En esta profesión estamos continuamente reciclándonos, pasando pruebas y superando obstáculos. A veces tan radicales como los que te hacen pasar de ser un especialista en pilotar aviones de combate a dedicarte por entero a la logística, al planeamiento, a las relaciones internacionales…
Te preparas y estudias casi sin descanso: idiomas, pruebas físicas, aeronaves, armas, cursos de especialización, de transformación, de Estado Mayor… a veces cansa. Al final somos lo que vamos modelando con todo ello, quizá un producto de varias carambolas fruto de la casualidad. Aunque siempre he creído que la casualidad se conduce con los empujones que damos con nuestro esfuerzo.
En los comienzos, cada prueba era un obstáculo tras el cual caías en otra vía, y en ella te quedabas. Unas veces por elección, otras por imposición. Y por ello, también echabas sobre tus hombros una responsabilidad que, con apenas 20 años, pesaba bastante. Luego, con el tiempo, te das cuenta que el autocontrol y la disciplina mental que exigía superar tantas trabas eran una parte de la instrucción, del proceso que le permite mantener a uno el tipo cuando la situación llega a ser realmente delicada, y cuando la solución no está en manos de un profesor sentado a tu lado, sino en las tuyas propias.
Así, a bote pronto, recuerdo varias de esas pruebas. La dura oposición para ingresar en el “aire” y optar al vuelo. Después la “Pillán” en 3º: unos pocos vuelos y la suelta. Prueba de acrobacia, prueba de formaciones y… un escollo menos.

Foto: Ejército del Aire (www.ejercitodelaire.mde.es)
En 4º, el C-101; otra vez la suelta y luego tres pruebas más: TR (transición y acrobacia), FORmarciones e INStrumentos. Pasarlas todas significaba obtener el título de Piloto Militar. Las alas, el rokiski… Pero si querías volar reactores tenías que empujar un poquito la casualidad, acompañar un tanto tus aptitudes con bastante constacia, porque había que sacar una nota mínima en todas y cada una de esas fases. Quedar por debajo de esa nota, aunque sólo fuese en una de las etapas, significaba no obtener la R, una especie de sufijo a la nota final de vuelo en “culopollo” que te daba el billete a la Escuela de Caza y Ataque. Donde, cómo no, quedaban por delante otras pruebas. Pero eso será otra historia.
El caso es que me hallaba intentando dar un buen empujón a la casualidad en la prueba de TR. Los probadores eran casi siempre comandantes con mucha experiencia y el colmillo retorcido, y en un vuelo de hora y media en el que tienes que demostrar que lo sabes hacer todo, las posibilidades de meter la pata son muchas.
Tocaba mostrar mi pericia con el tonel volado. Volar un tonel con el 101 es como volver a pasar la goma del bañador de tu hijo cuando se ha salido de su costura en la piscina: … alabea rápido, luego lento, ahora pie, ahora no, cuidado que se hunde, no subas tanto… Ni que decir tiene que todo eso, con apenas 60 horas de vuelo en el cuerpo, era un misterio de la naturaleza, así que había que limitarse a mecanizar unas cuantas referencias y “suerte, vista y al toro”.

Curioso gráfico que muestra la diferencia entre un tonel rápido (aileron roll) y un tonel volado (barrel roll), en http://farm4.static.flickr.com/3090/3177175523_af3729694a_o.jpg
El caso es que estaba en la parte esa que se acelera justo después de pasar por la referencia de 45º de morro alto y 90º de alabeo. Y estaba tan tenso que mis piernas se agarrotaban y empujaban mis pies contra los pedales, contraídas de puro nervio, mientras las gotas de sudor se metían en mis ojos sin dejarme ver demasiado bien lo que había más allá de la visera oscura del casco.
Terminó la maniobra y el morro salió más o menos por donde había entrado, en alguna nube lejana tomada como referencia, alguna montaña anónima o algún pueblo murciano cuyo alcalde no sabía que estaba siendo utilizado como faro de mi futuro profesional.
En el suelo, ya de vuelta, el clásico debriefing… No tenía ni idea de por dónde andaría mi nota. El nudo en el estómago se iba deshaciendo mientras se apretaba el nudo psicológico:
“…bla, bla… ah, sí, y el tonel volado –llegaba el probador al momento álgido-…lo has querido disimular, pero he notado que, como el alabeo al pasar de 90º era demasiado rápido, has metido el pie izquierdo para que el morro llegase a la referencia del invertido… Está bien que te hayas dado cuenta, pero la próxima vez intenta ser un poco más fino y vuela mejor el arco… Hasta luego”.
Y es que, de vez en cuando, la suerte echa también una manita…
¿O no?







Solo se me ocurre decir eso de “nadie dijo que fuera fácil”.
Un saludo!
Juan Pedro
PD. ¿Alguna vez coincidiste con tu “examinador”?
EMHO en está ocasión no hubo suerte. Si partimos del prinicpio que la suerte es nada más y nada menos que un encuentro fortuito entre series causales entonces estamos hablando de incertidumbre y frente a la incertidumbre uno ha de tener flexibilidad y adaptabilidad con capcidad de improvisación. Esto es lo que el instructor examinador tuvo en cuenta aquel día.
Afirmativo, Juan Pedro… varias veces… Ahora es jefe de una de las alas de caza. Nunca se lo he recordado porque, obviamente, no se iba a acordar… Haciendo 30 ó 40 pruebas al año durante 5 años!!!
Estas anécdotas quedan para uno mismo… Bueno y para los que las leen, cuando las contamos…
Un saludo.
Está claro Baby que todo ayuda, pero la prueba de que te merecías esa suerte es que has llegado donde estás ahora, y eso significa que hubo muchas pruebas que superaste porque valías y porque te las curraste lo suficiente. Puedes tener suerte en un examen, pero por sí sola esa suerte no te hará superar la carrera con buena nota.
Un saludo
Muy buena la historia. Se dice siempre que se aprende sólo de los errores, pero posiblemente también se aprende de lo que se hace bien inadvertidamente, y sin embargo, funciona.
Muy buena entrada.
Agradezco personalmente este tipo de entradas, ya que, a los próximos que queremos llegar a ser pilotos nos estableceis una especie de “guia” nos enseñais pasos, sensaciones, alegrias y penas que suceden en el rumbo académico que la anterior empresa citada impera.
Y también es cierto que los que realmente quieren algo, sufren continuamente, es decir, se sufre en los entrenamientos por el conocimiento de las pocas horas disponibles para alcanzar unas aptitudes que requerirían algo más del preciado bien… se sufre en las pruebas… y mucho porque el “probado” solo suele reconocerse sus faltas y no ver sus aciertos… y se sufre finalmente en la etapa en la que se dice el resultado, porque en este caso solo recuerdas, los fallos.
Pero al igual que el amor cortés de la edad media era un sufrimiento gozoso para el vasallo que sentía atracción por una princesa o una mujer de clase alta casada, este sufrimiento en la etapa académica del futuro piloto, y ojo yo no soy piloto, pues aún me queda un año para acceder a la A.G.A, lo veo como este sufrimiento gozoso dado que el premio es máximo.
Ánimo RCL, a ver si en dos años puedes contarnos qué tal por el AGA y darnos envidia a los carrozas que quisimos y no nos dejaron.
Buena entrada.
La verdad es que a veces, cuando nos imaginamos en la piel de un piloto, no nos paramos del todo a pensar en los muchos esfuerzos y las muchas pruebas de todo tipo a las que han tenido que hacer frente y superar para llegar a poder llevar, como comenta Baby, el preciado rokiski.
Es cierto que además de mucha presión supone muchísima responsabilidad para la edad con la que se suele evolucionar en el AGA. Pero también por eso sois personas especiales. Mientras la gente de esa edad (por norma general) está llevando una vida más relajada fomentando “relaciones sociales” vosotros elegís estar enclaustrados rodeados de libros y manuales que os ayudarán a superar las pruebas que os van saliendo al paso. Por eso se tiene plena confianza en que, aunque jóvenes, los pilotos de combate son personas perfectamente capacitadas física y mentalmente para hacer frente a esas presiones y responsabilidades comentadas.
También agradezco el detalle sobre la técnica que se puede emplear para hacer un tonel volado y cómo se puede corregir en plena ejecución con “truquillos” improvisados.
Un Saludo!
Lo han subido un poco mejor que estaba antes
Hola Ej
Agradezco el enlace. Debe existir muchísima diferencia en cuanto a calidad de trabajo entre patrullar con el P-3 que se ve en el vídeo y el P-3 modernizado. Por cierto ¿ya hay alguno de los modernizados operativos?
Otra pregunta. Con los tripulantes que se llevan y con la panzada de horas de patrulla que os pegáis, ¿se hacen relevos? y si esto es así, ¿existe espacio de descanso, cocina…? y si esto es así, ¿también se ha mejorado este aspecto en el P-3M?
Buuuuf, te he acribillado a preguntas. ¡No está mal para ser las 9 de la mañana de un sábado!
Un saludo
Hola a todos
Pensando un poco sobre esto de la enseñanza es curioso ver como hay profes que son rígidos como un bloque de hormigón y por contra a veces te encuentras a profes que aprecian de verdad el hecho de que el alumno se adapte a la situación y busque una solución al problema, aunque esta no sea la que se espera desde el punto de vista académico.
Al hilo de esto,…siempre me ha encantado la anécdota de Bohr.
http://www.ikkaro.com/anecdota-niels-bohr
Baby, ¿vosotros os encontrais con estos dos tipos de protos a lo largo de vuestras carreras?
Saludos a todos
Miguel Angel… como en todos los aspectos de la vida, hay tipos de protos para todos los gustos. En vuelo pasaba exactamente igual. Estaban los que consideraban que siempre había que aprender en vuelo bajo presión. También las típicas “madres”, los técnicos, los librepensadores, los pasaos… Desde mi punto de vista, en la eseñanza personalizada (como pueda ser la de vuelo), si quieres obtener resultados, debe ser el proto el que se adapte al alumno, algo así como sucede entre padres e hijos. Hay personas que no aprenden bien bajo presión (lo cual no quiere decir que una vez dominen el tema no sirvan para funcionar en condiciones de estrés). Y hay otros que ni sienten ni padecen… como se suele decir. Todas estas historias están bastante pensadas, y muchas de ellas te las recuerdan en el Curso de Aptitud Pedagógica, que tenemos que pasar casi todos los que vamos destinados, en algún momento u otro, a una escuela…
Seguro que acerca de unas y otras maneras de enseñar, algunos de nuestros sufridos lectores nos podrían contar mil anédotas (¡eh, Mr. Floc!)…
Por cierto, la anécdota de Bohr es muy buena. Yo también creo que siempre es mejor enseñar a pensar, porque si no, los recursos se agotan muy rápido. Cuando se prepara al alumno para tareas creativas o que requieran de cierta flexibilidad no puede haber otro camino en la forma de enseñar.
Un abrazo.
¡Vaya que si podría contar anécdotas!, desgraciadamente muchas no pueden ser contadas en este foro, otras no las creeríais, y algunas estarían clasificadas para mayores de 18 (y no es broma
Creo que los profesores debemos enseñara pensar, a utilizar el ingenio y los conocimientos adquiridos para resolver los problemas.
No tiene ningún sentido que obliguemos a nuestros alumnos a memorizar teoremas, demostraciones, fórmulas o ecuaciones que fácilmente pueden encontrar, cuando los necesiten en la literatura especializada.
Lo importante no es tenerlo todo en la cabeza, sino saber qué es lo que necesitas para resolver el problema, porqué lo necesitas, dónde encontrarlo, y aplicarlo correctamente.
Sin embargo, la triste realidad es que, desde el punto de vista del profesor resulta mucho más sencillo y cómodo enseñar a aplicar “recetas” que a pensar, y que para los alumnos también resulta más fácil limitarse a memorizar unas cuantas ecuaciones que seguramente olvidará nada más salir del examen.
Por cierto Miguel Angel, Bohr era una persona increíble además de un genio.
Te cuento una anécdota poco conocida de este genial físico. Cuando Bohr trabajaba en los Álamos durante la Segunda Guerra Mundial en el famoso proyecto Manhattan para la construcción de la bomba atómica, escogió a un joven físico que por allí andaba para discutir con él detalles avanzados de la física que debería dar lugar a la bomba. Este joven físico casi recién licenciado no sabía porque lo había elegido a él y no otros físicos con mayor experiencia.
Finalmente fue el hijo de Bohr, también físico en los Álamos, el que se lo explicó: todos los físicos tenían un temor reverencial a Bohr y no se atrevían a decir delante de él lo que realmente pensaban de sus ideas y sus propuestas. Por el contrario nuestro joven físico no se callaba, y aunque reconocía que él también tenía ese temor a Bohr, su entusiasmo por la física le impedía callarse, y eso era lo que Bohr buscaba.
Un gran hombre que esperaba que la gente le dijera lo que opinaba realmente de sus ideas aunque eso pudiera demostrar que se equivocaba.
Por cierto, nuestro joven físico se llamaba Richard P. Feynman, y años después ganaría el premio nobel de física por su contribuciones a la electrodinámica cuántica, además de ser la única persona no perteneciente a la NASA que formó parte de la famosa Comisión Rogers que investigó el accidente del Challenger.
En esa Comisión tampoco pudo callarse y su honestidad acabó poniendo a la NASA contra las cuerdas. Obligó a la NASA, amenzándola con no firmar el informe de la Comisión, a aceptar lo que desde entonces se conoce como el “informe minoritario de Feynman”.
Pero esa es otra historia
Un saludo
Mr. FLoc,…desde luego con el paso de los años es cada vez más y más difícil dar con personas que no tienen “miedo” a decir la verdad.
En ese sentido es curioso ver como una de las características básicas de las personas que ascienden en las organizaciones es que “no ponen pegas a lo que dicen los jefes”. Al hilo de las tragedias del Challenger y del Columbia salieron a la luz cantidad de fallos de este tipo en los que los ingenieros decían “algo no va bien” y los ejecutivos de la NASA no comunicaban estos problemas a las “altas instancias” porque lo importante no eran las personas que estaban allá arriba,..lo importante era la política de NASA, sus presupuestos, etc.
En fin,…aprovechenmos que hoy hace mejor día y demos una vuelta en la bici,..que este tipo de discusiones no hace más que recordarme el lado menos bueno que tenemos las personas…
Saludos a todos
Mr. Floc, No se guarde usted historias como esa, por Dios, no se las guarde.
Una de las cosas más bonitas de este blog es que se puede aprender no solo de los editores, sino de todos y cada uno de los comentaristas.
NO soy de la rama docente, pero alguna que otra vez me ha tocado dar un curso o una conferencia, así que historias como esta me vienen como anillo al dedo. De todo se aprende y de los genios ni te cuento.
Un saludo
Coincido con Manodehielo. Esas historietas nos encantan Mr.Floc. Ademas lo bueno de este foro que es aprendes un montón de curiosidades y no sólo sobre cazas. Y es que sarna con gusto no pica…
Me alegro mucho que os haya gustado.
La anécdota la leí en un librito autobiográfico, escrito por el propio Feynman que se titula “¿Está usted de broma, Sr. Feynman?”. Una auténtica maravilla, donde este genial físico cuenta su vida con un increíble sentido del humor, y sin darle la más mínima importancia a haber ganado el premio Nobel en 1965.
El “Minority Report” de Feynman sobre el accidente del Challenger, lo podéis encontrar en internet, pero también se encuentra en el libro de Feynman “El placer de descubrir”.
Un informe muy sencillo de leer pero tremendamente clarificador, que debería ser de obligada lectura para cualquier estudiante de ciencias.
Ya que hablamos de buenos profesores, decir que cuando Feynman murió en 1988, sus alumnos del California Institute of Technology -el famoso CalTech- colgaron del edificio Millikan Library de ese centro, una pancarta que decía “We love you Dick”.
http://ysfine.com/feynman/millik.jpg
Un saludo
Y ya que hablamos de ciencias, y siguiendo dentro del tema, ¿qué opininón les inspira el cambio paradigmático (o paradigm shift)? Me refiero en particular a que a pesar de ello, algunos siguen en la “vieja escuela”…
Baby: puedo asegurar que en la mayoría de los casos volar con un proto “presionador” es un vuelo perdido, una hora y media que podías haber gastado de otra manera. Y no hablo de los que cargan un poco de más al alumno en el vuelo, hablo de los que ven tu error antes de que lo cometas, de los que están mas preocupados de que una maniobra salga bien a que salga mal y el alumno vea donde estuvo su fallo, a esos que cuando vuelas con ellos tu stick y tu throttle misteriosamente se mueven solos la hora y media completa…en fín esos que cuando ves que te toca con ellos te dan ganas de apelar a lo poco que has dormido esa noche para no volar con ellos.
Tienes toda la razón en que hay muchos tipos de alumnos desde el que le dá igual lo que le caiga encima a los que se bloquean ante el exceso de presión, pero lo que deberían saber algunos es que ese futuro piloto que lleva un progreso bueno en cuanto a aprendizaje etc, simplemente por volar con uno de estos puede ver destruída la confianza en sí mismo.
No se como llevais las cosas en San javier o en Talavera pero quizás no sería mala idea hacer d evez en cuando algún tipo de control con los métodos de enseñanza de cada instructor no sólo en España sino en cualquier academia de pilotos de caza.
Un fuerte abrazo compañero.
Bobcat, por desgracia lo que os pasa con los protos nos pasa también al resto en nuestras respectivas profesiones. En mi caso, después de seis años de carrera y uno de oposición MIR no sabía lo que era un “Nolotil”. Y hubo quien en estos años abandonó su vocación pensando que se había equivocado de profesión cuando lo único que tuvo equivocado fueron los profesores. Al menos vosotros acabáis sabiendo volar…No lo digo para que te consueles, que conste. Hay que saber ser crítico, autocrítico y un poco incorformista…especialmente en una profesión como la tuya.
Mr. Floc, da gusto leer a un profesor con las ideas tan claras como tú. Desde luego, debes ser un lujazo para tus alumnos. Al final, de los malos profesores sólo queda un mal recuerdo pero de los buenos suele surgir una amistad duradera (al menos en mi caso así ha sido) y son siempre un faro al que virar cuando no tienes claro el rumbo…
Un saludo