Esta vez os traemos una colaboración con sabor a salitre. De nuevo nuestro amigo Pack se hace un hueco entre nosotros, con esta su tercera colaboración, os recordamos que la primera fue “Toma a Bordo” y la segunda “Be The Ball”. Por cierto, ¿Alguien sabe si finalmente hay algo de cierto sobre la adquisición del JSF por parte de la Armada?

Hacía otra vez un frío de muerte en Patuxent NAS; se acababa de ir el sol y los restos del “Snowmageddon” de hace unas semanas volvían a congelarse en el aparcamiento.

Éramos un grupo de unos 30 ó 35. Casi todos pilotos de Harrier: 2 Jefes de Ala y todos los Jefes de Escuadrón del USMC, un puñado de pilotos de pruebas e instructores, tres ingleses, un italiano y un español, el que suscribe. A este pozo de experiencia VSTOL se sumaron a última hora 3 curiosos ingenieros de Boeing y algún oficial de mantenimiento y funcionarios de peso en NAVAIR.

Era el fin de fiesta de la reunión anual de usuarios del AV8B y esa misma mañana habíamos entre todos afrontado con entereza la realidad de que nuestro querido avión, en pocos años, pasará a ser lo que los americanos llaman una “legacy platform”. Los millones de $$ que los Marines pretenden invertir en años venideros son escasos y se dedicarán a empujar a la plataforma hasta el 2020. Pocas mejoras a se añadirán a las ya aprobadas que vendrán de aquí al 2025. Nuestros Harriers son unos magníficos aviones que están siendo empujados fuera de la carrera por un avión joven, snob, de traje caro y aire poco fotogénico, que promete ser el terror de las nenas pero todavía tiene que demostrarlo.

Pues eso, allí estábamos para comprobar que efectivamente existe.

Una señorita comprobó minuciosamente nuestra documentación y acreditaciones y nos acompaño hasta el hangar. Nada más abrirse la puerta el olor a “coche nuevo” me llamó la atención. No es exageración. Era la primera vez que sentía esa mezcla de olor a plástico y moqueta en un hangar.

Allí estaban los tres pájaros. Los F-35 BF-01, BF-02 y BF-03, dándonos el culo a este puñado de veteranos harrieros; casi con desprecio.

Se hizo un pequeño silencio en la comitiva mientras íbamos entrando. Todo brillaba en aquel hangar, todo menos el traje Stealth de este pájaro joven y caro. El plumaje gris opaco se mezclaba con el blanco brillante del interior de las puertas abiertas de este “transformer”.

Allí estaba trabajando un pequeño ejército de técnicos civiles y militares, con uniformes de varios países, que en el turno de noche preparaban los aviones para las salidas del día siguiente.

Uno de los técnicos de Lockheed nos decía entre bromas “… trabajamos de noche porque llevamos varios meses de retraso. De todas formas ahora todo va viento en popa. Es como si a los pájaros les hubiera venido bien pasar del calor de Texas al frío de la Costa Este…”

El JSF es grande, mucho más de lo que esperaba. También alto, muy alto. Y en persona resulta atractivo. Tiene un aire entre agresivo y pedante.

Bombardeamos con preguntas a los jóvenes comandantes que nos los estaban enseñando. Todos queríamos comprobar que era cierto lo que habíamos oído, las pegas, las limitaciones, el sistema revolucionario de sustentación, el control en estacionario, las temperaturas, el peso máximo de toma… era un chorreo continuo de preguntas. Casi ninguna tuvo respuesta concreta. Todos los datos comprometedores para el programa “son todavía resultado de modelos informáticos y las pruebas van muy despacio. Pero van bien”, eso nos aseguran. “Nos iremos de aquí sabiendo lo mismo que sabíamos al llegar… nada” pensamos todos

La cabina es muy amplia; limpia. Me resultó más “familiar” que la del EFA. Será que los paneles en negro, algún cuadro de botones parecido a los nuestros y sobre todo que estuviera apagado no me hicieron sentirme un extraño.

El equipo de vuelo de los pilotos, ese sí me recordó mucho a los que vi en Morón. Pregunté y me confirmaron que efectivamente estos equipos de vuelo para las pruebas son británicos.

De risa las estibas internas para las armas. ¡Este chulo no tiene apenas paquete!

Apenas media hora y nos echaron de allí. “No pictures please”.

El grupo salió pensativo; en bajito comentábamos las primeras impresiones.Comento con el italiano el tamaño del avión:

- “Va a costar moverlo por cubierta y por el hangar del Garibaldi ¿no crees?” Le digo.
- “Por el Garibaldi no sé, pero en el Príncipe seguro que no te cabe… Por cierto, no he visto tu bandera en el costado del B-01”.

Es un asco esto de tener aliados que saben tus miserias y además se creen graciosos. El hangar de nuestro buque insignia es más grande pero lo de la bandera no tiene discusión.

Lo dejo estar porque, en el fondo, el JSF no cabe ni en un barco ni en el otro y mi colega italiano me invita a un Espresso-Lavazza todas las mañanas. No es mal chaval.

Con el frío de la noche cortándome la cara, de camino al coche pienso: “No sé si, con la que está cayendo, al final, será mejor que nuestra bandera no esté todavía pintada… Sin embargo, el cabr**n me gusta…”

Mañana vuelta a las miserias de una casi “legacy platform”.Discutiremos con los Marines durante unas horas (esta vez haciendo piña el italiano gracioso y yo) para que  integren en el avión algo que cubra nuestras necesidades operativas. Los Marines tienen Harriers en Kandahar y se entiende que sus prioridades sean otras. Los ingleses estarán en la reunión, pero a su bola, como siempre.

Lo más probable es que al final no tengamos nada de lo que pedimos, ni ellos ni nosotros, porque también los americanos gestionan miserias. En otra escala, pero también miserias.

Todo esto le resbala al joven snob del traje caro; toda la parafernalia Hi-tech que soñamos en el Harrier él la tiene asegurada. Un buen look y tecnología no le faltan.

Otra cosa es que sepa tomar en vertical, que es de lo que se trata.

Be the ball.

Pack

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