Es habitual que todos los que dedican parte de su tiempo profesional o de ocio al mundo del vuelo, se sientan atrapados por esa droga endógena que se produce al volar de facto o simplemente al anhelar el vuelo. De todos ellos son los primeros, los que tienen la suerte de experimentar en primera  persona aquellas sensaciones de libertad, de control, de poder… Sin embargo también son muchos, los que tras la parada que supone en esas sensaciones las limitaciones físicas de la edad, quedan sumergidos (al otrora piloto de marras) en un mundo pedestre y terrenal para siempre.

 Pero quedan esos locos (vosotros-nosotros): los que no pueden dejar de pensar en el vuelo y que durante las vacaciones, estén donde estén buscan desaforadamente algún cacharro que se eleve del suelo por medios propios (verdad Lady Marian) y los en esa búsqueda de satisfacer sus necesidades aéreas, empeñan incluso su vida. En este punto hemos tocado con Antonio, con María, con Rogerio, con Saint Exupéry.

Marseille rend hommage à Antoine de Saint Exupéry por seine et foret 77.

http://www.flickr.com/photos/seine_et_foret_77/3771059333/

Jamás leí biografía de piloto más terco en su afición al vuelo, aun si sus habilidades para el mismo no eran demasiado validas. Tras no ser admitido en la escuela de pilotos militares obtiene el título de piloto civil por su cuenta que le permite desempeñar varios trabajos para empresas de correos por el Norte de África, incluso para el antecesor de Air France. Con el mismo cometido efectúa labores postales por Sudamérica. Hasta que recala de nuevo en su país en un escuadrón de reconocimiento en los albores de la Segunda Gran Guerra; pero desaparece a New York con la invasión alemana. Retorna más tarde, después de escribir sus obras literarias más importantes (El principito…) Intenta volver a su antiguo escuadrón de reconocimiento desplegado en Cerdeña; pero en numerosas ocasiones es rechazado por su estado de salud, hasta que utilizando procedimientos menos ortodoxos (política, amigos, dinero, influencias…) lo consigue. A su llegada, algún que otro accidente en su nuevo avión (el antiguo Potez quedaba anticuado), unido al rechazo de compañeros muchos más jóvenes que él, lo marginan para perderse para siempre en las aguas de la Costa Azul Francesa en misión real por problemas mecánicos, por ser abatido (los datos más contrastados avalan esta tesis) o por suicidio…

Lo cierto que este empedernido “volón”, no podía estar lejos del aire y su profesión de escritor, estuvo siempre relacionada con sus experiencias aéreas. Yo recomiendo “Piloto de Guerra” aunque originalmente se llama “Vuelo sobre Arrás”; en el se describen las misiones de reconocimiento enviadas al “matadero” por parte de los Estados Mayores; tal y como decía Antonio, María, Rogerio: “gastar vasos de agua en intentar apagar un incendio forestal”.

Buena Caza

Negro

Share