Ya había pasado lo peor. La fase de Transición (TR) del Curso Elemental de Vuelo de la Academia General del Aire había concluido, con éxito. La verdad es que su proto, piloto de P-3 Orion, consiguió que disfrutara de todos y cada uno de los vuelos.  Supo mantener un buen equilibrio entre exigencia y relajación.

Ahora estaban en la fase de Formaciones. Un ligero baño sobre el delicado arte de volar cerca de otros aviones que tanto caracteriza a los militares.

Con el paso del tiempo lo que se practicaba en aquellas clases parece sencillo. Entonces no lo era. Para aquellos pilotillos que se esforzaban por salir del cascarón, todo ocurría por “primera vez”. El primer vuelo, el primer looping, el primer ocho, el primer vuelo solo y, por supuesto, la primera vez que volaban en formación. En la fase de formaciones se exigía precisión milimétrica para mantener la posición. Para lograrlo era necesario ser muy “fino” y corregir continuamente la potencia, el alabeo, la profundidad…

La pareja de E-26 Tamiz (también conocida como Pillán), se encontraba en el sector realizando la secuencia establecida en el briefing.  En el otro avión no iba ningún alumno, solamente un experimentado profesor de vuelo que tenía que cumplir con su Plan de Adiestramiento.

 

De repente y sin previo aviso, el alumno,  que se encontraba muy concentrado en mantener sus referencias, vio algo con el rabillo del ojo. Miró al frente y se quedó estupefacto. Allí delante, a una milla de distancia… ¡Un F-18 subiendo a la vertical!

El alumno con voz muy excitada:

 ¡Mi Capitán, Mi Capitán, mire, mire, un F-18! ¡Joder, no me lo puedo creer! ¿Qué hace aquí?

El proto:

¡Mío, mío el avión!

¡Suyo!

Mientras tanto el F-18 había nivelado a su altitud. Se quedó a sus 11 e inició un suave viraje a la derecha. Los protos entendieron inmediatamente las intenciones del F-18

¡Quiere que nos reunamos con él!

Las palancas de potencia y paso de la hélice de la Pillán avanzaron hasta el tope. El motor Lycoming rugía a todo lo que daba.

La otra Pillán, a pesar de ser pilotada por unas manos expertas, se quedó tirada fuera del viraje del F-18 y toda posibilidad de reunirse con él se esfumó.

El alumno casi podía escuchar el latir de su propio corazón, que quería salirse por la garganta.

Mi Capitán, ¿va a poder reunirse con él?

No sé, No sé, creo que sí. Si mantiene el viraje sí.

En la cabina delantera, el alférez agachaba la cabeza. No quería estorbar la visión de su proto. Seguía sin poder creer lo que estaba pasando.

Después de unos segundos que parecieron minutos, la silueta del F-18 fue creciendo poco a poco en el parabrisas hasta que, por fin, la Pillán logró ponerse en formación cerrada con el “Morlaco”.

Era un biplaza del Ala 15. Todas las superficies hipersustentadoras estaban extendidas al máximo, flaps y alerones. El piloto se esforzaba por mantener la menor velocidad posible. El FCS hacía su trabajo, manteniendo la plataforma increíblemente estable, a pesar de la baja velocidad. Para ello, los estabilizadores horizontales trabajaban sin descanso, haciendo continuas correcciones.

La Pillán, sin embargo, parecía que iba a desintegrarse. Una actitud ligeramente descendente le ayudaba a mantener casi 200 Kts.

¿Qué? ¿Qué te parece?

No tengo palabras Mi Capitán. ¡Esto es simplemente ACOJONANTE!

Los pilotos del Hornet y de la Pillán intercambiaron saludos.

Al cabo de unos segundos que al alumno supieron a muy poco, el piloto de la cabina trasera saludó militarmente e inmediatamente el estruendo de los dos F404-GE-400 se pudo escuchar dentro de la Pillán. El pecho del alumno vibró, las toberas se cerraron y el F-18 inició una brutal trepada para alejarse con destino desconocido.

El resto del vuelo transcurrió sin mayor novedad para las E-26. Regresaron a San Javier para una toma en formación que, como premio final, dejaron efectuar al alumno.

Después del preceptivo debriefing, el alférez se dirigió con paso acelerado al comedor. Allí estaban ya sentados el resto de alumnos de la Academia.

Mientras aguardaba en posición de firmes, a la entrada del comedor, a que el Profesor de Servicio le autorizase a pasar, sus compañeros de promoción le miraban extrañados…

Mira. Ahí está Bob. ¿Qué le pasa? Menuda sonrisa de idiota que lleva…Bueno, ahora nos contará.

Todavía hoy algunos no le creen.

Bob. 

 

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