Aquellos que dedican su tiempo a la Guerra Electrónica fueron bautizados hace tiempo y no sé por quién como “los cuervos”.  Pienso dejar al Negro la etimología y los orígenes del apodo, esperando que recoja el guante y nos ilustre.  Yo me conformaré con comentar que el sobrenombre les viene al pelo, porque los cuervos demuestran ciertas habilidades poco propias de las aves: juegan, imitan, roban,  incluso son capaces de dirigir a otros animales de forma que trabajen para ellos.   Y, curiosamente, la Guerra Electrónica en sus diferentes vertientes hace todo eso… pero manejando la parte del espectro que normalmente no podemos ver.

Los cuervos no descansan (otra de sus habilidades).  Basta estar un par de años desconectado del asunto y cada artículo que lees en Aviation Week sobre la guerra invisible pasa a ser casi un misterio. Porque hay otra batalla silenciosa que se libra cada día y de la que no nos enteramos.  No se ven siluetas de cazas estilizados, ni explosiones, ni se escuchan barreras del sonido que se rompen… Pero todo el espectro electromagnético, desde las ondas de radiofrecuencia hasta los rayos gamma está siendo permanentemente explotado por quienes quieren obtener información y, en el bando opuesto, protegido por aquellos que no quieren compartirlo.

EP-3 ORION

Pero vayamos al grano.  Cuando en un avión introducimos un aparato que emite o recibe energía electromagnética  (radar, TACAN, GPS…) lo hacemos susceptible de ser perturbado o confundido por alguien lo suficientemente listo como para manejar el espectro a su favor.  Hay muchos ejemplos, tantos como equipos:  para guiar un misil sobre un caza es necesario disponer de su posición, normalmente proporcionada por el radar de a bordo; entonces al blanco le viene bien disponer “de serie” de equipos de decepción (perturbadores), capaces de introducir ecos falsos, variar electrónicamente la posición de su propio contacto, embarullar la presentación radar con ruido para camuflar el “blip”, en una palabra, evitar que el eco de retorno llegue en condiciones de orientar adecuadamente al arma que nos va a derribar.  Hace tiempo que estos equipos no son “extras” de los que se pueda prescindir. Pero cada vez  son más caros y más complejos.

Centrándonos en los perturbadores de auto-protección, aquellos que protegen a los cazas, hoy en día su trabajo es muy complicado.  Hace años, bastaba con disponer de una buena fuente de potencia capaz de generar el ruido suficiente para cegar al radar enemigo.  Pero los radares y sus armas asociadas aprendieron a guiar sobre el ruido, así que  perturbar de esa manera pasó a ser como encender una linterna en una habitación oscura.  Con la llegada de los radares pulso-doppler, los transmisores de los radares perfeccionaron la forma en que modulaban la energía: cada pulso emitido era único y además capaz de detectar variaciones mínimas de frecuencia modulada por la velocidad que le imprimía el blanco mediante el efecto doppler.  Para seguir engañándolos hubo que inventar equipos que pudieran recoger los pulsos y reenviarlos, bien con retraso, bien con adelanto, o con mayor potencia…  La batalla de la coraza y el cañón trasladada al espectro no visible.

Siempre me han sorprendido los avances en EW porque ya estaban escritos y desarrollados antes de que la tecnología fuese capaz de proporcionar sistemas que los llevasen a la práctica.  Cuando radares como los que guiaban a la serie S-300 (SA-10, 12 ó 20) empezaron a emitir pulsos complejos de gran potencia, que además variaban sus características pulso a pulso haciendo ineficaces los perturbadores existentes hasta entonces, los ingenieros ya tenían en mente la contramedida capaz de evitarlos. Su problema era que no existía la tecnología capaz de “congelar” pulsos y volver a ponerlos en el éter a voluntad.  Hasta que, poco tiempo después  aparecieron las memorias digitales de radiofrecuencia (DRFM) y con ellas el “equilibrio volvió a la fuerza”.

Ahora leemos sobre el NGJ “Next Generation Jammer” para la Navy y todo parece ciencia ficción…  pero llegará. Otra cuestión diferente es si realmente es lo que necesitamos.  Los contratistas echan a volar la imaginación y ya ven cada F-35 convertido en un EF-35; perturbadores de autoprotección escalables capaces de convertirse en perturbadores de escolta o incluso “stand off” , y no a cualquier distancia (200 millas son muchas millas para ser efectivo cuando la energía se disipa con tanta rapidez como lo hace en la atmósfera). 

Briefing de NAVAIR sobre el NGJ.

Pero uno siempre vuelve a lo que le enseñaron de pequeñito.  La táctica se planea en función del enemigo…  Y no sé si el cañón del enemigo merece la coraza que le estamos preparando (y financiando)…

Bibliografía:

AVIATION WEEK. “Next Generation Jammer takes shape”, by David Fulghum, 22 jan 2010.

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