Nuestro querido y desconocido héroe John “Forty Seconds” Boyd insistió, junto con sus colegas de la fighter mafia, en que los aviones norteamericanos tuvieran sustentación para dar y tomar. Tanto insistió y tantas presiones debió realizar que, como consecuencia, el F-15 dispuso de unos más que generosos  56.6 m2. Gracias a ello, el 1 de mayo de 1.983 un F-15D israelita colisionó en vuelo con un A-4 Skyhawk; en el choque, el ala derecha se separó del fuselaje a unos 60 cms. de éste. El piloto del F-15, Zivi Nevidi, logró controlar la inevitable barrena metiendo postquemador, lo que permitió que el plano restante y el fuselaje produjeran la sustentación necesaria para mantener el avión en vuelo. Tomó tierra con el doble de velocidad habitual y consiguió detener al Eagle a 20 pies del final de la pista.

Eso fue sin querer. Ahora lo que está desarrollando Rockwell es que determinados aparatos consigan realizar eso mismo de manera automática. Ya se ha demostrado virtualmente al “eliminar” un 60% de un ala de un F-18 a escala y conseguir evitar la destrucción de la “aeronave”. El software fue capaz de recuperar el avión. Ahora se trata de repetir el experimento a mayor escala, dañando una fracción mayor del plano, así como los estabilizadores vertical y horizontal.

¿Cómo puede hacerse ésto? Como es lógico, desde Rockwell no van a explicarnos punto por punto cómo hacerlo, pero podemos extraer algunas conclusiones: mediante la aplicación de leyes de vuelo nuevas y más flexibles, capaces de detectar posiciones anormales y cambios bruscos en la actitud de la aeronave. Evidentemente, el sistema no reconoce qué le falta y qué no, sino que aplica una corrección sobre las superficies de mando que estima oportuna y con los inputs que recibe del sistema artificial de posición (integración de varios parámetros tales como altitud, velocidad, posición en los tres ejes, velocidad de la variación de la posición en dichos ejes, cargas estructurales, etc), es capaz de “deducir” si la corrección que acaba de mandar es suficiente o precisa de más deflexión de timón, o bajar el flap un punto para lograr minimizar éste o aquel parámetro. Lógicamente, debe existir un límite por encima del cual el aparato se convierta en ingobernable, lleve incorporadas las leyes que lleve incorporadas. Es como el chiste de la araña, que cuando le quitas todas las patas, la araña se vuelve sorda y no puede caminar…

Junto con esto se está estudiando otro paquete de software que permitiría a la nave (evidentemente todo esto va destinado más a UAV’s que a aeronaves tripuladas) seleccionar y proceder de manera automática al aeropuerto adecuado más cercano tan pronto como se detecte el fallo. El objetivo común de este esfuerzo tecnológico es disminuir las cifras de aviones no tripulados (UAV’s) que se pierden en los diferentes teatros de operaciones como consecuencia de daños producidos normalmente por armas de pequeño calibre.

¿Quién puede estar detrás de este esfuerzo, patrocinándolo con sus dólares? Era de esperar: DARPA. Este software, si acaba demostrando su utilidad, junto con otras capacidades como la de repostaje automático (ya demostrada mediante un F-18 que repostó con el piloto automático enganchado) se irá incorporando a diferentes sistemas de aeronaves no tripuladas, haciéndolas más eficientes, más resistentes y más letales. Lo que sea con tal de dejarnos en el paro a los pilotos…

“No queda sino batirnos…”

HAZKEMUR

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