Acababan de cruzar una capa de nubes en ascenso hasta su nivel final, 40.000 pies, rumbo a su zona de trabajo. Él se mantenía en columna radar a un par de millas del líder, mientras iba acostumbrando sus sentidos a la noche. Por debajo, las luces de las ciudades, conectadas entre sí por carreteras iluminadas, parecían neuronas extendiéndose sobre la superficie de la Tierra, llenándola de actividad. Por encima, ni una sola nube ocultaba el cielo, despejado y sereno. Contempló la Vía Láctea como sólo puede hacerse allí donde el aire es menos denso, y volvió a sentirse pequeño, insignificante.

Night flight. Foto USAF

La llamada del jefe pidiendo que se reuniera con él en formación cerrada le sacó de sus pensamientos. Inmediatamente inció la RBV (Reunión de Baja Visibilidad) fijándose en los parámetros que aparecían en el HUD, esperando el momento en que las luces anticolisión parpadeasen dentro de la caja del contacto radar. Conforme la distancia fue disminuyendo, redujo la Vc para llegar a “cerrada” de manera controlada, sin demasiados sobresaltos. Al cabo de unos segundos empezó a distinguir las luces de formación, esos LED alargados de color vivo que delimitan la silueta del caza: “El dos en posición”.

Repasó mentalmente el plan de la noche. Tenían por delante media hora intensa de combate nocturno contra dos “Viper” desplegados en Zaragoza. Sus dos F-18 simularían ser escoltas de una formación de bombarderos en ruta hasta un punto en territorio enemigo, donde les esperaría la defensa aérea. Los F-16 jugaban a “blue”, así que disponían de la ventaja en el armamento (AIM-120) y además, “calzaban” gafas de visión nocturna, un “gadget” que por aquella época todavía no se estilaba en nuestros escuadrones.

Libraron el punto de inicio de su ruta a la hora convenida, mientras escuchaban la situación de los cazas enemigos fielmente narrada por el controlador de interceptación. En un par de minutos empezaría el baile (nocturno) que tenían que representar si querían llegar con alguna garantía al lugar establecido.

FOTO USAF

En el momento en que, supuestamente, los primeros misiles enemigos abandonaban los raíles de lanzamiento de los F-16, llegó la voz de “action” por parte del jefe… Mecánicamente, pulsó el interruptor que apagaba todas las luces exteriores, alabeó 180 grados hasta poner su F-18 en invertido y tiró del morro picando verticalmente contra la superficie del planeta. Daba igual mirar a través del HUD o hacia los lados… La capa de nubes que tenía debajo había convertido la noche en un pozo oscuro como la muerte (supongo) cuya única referencia era un “grid” color verde fosforito que dibujaban las líneas de cabeceo de su Head Up Display. La recogida a 7 Gs del picado debió inducirle algo de visión negra, aunque para negra ya estaba la noche.

Niveló y esperó. Su alertador le diría pronto si los Viper seguían viéndole o, por el contrario, había conseguido despistarlos. Mientras, el líder mantenía nivel (lo cual a 45000 pies no dejaba de ser un trabajo bastante fino) e intentaba arrastrar a los F-16 hacia una trampa de la que no pudieran escapar.

Liberó un par de neuronas para atender al controlador, pues necesitaría su informe de posición para localizar a los cazas enemigos y disparar antes de que ellos pudieran hacerlo. Y mientras echaba cuentas de a qué rumbo tendría que virar su Hornet para que los contactos aparecieran dentro del barrido de su radar, intentaba mantener el vuelo dentro de parámetros usando únicamente referencias instrumentales. A estas alturas había desconectado ya completamente unos sentidos de los otros, y se esforzaba por hacer entender a su cerebro que la información que recibía de los ojos, de los oídos y de los receptores de presión en su trasero no tenía por qué estar coordinada. Que lo único que realmente era de fiar en ese momento era la información de actitud que le suministraba una máquina…

- El 2 dentro -comunicó a su jefe, dándole a entender que seguía sin ser detectado y reacometía para intentar un derribo.

- 1 copiado. Sigo extendiendo; creo que tengo a los dos en mi cola.

Intentó colocar los cursores de búsqueda en la zona donde debían estar los Viper, lo cual le llevó un rato dada la brutal diferencia de altura tenía con ellos. Y cuando ya se iba a dar por vencido (más de 10 segundos en esa tesitura sin encontrar a nadie era comprar muchas papeletas para ser derribado) apareció un “blip” en su pantalla. “Dos, contacto, sobre el bullseye, 30 ángeles”. Apretó el gatillo e imaginó como uno de sus AIM-7 libraba el raíl que lo retenía, dirigiéndose contra un retorno radar. O había tenido mucha suerte o aquellos dos eran unos pardillos… Si aquel chaval no empezaba a virar pronto a rumbo contrario se iba a comer un misil de 200 kilos.

Pero los pardillos no abundan mucho por estos lares… Supongo que debe ser algo así como jugar la Champions; o eso al menos dice Guardiola: “No hay ningún partido fácil, sobre todo cuando pasas las previas y empiezan los octavos de final…” Mr. Viper se dio la vuelta justo a tiempo para que los esfuerzos del motor cohete del Sparrow fuesen vanos. Ahora el problema lo tenía él… un misil perdido, un tío huyendo y otro Viper sin localizar…

- El 2 misil perdido…Pegaso picture.

Confiaba en que el controlador le dijera que el otro F-16 andaba por ahí zascandileando a 20 ó 30 millas de su posición, y le diera un respiro para volver a zona segura, reunirse con el jefe y empezar de nuevo.

- Pegaso picture, one viper hot, bra 150/10 miles.

La confianza es eso que dura justo el tiempo que tardan en darte las malas noticias. El tren de la huida había pasado hacía un rato, así que sólo le quedaba apuntar directamente contra el “bandit” y que el duelo en OK Corral le fuese favorable. Empezó a subir hacia el bloque de altura del enemigo, manteniendo la separación mientras su radar y su vista intentaban adquirir algún contacto. Pronto se dio cuenta que tendría más posibilidades con el primero que con la segunda, porque a esas horas y con ese cielo, los sensores humanos no servían para nada: cualquier punto lumninoso se confundiría con los miles de estrellas que había de fondo. Se decidió por tomar medidas de último recurso: modos automáticos de búsqueda y a confiar en la suerte mientras seguía devorando millas. La cosa no pintaba bien, aunque de momento, ninguna señal en su alertador indicaba que el piloto del Viper estuviese teniendo mejor fortuna.

- Dos, posición -escuchó preguntar a su líder por radio.

- Stand by… -fue lo único que acertó a decir mientras entraba por sus oídos la música celestial… ese chirrido desagradable que sólo suena bien a los pilotos de caza, el tono que indica que su AIM-9L había encontrado una fuente de calor sobre la que guiarse.

Se aseguró de mantenerse en su bloque de altura mientras escudriñaba el HUD en busca de alguna indicación de la presencia de un F-16. Apretó el gatillo y el misil simulado voló unos cuantos segundos hasta dar en el blanco. Mientras pasaba el derribo por la radio rompió literalmente su Hornet para poner pies en polvorosa, porque seguramente el otro “bandit” no estaría precisamente contemplando el cielo nocturno.

Y mientras extendía hacia su área segura, acelerando a todo lo que daba su montura (dentro de la envolvente subsónica, que no estaba el horno para bollos) se fijó en la cantidad de pequeños pueblos iluminados que se veían ahora en tierra. Y pensó que había cambiado mucho la “meteo” en poco tiempo, porque la capa de nubes se había esfumado. Y pensó que las luces urbanas no suelen ser tan blancas, ni tililan. Y pensó que las líneas de cabeceo del HUD, que suelen ser continuas por debajo del horizonte, ahora se veían discontinuas. Y pensó que lo que estaba empezando a pensar no tenía mucho sentido.

Y empezó con la comprobación cruzada, la de toda la vida esa a la que siempre hay que volver cada vez que no te crees lo que ven tus ojos, y los 10000 pies por minuto de descenso que vio en el variómetro acabaron por convencerle: las estrellas estaban en su sitio… él estaba boca abajo.

A veces se nos olvida que, si los pájaros no vuelan de noche, por algo será.

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