Era una tarde de domingo y como “Alonso” ha quedado fuera de combate relativamente pronto, se ha puesto a leer un libro de aviones (por variar, porque siempre los lee de aviones). Se ha topado con un nombre familiar pero no del mundo aeronáutico: Roland Garros. Este hombre, este pionero de la Aviación que da nombre a un torneo de tenis (no le parece un homenaje justo), este as de la Aviación derribado y luego huido para volver al combate donde murió, fue el que ideó un sistema de blindaje de las hélices de los aparatos de principio de siglo XX para poder hacer uso de una ametralladora. Y es que la Aviación de Caza empezó al intentar adaptar al aerodino una ametralladora.

El empleo militar hasta la primera Guerra se limitaba a papeles de observación, ya que ante el poco número de aparatos y que en la cabeza de los dirigentes militares no cabía la tercera dimensión (parece que no se ha avanzado mucho en ese respecto), unido a la vulnerabilidad de los mismos, la Aviación no era una herramienta adecuada en su empleo. Pero empieza la Guerra y a la vez la carrera por dotar a los aviones de mayor potencia y capacidad de combate. En cuanto a potencia, los motores rotatorios franceses (cilindros, cuerpo y hélice giraban solidarios) de aviones ligeros (con un gran par motor que los hacía muy maniobreros), dieron paso a los motores fijos en línea alemanes que estaban refrigerados por líquido (una novedad) pero de peso elevado para la época para terminar con los motores radiales y refrigerados por líquido también.

Fokker EIII por Martin Hronský.

http://www.flickr.com/photos/martinhronsky/3078860804/

Pero referente al armamento, fue la integración de la ametralladora la que supuso un avance en la Caza (las bombas atadas al fuselaje y lanzadas de forma manual estaban al nivel de la época), sin menospreciar esos ganchos inventados por un ingeniero ruso que atados a cuerdas y lanzados en el aire al enemigo, eran capaces de desgarrar las “vestiduras del oponente”. Pero la integración de una ametralladora era otra cuestión; además de que fuera instalada en el puesto del observador, los disparos debían salvar el disco de la hélice (no era una cuestión baladí) por lo que en algunos aparatos se situaba lejos del mismo (como en el plano superior de un biplano) y era accionada por medios mecánicos (un trozo de cuerda). Después aparece nuestro amigo Roland con sus deflectores de balas (revestimiento de la hélice para dispersar las que no puedan atravesar las palas) y que es copiado por los ingenieros alemanes en una primera instancia, para luego desarrollar el sincronizador mecánico de disparos con el paso de la hélice (¡eso sí que era ingeniería!).

Está releyendo otras modificaciones como colocar el motor y la hélice en la parte de atrás del motor, pero eso le ha aburrido, ya se ha cansado, deja el libro en la estantería y se va…

Buena caza

Negro

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