Canarias. Nunca había visto uno de cerca. Ya sabía que con suficiente potencia en los motores, cualquier cosa puede volar. Pensándolo bien, es lo que mejor puede volar: un platillo volante, un ala por todos sus lados, una ¿SETA?… Sí, es la impresionante “seta” del AWACS.

Un avión del tamaño de una casa de vecinos, en el que van casi una treintena de personas de muchas nacionalidades, todos con una función distinta; algunos son de escuchar, otros de ver, otros de ver y hablar, unos coordinan lo que hacen los demás, también hay evaluadores y además, el que manda no es el piloto sino un individuo que va de viaje en el puro del avión; -“de ahí no puede salir nada bueno”, eso pensaba él desde su pozo de la ignorancia.

Es un escenario simple el de proteger un HVAA. Por supuesto y debido a la corta experiencia en el manejo de “bizcocho”, serán ellos mismos los que se encarguen de hacer de malos, así los buenos tienen ventaja. Es la primera vez que escucha la palabra pronunciada “java”, y le recordó a su tierna infancia por tierras de la España profunda en la denominación del pie de individuos de talla descomunal. -“Vaya haba (fruto leguminoso) que tiene ese tío”, que por pronunciación de “h” exhalada quedaba en “vaya jaba qu’tié ertio”. Pues bien no era un pie, si no un avión de alerta temprana, emblema y propiedad de organizaciones militares occidentales, un aparato indispensable, insustituible sin remedio.

No hay mucho que preparar. Los buenos se interponen entre el platillo volante y los malos. Están relativamente cerca, ya que el AWACS (también alguien asociado a la milicia forzosa lo denominaba “aiwa” por su parentesco con los artefactos de la película: “La Guerra de las Galaxias”) por lo normal se coloca bien lejos del “fregao” para que nadie lo espante.

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Con la inventiva que da el no estar muy ducho en el combate aéreo, unido a la agresividad propia de los años mozos, terminando con la seguridad que da saber que se trata de un entrenamiento; diseñan un “gameplan” más propio de actuaciones del “Circo de Sol” que de un escuadrón de caza. Acometerán cuatro aviones juntos –“qué locura”, y en distancia de disparo sobre los primeros  cazas de la defensa, estallarán en varios vectores, retrocediendo, subiendo y bajando, para terminar acometiendo todos a la vez. En definitiva, recular en un acto de sálvese quien pueda para luego efectuar una entrada casi ciega tipo “banzai”: alguno seguro que pasa aunque cueste digerir una atrición alta.

Y dicho y hecho, a él le ha tocado caer a bloque bajo a la vertical acelerando, para engañar al “gadget” enemigo. Más de 20 toneladas en picado tipo “stuka” contra el agua candonguil le hace preguntarse si cuando quiera recoger a línea de vuelo, será posible. Pero la inexperiencia a veces proporciona audacia y “ecko”, en el acto de la recogida, escucha que los buenos están dando buena cuenta de los amigos que han quedado por encima de él. Ha pasado, está muy bajo,  más de mach 1, pero dónde está el “aiwa”.

Pide vectores y está cerca, pero no tanto. El “java” al verse acosado (es el primero en verlo), inmoviliza la seta, declara que ya no juega más y huye hacia el mar profundo a todo trapo sabedor de que no tiene “chance”. No lo ve en el radar y a medida que se acerca, se percata que con una diferencia de altura tan grande el radar nunca lo verá (no le da el cuello) así que sube lentamente. –“Ahí está”, pero con una velocidad de acercamiento de apenas 20 nudos. No está al alcance de ningún arma de las que lleva, por lo que sólo queda correr. Transcurren los minutos y escucha –“bingo”, lo que le indica que si sigue por ese camino derribará el HVAA, y al mismo tiempo perderá su avión en un mar azul oscuro. Sigue un poco más, casi está ya en distancia, y de nuevo “Betty” le avisa de que no merece la pena. Con todo el dolor de su corazón,  da media vuelta hacia la isla. Adiós “java”, adiós “aiwa”, adiós HVAA, adiós.

En el puro del platillo volante se deja escapar un suspiro colectivo, nunca pensaron que pudieran estar tan cerca de ser derribados; -“hay que evaluar estos procedimientos”. Él, más tarde se enteró que está prohibido volar más cerca de dos millas de la “seta” para evitar unas radiaciones que dejan “esmeril”.  Luego tuvo dos hijos: “no problem”.

Buena caza. A veces “Magic” pierde la magia y la compostura.

Negro

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