Bueno, pues parece ser que ya es oficial.

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Aún sin música de John Williams (creador de la inimitable marca Star  Wars) y sin explicaciones posteriores, ahí tenéis las primeras pruebas en vivo de lo que puede hacer el denominado caza más grande del mundo. Evidentemente, cuando se refieren a más grande del mundo no están hablando de sus prestaciones, sino del tamaño. Para quienes no sepan de que va la historia, aquí os dejo una imagen del bicho aterrizando.

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Boeing YAL-1 Air Borne Laser aterrizando

Han pasado la friolera de dieciséis años desde que se lanzara el proyecto hasta que sus frutos comienzan a verse. En ese tiempo, la flota prevista de catorce aeronaves se ha visto reducida a un único avión en condición de demostrador de tecnología, aunque si el proyecto llega a madurar, no se descarta el completar una flota reducida pero de un indudable valor estratégico.

La idea del ABL (no tengo ni idea de donde de designarle YAL-1) es la de, en caso de crisis, tener orbitando uno de estos aparatos cerca de la frontera del posible estado agresor, con capacidad de lanzamiento de misiles intercontinentales (ICBMs). De producirse una salva de lanzamientos, los satélites y otros medios de detección asignados al teatro detectarían dichos lanzamientos e informarían al ABL, que comenzaría la tarea de destruirlos en la denominada boost phase (la fase de vuelo de un ICBM en la que el motor cohete está proporcionando empuje; normalmente, los ICBMS constan de motores cohete de varias fases, por lo que la boost phase puede durar varios minutos, dependiendo del misil en cuestión). Una vez autorizado, el YAL-1 dispararía el primero de sus lásers, el llamado TILL (Track Illuminating Laser), un haz láser de baja potencia cuya misión principal es la de proporcionar distancia al misil en vuelo e información inicial de la atmósfera. Aquí hay que destacar que éste es un factor crucial y uno que ha estado a punto de echar por tierra el proyecto entero. Se sabe que el láser no es más que un haz de luz tremendamente coherente, siempre en fase y en la misma frecuencia; son esas características las que hacen de un láser precisamente lo que es. La idea inicial (y la que todavía perdura) era que el ABL volase a unos 40.000 pies, fuera de la zona en la que se pueden encontrar nubes y otros fenómenos atmosféricos que podría arruinar la coherencia del láser. Antes de empezar a construirse el prototipo del ABL, se realizaron una serie de vuelos con aviones sensorizados, con la idea de realizar una especia de “mapa de turbulencias atmosféricas”. La primera sorpresa fue que a 40.000 pies, aún habiendo eliminado de la ecuación el vapor de agua presente en las nubes, seguían existiendo gran cantidad de diminutas partículas que podrían hacer perder la coherencia al haz. Además, se descubrió que a esa altura, el aire distaba mucho de ser la balsa de aceite que se creía que era. Y esas turbulencias también podían arruinar el proyecto, dado que  si el aire delante del haz no es homogéneo (que nunca lo será totalmente), hará que el láser vaya perdiendo potencia y coherencia, de modo que al final la energía que llegaría al ICBM sería del todo insuficiente como para destruirlo, objetivo último del proyecto.

Así pues, se recurrió a la misma solución aplicada a determinados telescopios, cuyos espejos masivos tiene problemas de aberraciones ópticas. Dicha solución pasa por utilizar una matriz de espejos y deformar el rayo antes de que abandone el radomo, de modo que en el haz se hayan incorporado las contraaberraciones que el haz encontrará en su camino al blanco. Por eso, tras el primer láser, el TILL, se dispara el segundo, el BILL (Beacon Illuminating Laser), que ya tiene una potencia de kilowatios y cuya principal misión es obtener la información más precisa posible sobre la atmósfera existente entre el ABL y el misil en vuelo; sin la información que el recopila, el disparo del haz principal sería simplemente inviable.

Por último, se dispara el COIL, un láser químico de iodo (o yodo, como os guste leerlo) oxigenado, cuya potencia se va ya a los megawatios. El generador se encuentra en la parte posterior del fuselaje y es transmitido a los espejos direccionales, que se encuentran lo mejor aislados de las vibraciones ambientales que el dinero ha podido comprar y la tecnología construir, los cuales proporcionan las ya mencionadas contraaberraciones, con el fin de que cuando el láser impacte sobre el revestimiento externos del fuselaje del misil, éste se encuentre lo más en fase y lo más coherente posible, de modo que transmita con la mayor celeridad posible la energía del láser en calor. Dicho calor hace que aumente de manera exponencial la temperatura de la carcasa del misil, creando ondas de choque y haciendo maleable el metal y las aleaciones que la componen, de modo que dicho contenedor es incapaz de mantener las presiones internas propias de la combustión de su propelente y la integridad estructural necesaria, por lo que sobreviene un fallo estructural catastrófico en forma de rotura que desencadena la explosión posterior.

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Aquí podéis ver un esquema de la secuencia de eventos. Todos estos procesos se producen en el transcurso de unos segundos, de modo que basta un haz para acabar con un misil, mientras ya se está recibiendo información de otros lanzamientos y el TILL y el BILL están recopilando información para nuevos disparos. Un solo ABL sería capaz, en principio, de detener una oleada de lanzamientos de ICBMs, con el plus añadido de que los restos del misil destruido no caerían en terceros países, como ocurrió en Desert Storm, cuando hicieron más daño en Israel los Patriots lanzados contra los Scud iraquíes que los propios misiles superficie-superficie, sino sobre la superficie del país que los lanzó.

“No queda sino batirnos…” …pero a este paso, acabará siendo con sables láser.

Primera imagen: http://www.thefutureisawesome.com/wp-content/uploads/2008/12/boeing-airborne-laser-02.jpg

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