pájaros pero aquello le parecía demasiado. Esta vez, “trescientos cincuenta” y así.

Sin querer meterse demasiado en la cuestión, le preguntó acerca de si el procedimiento empleado era riguroso; “hombre, más o menos 2500 en esta parte que hemos sobrevolado”.

Buena caza y ¿qué has hecho raro aeronáuticamente hablando?; no valen cosas guarras.

Negro

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