Cuando se sale de la Academia (vulgo, Cueva) y se va destinado por primera vez a un Escuadrón de Fuerzas Aéreas, se suele tener la consciencia de lo verde que estás, de lo nuevo que eres. Sí, cierto, te acaban de dar el despacho y tienes la juventud que te chorrea por las orejas, por lo que crees que no hay tarea lo suficientemente dura ni penosa que no puedas despachar en un par de horas. También piensas (¡iluso! Se nota que eres más nuevo que la orden de mañana) que vas a arreglar el mundo o, en su defecto, pulirle unos cuantos defectos que en tu tierna carrera militar ya has detectado. Por eso es particularmente importante, en mi opinión, la figura de tu primer jefe.
Tu primer jefe se que quedará siempre grabado a fuego. De él aprenderás muchas cosas, unas buenas; otras, las menos, malas, pero hasta esas son importantes para poder saber cómo no quieres hacer las cosas cuando te toque a tí estar en lo más alto del organigrama de una unidad cualquiera.
Tras llegar a la unidad y un lapso en el que tuvimos un jefe accidental (periodo en el que proliferan los rumores y se dicen y se comentan cosas del nuevo jefe que viene: siempre hay alguien que conoce a un amigo que tiene un conocido que ha trabajado con el que viene), por fin apareció un día. Yo, en mi mismidad de teniente, un Teniente Coronel imponía… y mucho. Y más cuando a ese empleo se le añadía una voz ronca e irrepetible, un mostacho tipo morsa de los que ya no se llevan y un educación y un saber estar exquisitos. Tenía su nombre, claro, pero no lo voy a decir aquí; para todo el mundo, era el Choto. Para mí, era el jefe, a palo seco.
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Piloto de ataque de toda la vida, se había pasado la mayor parte de su vida militar a los mando de un T-6, de un Saeta o de un F-5, sobre todo volando sobre las secas tierras de Morón y alrededores. Conoció El Aaiún, conoció la Marcha Verde y la historia de nuestro Ejército del Aire desde entonces hasta nuestros días. Cuando alguna vez organizábamos un guateque los viernes al acabar la jornada laboral, siempre acababa pidiéndose lo mismo: un segoviano con un botellín de agua. Y entonces, acabada la semana, relajados y empezando a disfrutar ya el fin de semana, a veces nos comentaba relatos de cuando el era teniente, tutes en toda reglar, pero que para un teniente novato como yo eran como maná caído del cielo. Yo bebía esas anécdotas, esas historias, como si fueran la base de nuestra común herencia.
El hecho de encontrarse en una unidad cuya misión, si bien relacionada con el combate, poco o nada tenía que ver con lo que el había hecho durante tanto tiempo, no le quitaba el gusanillo de volar. Siempre anteponiendo la ingrata labor de despacho al goce de volar pero también siempre dispuesto a subirse a un local que no le apartara mucho tiempo de su deber. Le gustaba elevarse del suelo, le gustaba la libertad del cielo azul y las nubes blancas, le gustaba saber que era el quien dominaba una máquina que nos proporciona momentos de felicidad casi absoluta. El tener que volar con la mano izquierda, llevando los motores con la derecha, como es normal en los aviones de transporte, chocaba frontalmente con lo que había mamado desde cadete, lo que ocasionalmente dio lugar a divertidas anécdotas. Pero siempre desde el respeto, siempre desde la admiración por alguien con tanta historia detrás.
Fue el primer (y único; hasta en eso era irrepetible) jefe que llamaba a todos y cada uno de sus subordinados por su nombre de pila. Jamás por el nombre de guerra, jamás por los apellidos. De hecho, le copié sin disimulo esa manía. Siempre me ha gustado llegar pronto al trabajo, para poder aprovechar los momentos previos a los que llega la gente y comienza el ajetreo diario. Pues bien, a pesar de que lo intenté denodadamente, jamás conseguí llegar antes que el al Escuadrón. Y eso que el vivía en Las Rozas y yo, en la misma Base. El día que aparecí a las siete menos cuarto pensando: “Hoy no me gana. Hoy abro yo” y me encontré la puerta abierta de par en par, ese día desistí.
Todo un caballero, siempre sabía agasajar a invitados de toda índole; y lo comprobé en mis carnes cuando un día se pasaron mis padres a visitarme y el Choto, aparte de darles personalmente una vuelta por todo el Escuadrón, se deshizo en elogios del todo inmerecidos hacia su hijo, su teniente, éste que os escribe.
Quería a su familia con locura, especialmente a sus dos hijas, motivo por el cual a veces aparecía con problemas de matemáticas de COU que les ponían a sus hijas en el instituto y que a el ya le sonaba a chino; entre todos, metidos en Operaciones, en un ratillo, solíamos sacarlos.
Y hoy, no sé por qué, me he acordado de él, de lo buena gente que era y del buen ejemplo que sembró en mi. Todo un oficial, el Choto.
“No queda sino batirnos…” – Arturo Pérez-Reverte







La verdad es que cuando somos unos “pipiolos” más que un jefe nos hace falta un padre. Eres realmente afortunado si das con uno que te pueda enseñar de verdad a vivir,..no sólo a trabajar.
Saludos a todos
“del buen ejemplo que sembró en mi” Hazkemur dixit. Muchas gracias mi oficial por recordarnos por la misma lo que a cada uno de nosotros también nos incumbe. No se trata de hacerlo mejor sino sencillamente de hacerlo.
AlefZ, no estoy totalmente de acuerdo contigo. Efectivamente, hacerlo simplemente es importante, sin excusas ni males imaginarios (“… el excusarse con males imaginarios o ajenos a las fatigas que le correspondan…” aunque con las nuevas Ordenanzas, no sé como ha quedado redactado exactamente el artículo). Pero otro compañero me comentó, hace bastante poco, que la diferencia entre hacerlo y hacerlo bien es realmente escasa y creo que llevaba toda la razón. Cuesta muy poco poner de tu parte lo necesario ( a veces, basta con meter los folios en un sobre, otras en decir lo mismo con una sonrisa, otras en sostener al mecánico la llave inglesa mientras trastea con el motor…). Realmente, con un poquito de ilusión y ganas, la cosa mejora mucho; y eso, sin hablar del efecto cascada.
Saludos
Bonita historia, llena de respeto. Gracias a Dios, todos nos encontramos, aunque sea una sóla vez en la vida, a gente a la que debemos recordar, que merece ser recordada, y es de justicia que lo hagamos.
Un abrazo
Parece extraño, desde el ámbito civil, lo que cuentas, ya que tenemos estereotipos de películas: “oficial y caballero”, “el sargento de hierro”, “la teniente O’Neil”, donde el jefe es un hueso que no da ni los buenos días. Quizás sea una labor pendiente en el ejército, enseñar el buen hacer de sus mandos
Parece extraño, desde el ámbito civil, lo que cuentas, ya que tenemos estereotipos de películas: “oficial y caballero”, “el sargento de hierro”, “la teniente O’Neil”, donde el jefe es un hueso que no da ni los buenos días. Quizás sea una labor pendiente en el ejército, enseñar el buen hacer de sus mandos.
Un cordial saludo y buena caza
Pedro Miguel,
Las peliculas son solo eso, y cuando hablamos de los Estadounidenses, pues nos salimos un poco fuera del plato. Pero efectivamnete, los jefes (que no necesariamente tinen que ser lideres) pues tienen distintos tipos de mando, a lo largo de nustra carrera pasas por unos cuantos jefes y cada uno tiene su estilo. Por supuesto que pueden ser duros, que los hay, y que no permiten ni la más minima muestra de confianza, pero no dar los buenos dias, en todos los casos es una falta de educación que no aprendió en casa. Sobre lo que se enseña al futuro mando en el ejercito, por lo menos en nuestro Ejercito del Aire, puedo decir que se enseña mucho. Ademas, no se enseña solo a ser jefe sino que tambien se enseña a ser lider, se dan asignaturas y seminarios de Mando y Liderazgo durante los 4 años que dura la formación Academica. En 3º y 4º curso se ejerce de Alferez de Servicio Interior, con una escuadrilla de cadetes a tu cargo donde se pone en practica lo aprendido. En 4º curso, los mejores de la promocion, tienen a su cargo un curso durante todo el año, participando incluso en la evaluacion de sus notas de Instruccion y Adiestramiento. Enseñar el buen hacer de los mandos en el ejército, doy fe de que no es una labor pendiente, por lo menos cuando se habla de Oficiales del Ejercito del Aire, que es de lo que puedo hablar con seguridad.
Un saludo,
Bienvenido, Mago01, y suerte en tu carrera militar. Gracias por tu aclaración. Oído así de primera mano ayuda a creerlo más que de oídas, aunque por las formas de los blogmaster, eso se intuía, algunos de sus relatos, los que tienen que ver con el recuerdo y la amistad hacia anteriores destinos, y contestaciones posteriores, lo ponen de relive,
Buena caza
Buenos días Mago01. Vaya por delante mi sincera gratitud por participar a este excelente blog que representa una mano tendida haciéndolo más fácil el acercarse a este particular y excitante mundo que es la aviación de caza dentro de la Institución Militar. Volviendo al saludo, si no estoy equivocado, el no saludar o responder a un saludo no sólo es una falta de educación sino que constituye una violación del artículo 322 de las Reales Ordenanzas del Ejército del Aire (art. 41 de las RROO) y según las circunstancias de los artículos 323, 325, 328, 329 y 330 (omito voluntariamente los artículos 321, 324, 326 y 327 por ser casos particulares). Lo menciono porque hace poco en este blog se debatió de lo que propio que es el compañerismo del Ejército de como, EMHO, no puede existir dentro de una empresa privada (y dificilmente fuera de la milicia) y que precisamente en ninguna directiva o código de conducta de recursos humanos se habla de este sencillo acto de respecto y cortesía.
Un cordial saludo
Gracias por la bienvenida, y ya tengo otro articulillo casi terminado para subir, espero que les resulte interesante y divertido.
Acerca del saludo, en efecto, el saludo militar indiscutiblemente esta regulado por las ROFAS y constituye una falta disciplinaria que puede ser sancionada si no se cumple con lo estipulado (aqui ya sabe que esta todo escrito). Pero cada uno se reserva el dar los buenos dias o no. Alguien dijo una vez… “se saluda a las estrellas no a la persona”(me encanta hermanos de sangre, dejen que pille The Pacific, Argggh…) pero no hay nada mas bonito que ganarse el respeto de los subordinados, ni que los subordinados se gangen la confianza de los superiores y no por el mero hecho de tener un ribete en la bocamanga. Porque al fin y al cabo, que somos sino una gran familia de padres, hijos y hermanos.
Saludos
Mago01, bienvenido a este blog y a esta familia. Por una parte, me das una envidia (de sana, nada: verde y tiñosa) que te cagas, por tu tierna edad, por la cantidad de cosas que tienes que aprender, por las muchas alegrías que te esperan y esos momentos íntimos, únicos y personales que te esperan tras una labor ingrata, un plantón a tu novia por que tienes que quedarte en Operaciones u otras miles de situaciones parecidas. Pero lo mismo que te digo esto, por otro lado no te envidio en absoluto. Has de mamar muchas decepciones (puede que intelectualmente lo sepas, pero hasta que no lo vives, no es lo mismo; ya me lo contarás), mucha amargor en ciertos momentos y muchas preguntas sin respuestas o, peor aún, con las respuestas equivocadas.
De nuevo, bienvenido.
Saludos,
hazkemur,
Gracias? supongo…JAJAJA Hasta que no se viven las cosas…la preparacion intelectual para estamparse contra los muros nunca suele ser suficiente…pero por supuesto, lo tengo en cuenta. Ya vendre aqui a compartir mis penas, porque quejarme…ya sabe que NO podemos…lo unico que tengo claro es que voy a aprovechar toda la ilusión que tengo para intentar hacer las cosas lo mejor que pueda, aunque acave mojao, pero cuando me voy a mojar sino? Sí, salgo de la Academia, pero…”No me queda cueva…”
Gracias
Saludos
Es bonito eso de recordar a las personas y recordar el cariño… Una emotiva entrada y seguro, bien merecida. Gracias.