Está sentado en su avión que se encuentra en cabecera de pista. Él solo, sin nadie que le acompañe para un combate de uno contra muchos. La misión consiste en desordenar el contingente de bombarderos aliados que a estas alturas de la 2ª Guerra Mundial se mueve casi a sus anchas por el cielo alemán.

Son un  grupo de pilotos de combate de otras Unidades de Caza de motores más convencionales (algunos han pillado los primeros reactores), los que han sido llamados a volar estos cohetes aéreos. Ha oído que son 300 unidades las que se van a fabricar, los pilotos son un centenar. Sabe que son los momentos finales de una imponente industria aeronáutica, del ocaso de una Alemania Imperialista, donde la escasez de combustible, obstáculos de producción y falta de tiempo, hacen imposible la puesta a punto de ningún aparato y mucho menos el entrenamiento de los pilotos.

El motor está apagado. Mira al cielo y ve un azul límpido salpicado de nubes exuberantemente blancas. Es la primera vez que lo va a hacer. Detrás de su asiento, hay una estructura metálica de un avión rechoncho para almacenar dos componentes químicos que al mezclarse, generan un empuje extraordinario para una autonomía de vuelo de no más de 7 minutos. En los encastres de los planos, se encuentran ambos cañones de 20 milímetros para abatir al enemigo.

Suena la sirena, pero él espera. De momento no ve nada en el firmamento. El Me-163 Komet no tiene radio para que le puedan avisar, toda la corriente eléctrica la proporcionará una pequeña hélice en el morro que activará el moviendo del propio avión.

De repente, se aprecia sobre el fondo blanco de una nube una sombra de puntos negros. Son bastantes los bombarderos pesados y supone que los acompañan algunos cazas. Pone en marcha el dispositivo de mezclado de los componentes químicos y …

 The Extremists por max_thehitman96.

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El despegue es violento, con tan poco peso el avión se va rápidamente al aire; del tren no tiene que preocuparse porque cae sólo por gravedad. Alcanza la velocidad para subida y para mantenerla, tira de la palanca y pone el aparato casi a la vertical. Es una sensación tremenda de poder la que da este empuje que le transporta a unos 40.000 pies. En ese momento se apaga el motor y ya están pasando por debajo los bombarderos.

Pica hacia el grupo sin definición de un objetivo claro alcanzando los 900 km/hr. A esta velocidad parece como si el enemigo no se moviera, como si estuviera quieto en el espacio. Cuando llega a la altura de ellos, ya ha decidido su presa, y en distancia acciona los cañones. Sale humo del cuatrimotor, le ha dado y vuelve a tirar de la palanca para subir a lo más alto de nuevo.

Tiene menos velocidad, no trepó tanto como la primera vez. Le entran dudas de si algún escolta lo ha avistado, porque después de este ataque tendrá que aterrizar. Pica de nuevo sobre la formación y descarga todo su armamento desde lejos; no sabe si le ha dado pero ahora no le preocupa. Su única atención se centra en los cazas. No tiene empuje, no tiene armas, sería un blanco demasiado fácil.

La  suerte le acompaña está prácticamente en es suelo de un prado verde donde tendrá que aterrizar sin tren. El impacto no es tan fuerte, lo ha conseguido; se ha salvado.

Mientras regresa al edificio del escuadrón en una camioneta (los ayudantes cargarán el Komet en un camión  para retornarlo a la Base), escucha la explosión de un Me-163, en la puesta en marcha. Ya son 15, -“¿quién será el piloto?”, el conductor no lo sabe. Queda meditabundo pensando que esta tarde podría ser él mismo.

Buena caza

Negro

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