No era el más antiguo, no era el más moderno, debieron pensar que era el más tonto cuando lo apuntaron para un ejercicio de evasión en Bélgica. Y allí fue él con un compañero de fatigas donde aprendió lo duro que resulta el entrenamiento en tierra del piloto de caza.

Los dejó un helicóptero en medio de una explanada en el viejo continente. Sólo cinco días para llegar a la zona segura. ¿Dónde están?, no lo saben y tardaron 24 horas en saberlo. –“Aquella torre de TV debe de aparecer por alguna de estas cartas”. Era ya de noche, habían corrido como posesos para abandonar la zona de caída; los están buscando con perros, por el momento sólo saben dónde está el Norte. En la oscuridad de una arboleda repasan lo que han cogido del kit de supervivencia: -“sólo se puede utilizar lo que tenga cada uno en su kit”, dijo un instructor. ¡Fallo de preparación!, nunca le dio mucha importancia al kit (trasnochada época de paz) y además con estas prisas…

Lo primero que saca es un líquido espanta-tiburones (empieza bien), luego un desalinizador de agua (la cosa marcha), ¿un sobre de café descafeinado? (será para no ponerse nervioso ante la adversidad), otro de azúcar (para el café), una bolsa plastificada para líquidos, un hornillo con dos pastillas de quemar, una barra de comida deshidratada de 1000 calorías, dos bolsitas de agua con sabor a plástico, una bolsa exotérmica (se calienta si le echa agua), y…el culo de una botella de plástico con tres, sí tres, ¡qué derroche!, tres cerillas. Ese kit era del barco de los Hermanos Marx, seguro.

A lo lejos se ve una torre de TV, tiene una luz roja en la cúspide. Se levantarán a las cinco y andarán en dirección Este. Primer fallo: en esas latitudes se hace de día a las  seis, con lo que anduvieron sólo 1 hora. Deciden empezar a andar cuando caiga la noche a partir de ahora.

Segunda noche: la dirección es buena. No transitarán por caminos sino siguiendo un rumbo; cruzan un cercado y …-“¿qué es eso?, -“no veo nada”, -“esas manchas blancas”, -“leche, se están moviendo”, -“si son vacas”, -“sí, y corren como posesas hacia nosotros”. Se le antojó que el tipo de vacas que les perseguían estaban emparentadas con los guepardos, porque en una carrera de no más de trescientos metros, al final del cercado las oían resoplar en el cogote. Al otro lado de la valla, tumbados en el suelo rendidos por el esfuerzo podían ver cómo se amontonaban a un par de metros una veintena de vacas como hipopótamos. ¡Como para pasar desapercibidos!

White Cows in the setting sun por SudsMuffinCanada

Galería de SudsMuffinCanada

Amanece y están en una zanja estrecha sin vegetación, las vacas se han aburrido, ellos también. Él escucha un ruido que se acerca, parece un motor, es un motor de tractor. La suerte está de su parte cuando el tractor les da un repaso a pocos metros, ellos inmóviles, no quieren que los vean (les han dicho que la población puede denunciarlos).

Otra noche de andar hacia la zona segura. Como están bebiendo agua de regatos, con tanta granja y estiércol de animal, están potabilizando el agua con pastillas, pero debieron hacer mal el brebaje y se quemaron las cuerdas vocales, no pueden hablar; mejor, para lo que tenían que decir. ¡Atención!; alguien los ha visto desde su coche. Se acerca, el tío tiene un par de …, -“lo que tiene es una escopeta”, con lo que se apostan en un árbol adoptando una posición no humana y funciona. “Yo también tengo hambre”, le dice a su estómago con el pensamiento.

Se ha hecho de día y es una bendición, por la noche el frío no le deja pegar un ojo. Pero entre sueños ven como un control de “buscadores” se aposta en una carretera comarcal a distancia de tiro de piedra. –“¿Eso que se mueve es un perro?”, no; era un conejo. Esa noche no se podrán mover de ahí.

Ha caído otra vez la noche cerrada, negra como la entrepierna de un grillo, y de repente, un alarido horrísono, un ruido espantoso, un revuelo ensrdecedor, un chillido, un agitar de ramas; se sintieron cogidos por las patrullas, se sintieron comidos por animales salvajes, pensaron que era el final de la evasión. “Algo está ahí detrás del arbusto y va a saltar hacia nosotros”, pensó. Él asió la bengala que tenía a modo de pistola improvisada; no veía, todo estaba negro; no oía, el latido de su corazón martilleaba sus tímpanos, no sentía el hombro… ¡Un momento!, ¿no sentía el hombro?. Así era, su compañero colocado detrás de él, le agarraba con fuerza y saña hasta el punto que tuvo marcas de dedos hasta una semana después. Repentinamente, el silencio y –“vamos ante de que vuelva ESO”.

¡Oh no!, otro cercado. En la oscuridad, miran izquierda, miran derecha, parece que no hay rumiantes en las inmediaciones. A estas alturas de partida, tres días sin comer y saltar la cerca de menos de un metro, suponía un esfuerzo hercúleo. Salta su amigo y pega un batacazo espantoso que se escucha a un kilómetro a la redonda. La cerca está electrificada y si se acerca algo, vaca o humano, da una descarga al ser vivo en cuestión. Su amigo ha utilizado la técnica del rodillo, muy conseguida en el salto de altura en las olimpiadas de hace unos años pero con colchoneta detrás; ahora le toca a él. Pero mala suerte, va a saltar sin técnica decidida y engancha la bolsa para líquido llega de agua y haciendo un arco voltaico que le arrea una descarga en el brazo quedándosele más lacio que un muelle de cuerda. Cada uno en un lado de la valla sin fuerzas para intentar la proeza del salto, uno estampado, el otro prácticamente manco; bonita escena. Con palos apartan el cable como pueden, arrastrándose pasa al otro lado sin ánimo, sin fuerzas, sin ganas de seguir. Unas horas más tarde llegan a la zona segura.

noche, casa y luna por mawau

Galería de mawau

Tienen que contactar con alguien. No saben con quién. Quién tampoco sabe que están ahí. Es una aproximación indirecta a alguien. –“¿vamos a esa casa?”, -“no, se supone que por aquí tiene que pasar alguien”. Pero no pasó nadie. Ya terminado el ejercicio aparece un individuo de la organización dando voces: “the exercise is over”. Ellos en un lado, un civil lugareño criador de vacas asesinas en el otro exclamando: “pas vu”. Pavú, pavú, pavú, … tantos sufrimientos para nada; bueno, para algo. El 80% de los participantes había sido atrapado e interrogado; ellos han escapado y lo que es más importante han aprendido lo dura que puede ser una evasión.

Ya en el hotel y tras pensar que la limpiadora se acordaría de toda su familia al ver el cerco de roña que había quedado en la bañera (no en vano, casi tiene que llamar a un restaurador de retablos para que le quitase el “underwear” que tenía prácticamente pegado a la piel pudenda), se da cuenta que de que no es bueno beber un litro de cerveza con los camaradas belgas sin haber comido en cuatro días.

Buena caza y cuidado con los animales domésticos salvajes.

Negro.

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