Entrada inicialmente publicada el 12 de junio de 2009

Estaba yo poniéndome al día en el blog leyendo esta entrada y sus comentarios y me he quedado toda intrigada con el tema de que está prohibido volar más cerca de dos millas del AWACS para evitar radiaciones y la pregunta sobre los riesgos de los tripulantes en cuanto a ese aspecto… Así que me he puesto manos a la obra…

Buscando cosas encontré unos cuantos artículos de la OMS y otros argentinos, de los cuales, uno se titulaba ¿Hay que Temer a los Campos Electromagnéticos? Y continuaba con esta frase: “Los males más grandes que aquejan a nuestro planeta son la ignorancia y la opresión, y no la ciencia, la tecnología y la industria” citada como Apelación de Heidelberg de 52 Premios Nobel.

Muchos de los lectores de este blog sabrán seguro mil veces más que yo sobre radares, radiaciones y ondas, así que mis disculpas si esta entrada resulta un poco “básica” para sus conocimientos, pero me voy a poner en el lugar del que sabe poco.

Dentro del espectro electromagnético distinguimos radiación ionizante (RI) y no ionizante (RNI). La primera lo es porque transporta tanta energía que son capaces de romper los enlaces entre las moléculas. Son frecuencias altas y longitudes de onda más cortas y se corresponden con los rayos gamma, la radiación cósmica y los rayos X. Las radiaciones sin energía suficiente para romper los enlaces moleculares son la “radiación no ionizante”: ondas de menor frecuencia.

La forma más conocida de energía electromagnética es la luz del sol. La frecuencia de la luz solar (luz visible) es la línea divisoria entre RI (rayos x, rayos cósmicos), y la RNI, más benigna. La división entre la RNI y RI suele establecerse en una longitud de onda de 100 nanómetros aproximadamente.

La electricidad, las microondas y los campos de radiofrecuencia están en el extremo electromagnético correspondiente a longitudes de onda relativamente largas y frecuencias bajas no ionizantes.

Los campos electromagnéticos variables en el tiempo (formados por corrientes alternas que invierten su sentido periódicamente: en Europa con una frecuencia de 50 ciclos por segundo y en EEUU 60 Hz) producidos por los aparatos eléctricos son ejemplo de campos de frecuencia extremadamente baja (FEB o ELF, generalmente hasta 300 Hz).

Otras tecnologías producen campos de frecuencia intermedia (de 300 Hz a 10 MHz): pantallas de computadoras, dispositivos antirrobo, sistemas de seguridad… Las principales fuentes de campos de radiofrecuencia (de 10 MHz a 300 GHz) son la radio, la televisión, las antenas de radares, teléfonos móviles y hornos microondas.

Los efectos de los campos electromagnéticos sobre el organismo no sólo dependen de su intensidad, sino también de su frecuencia y energía. Todos estamos expuestos a campos eléctricos y magnéticos débiles, pero en los últimos años, la exposición ha aumentado debido al mayor uso de la electricidad, el avance de las tecnologías y los hábitos sociales, lo que ha creado mucha confusión y algún que otro miedo en todos nosotros.

Tal es así que en los últimos años se han planteado dudas relativas a los efectos sobre la salud de muchas fuentes de campos electromagnéticos (líneas de conducción eléctrica, hornos microondas, pantallas, teléfonos móviles y sus estaciones base, radares cercanos a poblaciones –léase los “picos” en el EA-, etc). Por eso, la Organización Mundial de la Salud inició un proyecto en 1996 de investigación multidisciplinar llamado Proyecto Internacional CEM del que he sacado la mayor parte de la información para esta entrada

Es muy interesante la lectura de algunas de las publicaciones que se pueden descargar ahí. Como ejemplo, dicen que en los últimos 30 años se han publicado aproximadamente 25.000 artículos sobre los efectos biológicos de la radiación no ionizante y que los conocimientos en ese campo son ahora más amplios que incluso los correspondientes a la mayoría de productos químicos. Merece la pena leer el archivo que se encuentra en este enlace

Las ondas electromagnéticas conllevan el riesgo de producir efectos biológicos (cambios fisiológicos detectables) que podrán o no desembocar en un efecto adverso para la salud.

Del conjunto de los resultados de todas las investigaciones no puede deducirse que los campos electromagnéticos (no ionizantes) produzcan efectos a largo plazo sobre la salud, como el cáncer. Sin embargo, aunque la preocupación actual de la sociedad se centra en los posibles efectos sobre la salud, a largo plazo, de la exposición a campos electromagnéticos; no cabe duda de que la exposición a estas radiaciones conlleva algún cambio biológico e incluso la exposición a corto plazo a campos electromagnéticos muy intensos puede ser perjudicial para la salud.

Y aquí retomo el motivo de esta entrada (por fin, no?)…

En aviación tanto radiación ionizante como no ionizante tienen su lugar de estudio.

Existe más radiación ionizante cuanta mayor altitud (y latitud). La RI induce cambios físico-químicos en las células que pueden provocar su muerte o alterar su estructura. Cuando el material genético resulta afectado se puede producir la transmisión incompleta o incorrecta de la información genética, lo que conduciría a un desarrollo celular anormal y a la producción de tumores o mutaciones.

Dado que existe la probabilidad de recibir una dosis no despreciable desde el punto de vista de protección radiológica durante las operaciones aéreas de determinadas características, se incluye la vigilancia de las tripulaciones aéreas. De esta manera, las compañías aéreas deben considerar un programa de protección radiológica cuando las exposiciones a la radiación cósmica del personal de tripulación de aviones puedan resultar en una dosis superior a 1 mSv por año oficial.

Pero lo que nos interesaba aquí era un tipo de RNI, la originada en las antenas de los radares, y hago extensivas ya no solo a la del AWACS, sino a otros usados en aviación (supongo que el super famoso AESA se podrá incluir aquí también, más o menos…)

El principal efecto biológico de la radiofrecuencia es el calentamiento, siendo ese el fenómeno que se usa para calentar alimentos en los hornos microondas.

Usualmente los radares operan en radio frecuencias (RF) entre 300 MHz y 15 GHz.

Los campos de RF por debajo de 10 GHz (a 1 MHz) penetran los tejidos expuestos y producen calor debido a la absorción de energía. La absorción de los campos de RF en los tejidos es medida como una Tasa de Absorción Específica (SAR) dentro una masa de tejido dada. La unidad de la Tasa de Absorción Específica es vatios por kilogramo (W/Kg.). El SAR es la cantidad utilizada para medir la “dosis” de los campos de RF aproximadamente entre 1 MHz y 10 GHz. Se necesita un SAR por lo menos de 4 W/kg para producir efectos adversos a la salud conocidos, en personas expuestas a los campos de RF en este rango de frecuencia.

Los campos de RF por encima de 10 GHz son absorbidos en la superficie de la piel, con muy poca energía penetrando los tejidos subyacentes. La cantidad dosimétrica básica para los campos de RF por encima de 10 GHz es la intensidad del campo medido como una densidad de potencia en vatios por metro cuadrado (W/m2) o para campos débiles en milivatios por metro cuadrado (mW/m2) o microvatios por metro cuadrado (μW/m2). La exposición de campos de RF por encima de 10 GHz a densidades de energía por sobre 1000 W/ m2 se conoce que produce efectos adversos en la salud, como cataratas en los ojos y quemaduras de piel.

La energía que los sistemas de radar emiten varían desde algunos millivatios (radar de control de transito que usan los policías) hasta muchos kilovatios (radares espaciales de gran alcance). Sin embargo, un número de factores reduce significativamente la exposición humana a la RF generada por los sistemas de radar:

* Los sistemas de radar envían ondas electromagnéticas en pulsos y no continuamente, haciendo que la potencia promedio emitida sea mucho menor que la potencia pico del pulso.
* Los radares son direccionales y la energía de RF que generan esta contenida en haces que son muy estrechos. Los niveles de RF alejados del haz principal disminuyen rápidamente. En la mayoría de los casos, estos niveles son miles de veces más bajos que en el haz principal.
* Muchos radares tienen antenas que están rotando continuamente o variando su elevación por un movimiento de inclinación, que constantemente cambia la dirección del haz.

Los radares de control de tráfico aéreo pueden tener potencias de pico de 100 kW o más, pero potencias promedio de algunos cientos de vatios. Bajo condiciones normales de operación, estos sistemas no plantean un peligro al público en general.

Los radares meteorológicos operan en frecuencias más altas pero generalmente tienen potencias promedios y pico más bajas. Como en el caso anterior, bajo condiciones normales, no plantean ningún peligro al público en general.

Los radares militares varían desde instalaciones muy grandes, que tienen potencias pico grandes (1 MW o mayores) y potencias promedio (kW) hasta pequeños radares para control de disparo, típicamente encontrados en un avión. Los radares de grandes tamaños a menudo suscitan preocupación en las comunidades que viven en los alrededores. Sin embargo, debido a que su energía es irradiada sobre un área de gran superficie, las densidades de potencia asociadas con estos sistemas varían entre 10 y 100 W/m2 dentro de las fronteras del sitio de instalación.

Escuadrón de Vigilancia Aérea nº1 en el El Frasno, Clatayud

Por cierto que en los Radares de control de velocidad el promedio de la potencia de salida es bastante bajo, algunos milivatios, por eso estas unidades no se consideran peligrosas para la salud, incluso aunque sean usadas muy cerca del cuerpo. Un  buen estudio en http://www.osha.gov/SLTC/radiofrequencyradiation/fnradpub.html

Bea.

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