Era una mañana muy fría y le habían confiado la cabina de atrás de un reluciente bizcocho. A los mandos de verdad, se sienta un piloto capaz, educado, tranquilo y caballero. Entre las voces que se escuchan a través de las dos radios e interfono, se intercalan comunicaciones del controlador de torre dando autorizaciones a otras aeronaves, del mecánico marcando la pauta de las pruebas de tierra, del líder de la formación en aquella misión de ensayos en vuelo de unos equipos de los que es mejor no hablar, del propio piloto que amistosamente guía al “backseater” en el ágil manejo de interruptores necesaria para la puesta en marcha. Todo se mezcla en su oído, pero por extraño que parezca cada ruido, tono de voz, exabrupto, queda depositado en un sitio diferente de su cerebro para que pueda procesarse a la vez y separadamente.
Cuando bajan la cúpula para resguardar del viento unas narices que empiezan a rezumar el tan español “moquillo”, miran ambos al líder para cualquier indicación del mismo. Él recorre con nostalgia la figura del aerodino, en cada antena, cada punto hasta que recaba en un nombre escrito en el puro del mismo. No lo ve bien, no sabe si porque está borroso por el paso de los años, o porque el paso de los años se han instalado en su agudeza visual. Se esfuerza un poco más y descubre el nombre de un amigo, un camarada de antiguas fatigas, un leal que en su juventud a medias dedica el tiempo a asuntos terrenales, del fango, del averno, de los humanos. Y así, pensó que hace poco también él estuvo en esa situación. En una situación en la que los pilotos sudan de parado, se enervan, se molestan, les cambia el humor, se envilecen hasta que por un quiebro de la suerte, ésta les recompensa con unos años en un escuadrón de caza, cerca de la grasa, cerca del JP-8 quemado, cerca del olor a polvo de lustros incrustado en las cabinas en la que decenas de pilotos se han sentado antes que él.
El nombre escrito está casi borrado como si alguien quisiera apartar éste de las estelas aéreas. Pero allí permanece, aguantando hasta que no dentro de mucho, vuelva su dueño y entonces todo esté como siempre tuvo que ser…
Buena caza Baby
Negro








¿Baby también volverá? ¡Qué alegría Negro! Si al final todos los editores volarán de nuevo.
Un saludo
Preciosa entrada Negro.
La idea de que el avión con el nombre bajo la cabina está esperando a que vuelva su “dueño” es realmente bonita.
Un saludo
Enhorabuena a Baby por su salida del “averno”
Ender
“Magic, Rugby 33, Magnum!”
Pues espero ver pronto a Baby con su avión y que pueda volver a olvidar a los “culopollo” por una buena temporada. Pero que no se olvide de practicar aproximaciones en Parayas, a poder ser cuando yo esté quemando michelines por el perímetro. La mejor música de mi MP3 jamás conseguirá acelerarme el pulso como lo hace el ruido de un par de GE…y el aroma del JP8 es bastante más agradable que el de mi sudor.
Negro, cuando te toque estar a los “mandos de verdad” no me importará acompañarte en la cabina de atrás con los “mandos de mentira”. Ya lo apañaremos con la compañía de seguros…
Saludos
Tienen que ver este video.
Estoy seguro que con los comentarios de las maniobras hasta pueden hacer una entrada entera.
http://www.youtube.com/watch?v=YmXvQqEcJZ8
Saludos
Por cierto Baby, el avión de la foto es el de un piloto de pruebas…o yo no me había enterado o ¡que calladito te lo tenías!
Un abrazo
Juanma, el video que has puesto es fantástico, vaya pasadas rasantes tan espectaculares.
Phanton for ever!!
Negro, Baby, no se a los demás pero a mi me inunda una infinita tristeza cuando leo que vais destinados a trabajos alejados de los trajes de vuelo, del keroseno…
Pero infinita es la alegría cuando leo entradas como estas.
Disfrutad del momento, por vosotros mismos y por los que siempre hemos soñado ocupar vuestro lugar.
Un abrazo muy fuerte para todos los que lo habeís conseguido y sobre todo para vosotros que además compartis esos momentos con nosotros pobres mortales “terrenales”.
Juan Pedro
Precioso vídeo y precioso avión, juanma. No me acuerdo dónde leí que uno de los pilotos de prueba del Phantom dijo cuando lo vió por primera vez que “era tan feo que creía que se lo ha habían puesto del revés”. Sobre gustos no hay nada escrito, pero ¿ande tendría el amigo el gusto?.
Phantoms forever.
Enhorabuena por la vuelta de Baby.
Entre la entrada y el video me dejais recordando el paso que tuve por el simulador del “bizcocho” allá en Torrejón, me quedé con ganas de más, pero no podia abusar de la hospitalidad de uno de los trabajadores del Ala 12, que me invitó a pasar ese dia con él, pudiendo realizar parte de uno de mis sueños: sentarme en un caza y pilotarlo (aunque fuera un simulador). Para ese día me estuve “preparando” intentando aprenderme algunos controles de la cabina del F-18, pero que luego con los nervios se me olvidaron. Eso si, conseguí aterrizarlo sin rasguños jejeje.
Me encantaría poder volver para allá y repetir, porque yo a partir de ahora, lo que tocaré serán aviones más terrenales (lease Airbuses, MD’s y demás autobuses aéreos) y para repararlos, no para volarlos (eso espero que llegue más adelante).
Buena caza
Gracias Negro.