ENTRADA INICIALMENTE PUBLICADA EL 21 DE JUNIO DE 2008

Después de unos cuantos días rodando por donde lo hiciera el pirata de Espronceda, cuando recitaba aquello de “…Asia a un lado, al otro Europa y a su frente Estambul”, y con sana envidia de nuestro amigo Little, que duerme hoy en la mismísima cuna de la aviación de combate, vuelvo a la carga con alguna historieta de cómo se consigue que el entrenamiento diario en aviones de caza se asemeje lo más posible a la realidad sin pasar los límites de la seguridad de vuelo.

Ya vimos para qué servían los bloques, pero hay muchas otras reglas, todas sencillas de aprender y de aplicar, que vienen a ser algo así como las normas de regatas: cómo se pasa la baliza, cuál es el derecho de paso cuando se cruzan dos barcos… Y para seguir con nuestra historia, podemos hablar del Ground Kill o GK. Si os acordáis de Top Gun, en una de las primeras misiones, Maverick derriba al instructor listillo, pero este le dice que no vale porque se había bajado del Ground Kill (aunque aquello en vez de misión de aire-aire parecía una baja cota, ya que a todos los A-4 y F-14 les pasaban los picos de las montañas por encima de la cabeza). En fin, lo cierto es que el combate aéreo se produce en las tres dimensiones y hay un límite en el área de trabajo que es realmente “duro”: el suelo. Como no se puede perder un avión y un piloto cada vez que en entrenamiento algún caza se mete en el GK, lo habitual es ponerlo a una altura suficiente por encima de la elevación del terreno más alta en zona.

Obviamente, es una simulación y muchas veces el hecho de tener que respetar una altura sabiendo que sigue habiendo aire por debajo de ella no predispone de la misma manera que ver acercarse el suelo a toda velocidad en la recogida de una inversión.

Hay otra regla más simpática, que es la que obliga a un caza que se encuentra sin control a decir “balístico”. Tirar a la vertical sin velocidad suficiente puede hacer que el caza quede fuera de control, definido éste como aquella situación en la que el avión no responde a las acciones del piloto sobre los mandos. Vaya… momento desagradable entre los momentos desagradables, especialmente cuando tienes otro avión cerca. Decir “balístico” tiene un objetivo bastante claro: – “Quitáos de debajo porque esto se cae y no puedo hacer nada…

Maverick me contó que, en una ocasión, entró al “merge” en una situación bastante desfavorable: venía del bloque bajo y tuvo que ascender para cruzarse con su oponente, que estaba a nivel 250. En el ascenso se quedó tirado de velocidad, así que llegó al cruce con apenas 250 nudos…

“Vaya comienzo”, pensó… “Estoy más tirado que una colilla y éste lo sabe…” Efectivamente, tras el cruce vio salir estelas de los planos del bandit mientras tiraba a la vertical para generar distancia y dispararle en la bajada. Echó un vistazo a su velocidad indicada: 230 y bajando… “Esto parece una Vespa. ¿Cómo me he podido dormir tanto?” Para arreglarlo, viró izquierda intentando mantener nivel y acelerar, mientras seguía visualmente a su oponente y esperaba el momento para subir y cerrar la distancia antes de que el malo le disparase. Esto, para su desgracia, sucedió más bien pronto, así que apenas transcurridos 270º de viraje tuvo que tirar hacia arriba con la poca energía que había podido conseguir. El primer envite funcionó, porque no llegó a oir ningún “Fox II kill” por la radio. Se sintió tan bien que pensó “Qué demonios, vamos para arriba… Voy en un cohete”. Y saltándose todo lo aprendido metió postquemador y subió con suavidad intentando igualar el ascenso del bandit. Como era de esperar, eso no sucedió: el otro subía como un obús y él perdía velocidad de manera alarmante. Cuando decidió que había que bajar el morro ya fue demasiado tarde. Intentó tirar de la palanca hacia un lado con un poco de pie para hacer caer el morro con suavidad, pero el avión empezó a hacer lo que le daba la gana.

“El dos balístico…” tuvo que reconocer por radio.

“El uno copiado. Pues aquí detrás, cañones…” dijo sin piedad.

Ahora le tocaba esperar el campanazo. El caza, ya sin velocidad, resbaló de cola y él esperó un momento a ver si el morro se desplomaba hacia adelante o hacia atrás, para así poder acolchar un poco el “leñazo” con la palanca en profundidad. El acolchado quedó en “adoquinado” y el morro del avión pasó por –90º y casi llegó a vuelo recto y nivelado en menos de 1 segundo. “Vaya… un buen fuera de control el de hoy…”

Enseguida empezó a aumentar la velocidad, gracias entre otras cosas a la acción de la gravedad, con lo que las superficies de control empezaron a responder a lo que de ellas se pedía.

Total, unos 10000 pies de descenso fuera de control. Buen invento eso del Ground Kill.

Un abrazo.

Baby.

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