Corrían años en los que la aviación de caza estaba de moda, en los que el arma aérea era entendida como letal, como punta de lanza incisiva, mordaz, determinante y suficiente para cumplimentar los objetivos militares de cualquier conflicto, y allí estaba él.

 

En su condición de “limitado para el combate”, en donde está desplegado su escuadrón allende las fronteras nacionales, no ocupaba los lugares de mayor riesgo y fatiga, pero como cualquier cagurrio que se precie, estaba siempre atento en todo lo que pudiera ayudar: planeamiento, vehículos, inteligencia; todo entraba dentro de sus cometidos, todo se resolvía con acometividad, con pasión, con desvelo.

 

Y llega el día en que: -“hay que llevar el 23 a la Base; Mantenimiento lo está esperando pues si sigue aquí se pasará de horas”. Para él esta misión era como si fuera de guerra, un viaje de un par de horas, él sólo, sin la atenta mirada de un instructor que le corrigiera. No en vano, había sido instructor y sabía lo pesado que era tener a alguien metiendo las narices en su vuelo, ahora que manejaba bien las veinte toneladas entre componentes metálicos  y ordenadores de abordo. Pero no va a ser tan fácil como pensaba inicialmente: -“la Base está en rojo”, -“no importa, si no puedes entrar te vas al alternativo” dijo el Jefe, “además, nos dicen que está mejorando”.

 

Con determinación, se calza el avión y asciende lo más alto que puede para ahorrar sopa de los tres bidones que tiene bajo el plano. Entre “guachi- guachi” por aquí y “guachi-guachi” por allá del inglés con acento de la Provenza francesa, llega a las inmediaciones de las costas bravas: -“Operaciones, ¿cómo esta el patio?”, -“no te voy a engañar, sigue rojo y parece que la cosa no va por buen camino”.

 

 Blue angels por mystic06.

http://www.flickr.com/photos/anitha_a/2735121454/

Como en esta aviación no tienen lugar  los pusilánimes, los cerriles, los dejados, se enviste del conocimiento que le da ser piloto viejo en vuelo aunque nuevo en el bizcocho, y decide realizar la aproximación, y si al final no puede tomar, se marchará al alternativo, que está a otros cuarenta y cinco minutos; ya volverá cuando pueda.

 

Empieza la aproximación y desde los 30000 pies ya está en nubes. Es una sopa densa y blanca, sin demasiados botes de tormenta. Tiempo de invierno con nieve: -“nieve en la mampara, pongo el anti-hielo”. Se desliza hacia el suelo con precisión en el paso de alturas, de distancias hasta el contacto con el G.C.A. Desde ese momento una voz amiga, cálida, sin estrés, le dará las instrucciones exactas para dejarle en el umbral de la pista a 100 pies de suelo. De todas formas lleva sintonizado el I.L.S. para mayor seguridad.

 

-“Haga comprobación final de cabina”, él baja el tren de aterrizaje, – “tren bajo y blocado”

-“No acuse recibo de instrucciones desde este momento, controlador final, en caso de frustrada  ascienda a … y vire a …”, las palabras no necesitaban ser procesadas. Estaba en su Base, lo había oído mil veces, se lo sabe de memoria, “vamos al turrón”, pensó.

-“Comience la aproximación final”, pone setecientos de variómetro.

–“En radial, en senda”, no pestañea.

-”En radial, en senda”, no se ha dado cuenta que lleva casi media hora metido en esa sustancia lechosa.

-“En radial, en senda”, mira los planos y ve que no carga hielo.

-“En radial, en senda”, no se lo cree, en su vida había hecho una aproximación así y sin correcciones, ¡el I.L.S. va clavado!

-“100 pies para altura de decisión”; -“tren bajo y blocado”

-“En senda 50 pies”

-“En altura de decisión”. Entonces el silencio…

 

En esas fracciones de segundo en el que el cerebro le dice al brazo que empuje la palanca de gases para incrementar la potencia de los motores, en la que el otro brazo quiere tirar de la palanca para alejarse de esos 30 metros del suelo, en el que el ojo agudiza su campo visual queriendo ver más allá de sus límites; es cuando atisba una mancha oscura alargada entre brumas. Es la pista, está limpia de nieve, baja un poco más y toma.

 

En carrera de desaceleración, se congratula de este pequeño éxito y empieza a aplicar el procedimiento para dejarlo todo como debe estar. En ese momento se acuerda que no ha notificado al G.C.A. con lo que comunica -“en tierra”. Al responder el controlador el “recibido” oportuno, una explosión de júbilo se deja oír por la radio de todos aquellos que amontonados en el Control, velaban por su aproximación, por su éxito, por su vida.  A todos ellos: gracias.

 

Buena caza Andy.

 

Negro

Share