Hace unos días que vio un documental de aviación en la tele. Todo giraba entorno al final de los días del afamado piloto del “Memphis Belle”. Los B-17, la raza de hombres que los manejaban y sus números mareantes no dejan impasible a nadie: 8 toneladas de bombas dependiendo del combustible cargado, 10 tripulantes a las órdenes de pilotos de 20 años a los que sus padres en los permisos no les dejaban conducir el coche familiar, 2 millones de personas conformaban la tripulación, 10 cañones de varios calibres alrededor de todo el avión, dos años de ataques diurnos metiéndose en un avispero de Focke Wolf que intentaban hacer puntería sobre los pilotos del aparato, un vuelo recto y nivelado en las fase final del ataque en la que el navegante dirigía el avión hasta el objetivo, soplando al lado los estallidos de la artillería antiaérea… eso y mucho más, habla de gente de otro tiempo. Pero fue aquel B-17 con su record de 25 misiones de guerra el que le ha hecho pensar en si la afición por el vuelo en estas “máquinas del futuro” para el tiempo en el que viven, que sobrepasan lo que la anatomía y entendimiento humanos pueden soportar, no dejan de lado la razón real de lo que está haciendo que es prepararse para el combate real, para arriesgar la vida, para matar si necesario, para morir…

B-17 Halo effect on take off por Matt Niesen's flickr

http://www.flickr.com/photos/akita/2571751805/

Como hijo de la aeronáutica, conoce multitud de pasajes en los pilotos con suficiente arrojo para volar en paz, pero cuando la paz desaparece flaquean, se descomponen, se deshacen. Es ese humano instinto de conservación que se impone y que en condiciones de aumento de la probabilidad de muerte, anula al individuo, que se hace más humano, menos luchador, menos combatiente. Y es que al valor que se supone en las personas que ejercen actividades arriesgadas, hay que sumarle un trozo más cuando hay otro individuo que le quiere arrebatar la vida, muchas veces por el mero hecho de conservar la suya propia.

Es fácil hacer una reflexión en circunstancias hipotéticas de hostilidad entre contendientes sentado en el sillón de casa o en la seguridad que proporciona un país bien conformado. Nadie puede imaginarse que sentirá uno mismo, como le afectará la situación, a qué acudirá (religión, familia, compañeros, estimulantes…) para zafarse de esa losa que le ata y aprisiona. Nadie puede asegurar que tomará las acciones adecuadas una vez que se vea inmerso en la vorágine de la guerra que consume vidas y sueños. Sin embargo, la naturaleza humana es así: despiadada. Serán los que no se han visto en esa situación, los que harán escarnio del individuo, los vejarán a su honra, su honor, su nombre, para que quede apartado por siempre de su mundo que es el aire, que es el vuelo…

-“¿Qué tipo de piloto seré yo?”
-“Nunca lo sabrás hasta que llegue el momento”, le dijo su padre.

Buena caza y pensad un momento en qué clase de pilotos podríais ser: de caza o de guerra

Negro

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