Era la época en la que se subía hasta en una escoba. Y no es que volase poco… a veces incluso tres salidas en un sólo día. Entre las muchas cosas buenas que tenía el oficio de profesor de vuelo en C-101 estaba la barra libre de “andamio”… eso sí, casi siempre cómodamente instalado en la cabina trasera.   Para aliviar su necesidad de estar a los mandos se apuntaba a todo aquello que se saliese un poco de la rutina: ejercicios, colaboraciones con Armada o Tierra, vuelos a la Maestranza para llevar/recoger aviones… e incluso los aburridos vuelos de control de calidad de los radares.

Volvía aquel día de uno de ellos, no precisamente corto, por cierto. Tras dos horas y media de volar radiales sobre el mar pasó con Aproximación San Javier para pedir datos del campo y proceder a inicial.  Día de obispo en el Mar Menor: ni un nudo de viento; el mar, un espejo; y los borreguitos del buen tiempo moteando el cielo de Murcia.

El culopollo siempre tenía combustible como para una boda.  El turbofan Garrett era un mechero, y en misiones normales el queroseno no era nunca un problema. Pero aquél día volvía con lo justo: inicial y rotura en la Academia y una aproximación en Alicante, si hiciese falta.  Después… se acabó el caldo. No sabe muy bien porqué, se le ocurrió pensar, mientras bajaba a 1500 pies rumbo a la cabecera de la 23, qué pasaría si le daba al tren por no bajar… Et,voilà…

- “San Javier, el Mirlo 01 tiene un pequeño problema de tren. Solicito ascender a 5000 en la vertical para comprobaciones”.

- “Mirlo 01, aquí San Javier, copiado.  ¿Entiendo declara emergencia?”

- “San Javier, Mirlo 01, stand by”.

Nunca pasa nada por declarar emergencia, pero necesitaba un par de minutos para repasar la “checklist”.  El sistema de tren del C-101 es como el mecanismo de un lápiz y muy pocas cosas podían hacer que una pata del tren principal, según la indicación en cabina, no hubiese blocado en posición extendida.

Empezó a subir, mientras miraba de reojo el indicador de combustible.  Aquello no se iba a parar todavía, pero no era cuestión de andarse con demasiada parsimonia.  Y mientras abría la lista de emergencias por la página “Fallo en la extensión del tren”, oyó que despegaba la Patrulla rumbo a alguna parte…

- “San Javier, Mirlo 01. ¿Podría solicitar al Águila 01 un avión que me eche un vistazo al tren?”

Dicho y hecho, el SOLO de la Patrulla abandonó la formación y se dirigió hacia él como una bala para reunión en formación típica de exhibición aérea. Y mientras tanto,  no se le ocurrió otra cosa que seleccionar la frecuencia de trabajo habitual de las Águilas en su radio de UHF… para “sopear” un poco y ver quién venía a echarle una mano.

- “Mirlo de Águila, ya estoy por aquí… parece que la pata derecha no está blocada abajo, pero no te preocupes, que tiene buena pinta.  Vamos con la “checklist” y te voy diciendo como anda el tema”.

Él, que iba escuchando en la frecuencia común de la Patrulla sin haber tenido tiempo aún de hacérselo saber, oye al SOLO que, en lo que creía la intimidad de su frecuencia común, comenta al resto de su formación: – “Tíos, no he visto en mi vida nada igual. La pata está en una posición rarísima.  ¡Esto tiene una mala pinta…!”

Era buen momento para declarar emergencia. Así que se aclaró la garganta y con la voz más calmada que de costumbre (no sólo hay que estar tranquilo, también hay que parecerlo), llamó a San Javier para que los coches de bomberos fuesen tomando posiciones.

Después de pasar por los puntos 1, 2 y 3 de la lista de comprobación “Indicación de tren no blocado”, aquello seguía igual.  Llegaba al punto 4, uno que dice literalmente que con el mando de tren ABAJO, sacúdase el avión mediante una rápida sucesión de Gs negativos y positivos combinados con guiñadas…  Él miraba al SOLO, en formación a un par de fuselajes, que movía negativamente la cabeza tras cada sacudida…

Había que pasar al siguiente punto: con presión hidráulica normal, extender mediante el sistema hidráulico las patas que blocan normalmente y hacer uso de la emergencia de tren. Ese era el siguiente procedimiento de la parte a rayas amarillas y negras de la libreta. A esas alturas le faltaban ya ojos para vigilarlo todo: el indicador de tren, el hidráulico, la cabeza del SOLO de la Patrulla y, sobre todo, el combustible, que se acercaba peligrosamente a la parte incómoda de la escala numerada.

TREN POR EMERGENCIA… Velocidad, disyuntor y a tirar de la palanca de esa forma extraña que sólo se usa en el simulador.  No sabía si mirar o no a su avión acompañanante, porque otro movimiento negativo iba a suponer montar una buena y, la verdad, ese día no le apetecía demasiado un aterrizaje forzoso.  Así que venciendo sus reticencias, miró hacia su amigo y compañero del culopollo vecino, que levantaba con alegría su dedo pulgar: hoy el César te salva la vida…

Larga final, aproximación en formación por si las moscas y toma en el lado de la pista opuesto a la pata que dio problemas.   Toma suave como pocas… y el fiable 101 siguió carreteando por el asfalto con toda normalidad…

“No te preocupes, que tiene buena pinta…” pensó mientras paraba el motor en el parking. La próxima vez, antes de pasar a la frecuencia del avión acompañante, esperaría a que le invitaran…

Dedicado a todos sus amigos de la Patrulla Águila

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