Pensamientos de hace un lustro…

Desde su ingreso en la denominada Ala de Caza Andaluza, no ha dejado de escuchar que cada Ala, debido a sus aviones específicos, al rol característico que desarrollan (más aire/aire o aire/suelo, tal vez HARM o HARPOON shooters…), a la región donde está su Base dentro de la geografía de la piel de toro o fuera, a la ciudad o pueblo en los que se sueña con acrobacias increíbles o misiones heroicas, sus fiestas, su clima; por qué no, su horario, sus jefes…deparan un tipo específico de piloto de caza cuando está en el suelo, que posteriormente a través de sus andanzas por otros lugares de vuelo, será muy difícil cambiar o al menos domeñar.

Por suerte o por desgracia, él ha volado o participado de vuelos de bizcocho en todos los escuadrones dotados de estas hermosas y capaces máquinas. La llegada de las aeronaves de segunda mano deparó una temporada de poco vuelo en casa y mucho fuera para no perder la aptitud de combate. Los inicios a otro escuadrón no son suaves. Hay que estar muy atento, porque los procedimientos aun siendo los mismos para la misma plataforma, se ejecutan de diferente manera en vuelo y cosas tan nimias como el cambio de frecuencia en una formación, puede ocasionar algún comentario malsonante. Pero estas pequeñas diferencias que no impiden que dos individuos de distintos escuadrones vuelen por primera vez como si lo hubiesen hecho toda la vida, se vuelven abismos cuando el piloto descabalga su montura.

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Al Norte, por la zona en la que sopla el cierzo, nos encontramos con un amasijo de pilotos primeros de promoción en el que el libro es el que manda; y por tanto se crea una necesidad de documentación a bordo. Los piernógrafos en estos escuadrones son voluminosos y similares a la novela de Tolstoy “Guerra y Paz”. Por esos lares hay procedimientos para todo, todo está reglado, todo es explicado al milímetro por escrito. Puro trabajo que obtiene muy buenos resultados, profesionales de tomo y lomo, tal vez un poco cansinos: son los escuadrones hormiga.

Por el Centro, más alegres, menos meticulosos, seguidores de la saga “Torrente”, son profesionales pero tan pillos que se dedican a copiar los piernógrafos de otros individuos más septentrionales, y a ponerle el membrete de su escuadrón. Son listos, habilidosos, y están bragados de conocimiento en conflictos de anteriores pilotos que dejan huella: son los escuadrones cigarra.

Llega el Sur, con sus justos procedimientos de vuelo, con sus igualdades ante el trabajo, con su democracia reflejada en interminable número de listas para trabajos extraños (p.e. lista de paseantes de Cìngaros). Su afición es el vuelo, y todo lo improvisado se resuelve de momento sin recurrir a un manual que a veces no detalla la cuestión. Disfrutan del vuelo en el aire y en tierra: son los escuadrones zángano.

Es en tierras insulares, donde el ejercicio està prohibido por el calor a ciertas horas, donde la humedad dificulta el entendimiento y donde apetece ir al bar de la playa para terminar un combate aéreo, dando explicaciones de maniobras, haciendo gestos con las manos que ubican posiciones anormales de las aeronaves, las cuales tal vez en verdad, no se retuerzan de esa manera. Es allí donde se encuentran los pilotos que gustan de recrearse en sus propios éxitos al margen del mundo exterior continental; allí se alzan los escuadrones cochinilla.

Pero todo, que exagera la mofa propia del carácter hispánico, no empaña un amor al aire, un conocimiento del entorno, una labor de servicio a los demás pero a la vez a uno mismo, que define al piloto de combate bizcochero, punta de lanza de la Aviación Española; por el momento.

Buena caza

Negro

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