Estaremos de acuerdo que parte de la sociedad española mira de reojo a los militares como seres extraños distintos al resto que manifiestan en ocasiones comportamientos excesivamente trasnochados. Piensa que el militar necesita de sus prójimos militares para ser feliz y desarrollarse, de hablar siempre de lo que hace, de mandar a cualquier hora y contra quien se le ponga en medio, de cortarse el pelo al “uno” le haga falta o no, de limpiarse los zapatos como si estuviera pendiente de una perpetua “revista”…etc..etc…etc… No es una crítica hacia esa parte de la sociedad inculta de cultura de Defensa, sino más bien una autocrítica hacia nosotros mismos como colectivo que en ocasionas peca de excesiva comunicación endogámica.

Uno de los consejos que me hago a mí mismo siempre que me escucho es intentar relacionarme con personas que poco o nada tienen que ver  con la milicia: del mundo académico o empresarial, de izquierdas o de derechas, de ciudad o de campo, de aquí o de allá… Algo así como una búsqueda de relaciones multidisciplinares que me enriquezcan tanto en lo intelectual como en lo personal. Y si no, echad un vistazo a este blog: VST se ha convertido sin quererlo en una fuente de información biunívoca entre nosotros y vosotros, entre los de azul (en este caso) y lo de “paisa”. Todos los que aquí participáis sin importar el grado de formación académica, sois sin quererlo el feedback que tanto necesitamos para comprobar si nuestro trabajo diario es o no trasnochado y ajeno a los intereses cotidianos del resto de la sociedad.

Una de esas relaciones “multidisciplinares” o “multiculturales” de las que tan orgulloso estoy es el autor de las líneas que hoy os presento. No es fácil definir en pocas palabras a mi buen amigo José Luis. Él mismo se define como de izquierdas, naturista y ateo, es decir, los tres antónimos que podrían definir hoy en día al tradicional buen militar que cree conocer el españolito de “a pié”. Al poco de conocernos se atrevió a confesarme que antaño se ocupaba en redactar artículos de “opinión” en radios y periódicos regionales. Imaginando sus gustos ideológicos y conociendo un poco los míos, tiré de aquél refrán de “dos no discuten si uno no quiere” y haciendo gala de una indiferencia impropia en ambos doses, dejamos pasar los primeros días de nuestra reciente amistad sin sacar a relucir asuntos “delicados” que tuvieran que arreglarse en el campo de la batalla dialéctica. Y os prometo que de ésta él sabe un huevo.

No es cuestión de hacer aquí un ejercicio de psicoanálisis que saque a relucir intimidades personales que nada tienen que ver con VST, pero os prometo que para mí media hora de  “seria” conversación con José Luis vale más que un curso entero de sociología avanzada para militares del siglo XXI….

José, Maestro, gracias por todo….

Little.

PD: las palabras que José Luis me achaca en el relato, sin ser del todo exactas, reflejan el grado de “desconocimiento” aeronáutico que sufría mi gran amigo en aquellos tiempos. He dejado el texto tan cual lo he recibido, dando fe de lo que él recuerda de esos dos manuscritos de aquella tarde de verano…

TEXTO:

Veinticinco años conduciendo coches y motos con una destreza y maestría impecables, otros tanto poniendo lavadoras sin riesgo de mi integridad física… podando cipreses con una cortadora toda mi vida, buscando canales en la TDT sin liarme y, si me apuran, hasta programando deuvedeses para grabar pelis infantiles en Clan TV a la primera pero, por mucho que lo intentaba, no lograba aterrizar un Boeing 747 en el simulador sin comerme un hangar o plantarme en medio de la autopista más cercana.

La cosa no era para bromas.

Uno tiene su orgullo y semejante afrenta a mi inteligencia me obligaba a tener que reconocer que una mierda de videojuego me podía.
A mi edad.

Criado con el Sinclair ZX81, el Spectrum de 48k y el Commodore VIC20. Consumado maestro del Comecocos y del Tetris. Artista del Basic… y de diseñar jueguecitos que luego guardaba en una vetusta cinta de cassette.

Hasta ahí podíamos llegar.

Así que, aun a riesgo de que me despidieran del curro me saqué por la “imprimidora” cuatro impresionantes tochos. A saber: Manual de vuelo de Rod Machado, Manual aeronáutico y del ATC, Fichas Jeppensen de los aeropuertos más famosos con su correspondiente “traducción” y, por supuesto, el no menos famoso manual de la USAF del F18 editado por Jane’s simulation.

Dos meses más tarde, y cuando ya los manuales parecían libros de texto de la Universidad lleno de rallajos, notas al pie, extraños dibujitos síntoma del aburrimiento y direcciones de páginas web pornos (para eso de la relajación) me senté, de nuevo, frente a las dos puñeteras pantallas del simulador.
Y nada.

Por mucha aproximación ILS, VOR y DME que usara el guarrazo seguía garantizado.

Con la aparición de tres canas en la patilla, síntoma indefectible del estrés al que me estaba sometiendo el puñetero jueguecito, eché mano de un vecino al que había oído que era piloto “o algo así”.

El muchacho se sentó frente al “lloistic”, se acercó la silla y me aterrizó el puñetero “Boing” en el aeropuerto más jodido que existen en Europa: el de Insbruck en Austria, rodeado de montañas, nevando, con viento racheado y sin visibilidad.

¿Alquien entiende algo?

-“Ya me estás contando cómo coño lo haces con todo lujo de detalles -le dije mientras cerraba la puerta de la habitación para que no “me se” escapara y sacaba el bloc de notas y tres bolígrafos por si me quedaba sin tinta.

-“Es que tienes que hacer una aproximación ‘limpia’ una vez que te hayan asignado pista y estés en el localizador ILS cuando entres en patrón”
Lógico. Pensé. La culpa es del localizador ese.

-“Una cosa es la frecuencia del VOR/DME, otra la del ILS y otra el CRS. Además, hay que fijarla en NAV 1 y activar el audio del Morse en el ATC para que sepas cuando entras en el localizador”

De cajón.

Según Little (con dos pacharanes en el cuerpo), aterrizaje en LETO

-“En LETO, por ejemplo, hacemos la entrada en 105 ó 230 con la aproximación a 9,7NM respetando la entrada en patrón que aparece en Jeppensen”

-“Además, -me cuenta el hombre del que empecé a sospechar que era algo más que piloto- todo depende del FL que te encuentres. Si vuelas a FL300 más te vale empezar a descender a 100 millas de la pista a las KIAS que establezca el aparato que tengas en tus manos”

-“Y si quieres hacerlo en APP, con el CMD activado y gear down, comprueba que la pista asignada tiene ILS y la suficiente longitud como para parar este heavy antes de salirte de pista activando los autobrakes, spoilers e impulso invertido”.

Media hora y cuatro folios garabateados por él más tarde logré “virtualterrizar” en LEBL desde LEMD sin problemas.

Con el fin de verano acabó el “cursillo” (junto con siete u ocho botellas de pacharán y unas cuantas broncas de nuestras respectivas parientas) “licenciándome” en septiembre con una visita a la Base de Torrejón donde tuve el honor de despegar un F18 y aterrizarlo en Ocaña (vaaaale, fue en el simulador que tienen pero, qué quieren que les diga, a mí me valió).

Así que yo, con indisimulado orgullo, también puedo decir que formo parte de los “alumnos” de Little.

Desde entonces soy un civil que le llama “mi comandante”.

Un fuerte abrazo, amigo.

JLDominguez.

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