El otro día se pasó por aquí mi amigo Barca, gran tipo, parte de la familia.  Ni siquiera venía por aquí…, se acercó a saludarnos, a recordar viejos tiempos, a contar chascarrillos, a familiarizarse con esas canas que no teníamos 10-12-15 años atrás … cuando nos conocimos…

No tenía ninguna ñaca nueva que enseñarme, misma sonrisa, mismo espíritu. Da gusto ¡coño! Barca es de tierras mañas.

Hace una semana estuve por Zaragoza, desde 2.005 que no volvía… Zaragoza tiene un significado especial para mí. La visité por primera vez para el acto de  Jura de Bandera de mi hermano mayor en la AGM, año 89. Memorable, por entonces yo ni imaginaba lo que el futuro me depararía, quizás una plaza en aeronáuticos… Volví en el 91 con Gusbe ¿qué tiempos verdad? Cadetes de primer curso de la AGA comisionados a una Jura de Bandera en la AGM (otra Jura). Un sueño… En aquellos tiempos los cadetes lucían sus mejores galas por la Avenida de la Independencia, chulos como nadie. Y en medio de ese universo caqui, Gusbe y yo, las dos únicas nubes de un cielo azul; y por descontado más chulos que los chulos locales. Gusbe es otro gran tipo, de la calaña del Little, ya lo conoceréis.

Pues entraba en la base con un cierto sabor extraño, ligeramente descolocado. Ha cambiado por fuera, eso me despistó, pero bajé del coche y empecé a saludar a gente. Realmente somos una gran familia, nos conocemos casi todos: los que eran protos en la AGA cuando éramos alumnos, los que eran alumnos junto a nosotros, los que han sido alumnos nuestros, los que compartieron nuestro primer destino, los que volaron a nuestro lado, los que nos llevaban de un sitio a otro, los que coincidían en ejercicios con nosotros, en cursos, exámenes, seminarios, conferencias, servicios…

Durante el descanso para tomar un café a mitad de reunión, me paso a saludar. Saludar es esa costumbre tan militar como civil, que a algunos de nosotros nos grabaron a fuego, y que consiste en, allá donde uno va, pasarse por los despachos, la cafetería, etc., dando los buenos días y presentándose desde el coronel hasta el soldado. El buen militar saluda siempre sin esperar, intentando iniciar el saludo por el mero hecho de que se lo pide el cuerpo, como quien abre la puerta a una dama o cede el asiento del metro a una persona mayor. Sí, esas cosas todavía algunos las hacemos. Durante mi ronda veo como una chica se levanta de su mesa y se acerca expresamente a saludarme, me llama por mi nombre de guerra, ése por el que te bautizan en la academia y que te acompaña hasta la tumba. Nos intercambiamos preguntas amistosas sobre estos últimos seis años. Recordaba su rostro, su lugar de trabajo, pero reconozco que mi cerebro tardó unas décimas de más en desenpolvar su recuerdo.

Saludé a todos los capitanes y tenientes que encontré, estos últimos quizá un poco extrañados de que aparentemente se hubieran cambiado las tornas. Un teniente debe acercarse a saludar a los “más caracterizados”, lo dicen las buenas costumbres, el respeto a los “mayores”.

En el camino de vuelta a la sala de reuniones, algo instantáneamente llama mi atención en la pared exterior de la cafetería. Como un alfiler de entre la paja, distingo una foto de entre todas las que componen ese collage que la ha cubierto casi por completo. Soy yo hace 10 años. Viajo en el tiempo y soy un capitán recién ascendido, soy un Torito junto al Mako, el Baby, el Cabo, Charles, Taylor…

…y Nacho sigue allí.

Nacho era otro Gran Tipo.

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