El piloto de caza se pasa casi toda su vida activa adiestrándose, y es esencial que este adiestramiento sea realista para que sea efectivo. La extracción de enseñanzas que se efectúa al terminar la misión es lo que determinará los aciertos y los fallos cometidos. Una de las tareas más difíciles en la reconstrucción de un combate aéreo es la determinación de la efectividad de un disparo, ya sea de cañones, de misiles infrarrojos, radáricos activos, semiactivos o pasivos.

Son los datos relacionados con la envolvente de disparo del armamento aéreo materia altamente clasificada, por lo que ni siquiera en un ejercicio se puede acceder a los datos de los sistemas de armas de otros países, ni amigos ni…también amigos. Es por ello por lo que en todos los grandes ejercicios se crean equipos de validación cuyo objetivo es la determinación de la efectividad de los disparos, es decir, su validación. Estos equipos los forman pilotos de varios países, en muchos casos profesores de escuelas, con la calificación para poder “ver” los datos de disparos de algunos de los participantes. Al menos debe haber evaluadores de dos países diferentes, aunque habitualmente el nivel de clasificación de la materia hace que tan sólo los nacionales puedan ver los datos, lo que a veces hace que existan serias dudas sobre la fidelidad del resultado.

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Sala debrifing NOMAD

Son muchos y muy diversos los factores que determinan el éxito de un disparo. Obviamente la posición del lanzador es determinante, tanto en la distancia como en el ángulo de aspecto. Pero también en la altura, la velocidad de acercamiento al blanco y la velocidad indicada. Además hay que determinar como se adquiere el blanco, si visual (diurno o nocturno NVG), radar o infrarrojo; el modo de radar utilizado y la calidad del eco radar, así como la existencia de perturbación y si ésta ha sido combatida por los sistemas de contramedidas propios.

Esos mismos datos son esenciales en el blanco, añadiendo además su maniobra una vez que el disparo está en el aire y los sistemas de contramedidas, tanto activos como pasivos, electromágnéticos y mecánicos, la combinación de los mismos y la oportunidad de su uso.

A esto añadimos la precisión en la determinación del blanco, no es lo mismo un disparo a un blanco solitario a 20 millas que a un paquete de 25 aviones a 35 millas. Y también es factor importante la realización de disparos múltiples a varios ecos dentro del mismo contacto desde un mismo avión o desde una formación de aviones (hay que evitar que todos derriben al mismo blanco).

A todo esto añadimos que no todos los misiles son iguales, incluso dentro del mismo modelo existen series diferentes con diferentes características de vuelo y envolventes de disparo, y para cada misil varios modos de lanzamiento según el tipo de aeronave.

Asimismo cada escuadrón utiliza diferentes tácticas, que tienden a estandarizarse, pero que no dejan de ser diferentes en un mundo donde la experimentación e innovación son constantes, tanto en tecnología y software como en táctica y engaños. Una táctica nueva implica validación de criterios.

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Como se puede deducir, no es fácil determinar si un disparo es válido o no en tiempo de paz. Por motivos obvios, en tiempo de guerra es muy fácil (para bien y para mal). Para ello se establecen, en el entrenamiento, unos criterios generales que hay que respetar para validar los disparos y que son tan estrictos, para asegurar la validez del disparo, que dificultan enormemente derribar al oponente. Estos criterios de disparos no siempre son compartidos por los distintos usuarios de los sistemas, ni a nivel nacional ni mucho menos internacional, por lo que en un ejercicio de entidad, podemos encontrar varios criterios de validación para sistemas muy similares. Gran parte del prestigio de un escuadrón está basado en la utilización de unos criterios realistas, mientras que los cantarutis usan criterios de chiripitifláuticos.

Son habituales las discusiones, a veces muy subidas de tono, entre miembros de diferentes formaciones que luchan más en tierra que en el avión el derribo del adversario. A veces aceptar un disparo se convierte en un acto de fe y acatamiento de la disciplina. Y por supuesto los hay que se dan por derribados sabiendo que no lo están, debido a un nuevo juguete que se han comprado y los demás no lo saben o simplemente porque usan los sistemas de contramedidas a unas potencias de emisión muy inferiores a sus capacidades.

Pero hay una norma sagrada: una vez que te has asegurado el derribo del adversario, disparale de nuevo.

Nadie dijo que fuera fácil, pero aceptar un derribo, es muy, pero que muy, difícil.

Buena caza.

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