El mundo de la aviación desde los primeros tiempos; incluso antes, desde cuando los globos se elevaban del suelo, daban una perspectiva de la superficie de la Tierra desconocida hasta entonces por el ser humano. Las aplicaciones de esta nueva perspectiva han sido desde siempre múltiples y no sólo militares (corregir disparos de artillería de campaña, ver que está haciendo el enemigo, atacar desde arriba donde los parapetos ya no sirven…). Dentro del aplicaciones civiles entre otras, se efectúan reconocimientos del terreno desde el punto de vista geológico, rastreos para detectar restos de construcciones pretéritas ocultas o desgastadas por el paso del tiempo, también para contar…¿pájaros?.
Sólo podían hacer media hora de vuelo que incluía 4 tomas y despegues. El Jefe decía que era el único avión para enlace en la Unidad y que si se hacían muy rápido las horas, la máquina entraría en la revisión correspondiente con más asiduidad de la normal, y que se perdería mucho tiempo de uso (es decir, había que entrenar “on the run”). Pero los Ministerios tenían colaboraciones y en este caso en apoyo del Coto de Doñana para el censo de aves. – “Vete a Jérez, coge a unos biólogos, ya te dirán qué tienes qué hacer”. Los biólogos del Coto le explicaron que tenían que completar un censo de aves, y que el vuelo consistiría en volar bajo, levantar las aves y desde arriba, contarlas. –“no me creo nada”. Habían hecho cosas raras: lanzar flores en romerías locales, … Tal vez lo más raro fue la de llevar a un equipo de cámaras japoneses a rodar un reportaje sobre las costas andaluzas, en una jornada en la que por no poder verse el plano, tuvo que volar con palanca al lado y pie metido a fondo para mantener la dirección durante dos horas.
http://www.flickr.com/search/?q=+flamingos&s=int
Sobre el Coto, le venían a la mente imágenes de los capítulos del “Hombre y La Tierra” donde los animales (gamos que al parecer alguien metió allí para poder cazarlos) corrían al paso del avión; muy bonito. Pero llegaron las lagunas y el pequeño detalle a comentar fue que las aves eran…flamencos (no deja de ser curioso que puede que sea uno de los pocos ornitólogos especializado en flamencos que haya en España, después de las horas de conversación a bordo con el biólogo: los flamencos comen esto, los flamencos se aparean de aquella manera…). -“Estamos cerca, entramos, están empezando a levantar el vuelo, rodeo la masa rosa”. En ese momento, sólo uno de los biólogos ya que el otro estaba con la cabeza metida en una bolsa vomitando (es costumbre en estos vuelos, que al menos un biólogo si no son los dos, inspeccione visualmente lo que ha ingerido horas antes, y digo visualmente porque desde el punto de vista del olfato, lo hacían todos los componentes del equipo), se acercaba una grabadora a la boca y decía: “doscientos”. Él no dudaba de la rapidez del biólogo en contar pájaros pero aquello le parecía demasiado. Esta vez, “trescientos cincuenta” y así.
Sin querer meterse demasiado en la cuestión, le preguntó acerca de si el procedimiento empleado era riguroso; “hombre, más o menos 2500 en esta parte que hemos sobrevolado”.
Buena caza y ¿qué has hecho raro aeronáuticamente hablando?; no valen cosas guarras.
Negro







Muy bueno Negro!!! Estos biólogos tienen mejor vista que vosotros, que ya es decir.
Tus aventuras con la “cabra” son para escribir otro libro.
Hablando de cosas raras en estas fechas…yo una vez traje a los Reyes Magos. Era un acto organizado conjuntamente por el ayuntamiento y el aeropuerto con la colaboración del aeroclub. Quedabas un poco antes de la hora del acto, metían a los Reyes en una furgoneta hasta la cabecera de la pista y allí les esperábamos con dos avionetas, una para los Reyes y otra para los pajes. Despegábamos, les dábamos un pequeño paseo, unos circuitos… y a la hora prevista aterrizábamos y rodábamos hasta paltaforma donde había cientos de niños esperando a ver bajar a sus majestades.
Bueno…esto fue al principio…luego resultó que algún rey y algún paje se mareó al volar, lo normal, acostumbrados como están a desplazarse únicamente en camello,..y claro, después de que más de uno se apeara más blanco de lo normal y con las barbas no oliendo precisamente a rosas y menos para dar besos a los niños…pues suspendimos la parte aérea del acto y nos limitamos a ir a buscarlos a cabecera y llevarlos a la plataforma.
En fin, yo desde entonces estoy un poco mosqueado con ellos; siempre encabezo mi carta pidiendo una avioneta y hasta ahora, ná de ná. Para mí que son un poco rencorosos estos reyes. Me han prometido que a los 40 la tendré para ayudarme a superar la crisis…de edad (¿qué es eso?). No sé, esperaré un poco más y si no lo intentaré con Papá Noel. Éste al menos ya tiene experiencia con los renos y no creo que pote…
Felices Fiestas a todos, especialmente a ManodeHielo, que es al que más leo…
¡Ah, bueno, si no valen cosas “guarras”!
No sé a que podemos ponerle el calificativo de “guarro” con tanto vómito en los últimos comentarios.
En fin, que yo estaba dispuesto a contar la historia de cómo inventé el “eróticoaterrizaje”… pero si se considera “guarro”, me privo
Negro, lo de los flamencos y contarlos me parece que se lleva la palma, esto ya la seguridad del ornitólogo: “doscientos”…
Yo tampoco he volado tanto como para haber hecho cosas raras, pero asín, que me acuerde:
- Participar en una operación de tirar las cenizas de un difunto desde un avión: aquello no salió muy bien y parte de él se quedó en el avión y en el mono de los que participaron. Hasta que el avión terminó sus días hecho una croqueta por una mala toma, el difunto acumuló unas cuantas horas de loopings, toneles, caídas de ala y barrenas. La mayor parte de las veces sale mal, las cenizas- que dicho sea de paso, no son como las de un pitillo – terminan dentro de la cabina, etc y normalmente el difunto en una bolsa de aspirador. Sólo he visto que saliese bien una vez.
- Tirar flores a una Virgen sumergida en el mar que hay cerca de Bilbao y estar a punto de arrimarme una hostia en el proceso y de terminar el avión y yo acompañando a la Virgen en el fondo del mar.
- A un colega le pidieron con insistencia que lanzase caramelos en las fiestas de un pueblo- aunque él dijo que aquello no le parecía una buena idea porque iba a ser una carnicería de caramelazos. La primera pasada provocó algunos chichones, en la segunda se le cayó la bolsa y cayó en un sembrado – menos mal – Parece ser que aquello fue como un bombardeo con una bomba de racimo..
- Tres horas dando vueltas buscando a un halcón de aeropuerto que había decidido que estaba hasta los güebos de tanto Iberia, gaviotos y pajarillos. Se piró con una halcona y hasta hoy (creo). Cada pájaro me dijeron que cuesta una pasta.
Algo guarro?? Esa es una asignatura pendiente- pero no pierdo la esperanza.
Un saludo a todos.
Javi A.
Bueno,…voy a romper el hielo contando una guarrada en toda regla.
Porque efectivamente,…guarro era el cabronazo que se quitó los zapatos en el asiento que había delante de mí en un maravilloso vuelo de 10 horas a través del Atlántico. Chicos,..ni gas mostaza ni agente naranja ni “na de na”,…aquello sí que fué una guerra química de libro.
Menos mal que el cansancio hizo mella y caí redondo. Aunque ahora dudo,..¿era cansancio o era el efecto de las armas químicas en mi maltrecho sistema nervioso?
Saludos y Feliz Navidad a todos!
Saludos a todos,
Pues yo, y no es coña, consolar en pleno vuelo a una azafata de Iberia que se había puesto a llorar de miedo (ella y el resto del pasaje) tras un despegue de Bilbao de los de… ¡¡¡nos matamos, Dios te salve María…!!!.
Se ve que la pobre no llevaba muchas horas y le había afectado.
He de reconocer que a mi me temblaban las canillas, y también que desde ese día volar dejó de ser siempre un placer para serlo sólo a veces.
Reconozco que a mi edad ya no me gusta ir de paquete.
Saludos,
Rocket
Vindio ¿que soy el que más lees? ¿¡¡!!?
Joder Negro, ¡Lo que ha de hacer un piloto de caza!
Saludos
Muy bueno, Negro. En mi primer vuelo de acomodación en la AGA con el cmte. “comitas” en una bonanza también nos llevó a ver los flamencos en unas lagunas cerca de Torrevieja. Después de pegar varias pasadas nos preguntó:
- ¿habéis visto los flamencos?
- ¡Si, mi comandante !
- Pues ahora vamos a ver a las flamencas
Y continuamos nuestro vuelo por las playas repletas de extranjeras en topless.
Un abrazo.
Gracias a Dios no he tenido “sustos” tanto solo o con mi familia, de las cosas mas graciosas que me han pasado recuerdo el primer vuelo con mi hijo (seis meses), veníamos de Sevilla donde mi esposa dió una cursillo y pillamos bastantes baches, la gente estaba algo preocupada pero mi peque y yo nos moríamos de risa para sorpresa del personal. La segunda, también con el peque (ya con un añito) no fue tan alegre ya que en una exhibición aérea cerca de casa y tras pasar los aviones “normales”, le tocó el turno aun f-18 de Zaragoza y tras la primera pasada que fué im-pre-sio-nan-te el niño se metió en las faldas de su madre y no volvió a salir, mecachis con el guacho de las narices…, la tercera ya la he comentado anteriormente, tras pedir y dejar por imposible el visitar una cabina van los peques y al subir por la escalerilla saludan al comandante y éste ni corto ni perezoso los invita a la cabina… y yo venga a morderme las uñas, los codos…, en fín, cosas de niños ( o no tan niños).
Saludos.