-          Papá, ¿por qué pasa tan rápido el tiempo cuando lo pasamos bien?

-          No sé, hijo. Quizá porque dejas de pensar en él.

A los mayores se nos olvida que los niños miden el tiempo de forma diferente. Por eso insistimos en ser estrictos con los horarios, extinguimos sus juegos a golpe de minutero, sin darnos cuenta de que el tiempo es relativo. Nosotros somos ese observador  al que Einstein puso en el andén, viendo pasar el tren, mientras nuestros hijos viajan con su imaginación en los vagones, casi  a la velocidad de la luz, haciendo que un par de horas no sean más que un suspiro.

El tiempo en aviación también es relativo, y no gracias a la Teoría de la Relatividad precisamente. Es más bien un factor psicológico.

Recuerdo que, al principio, todo parecía ir muy despacio. Tenía la sensación  de que siempre andaba perdiendo el tiempo dentro de mi cabina; por eso apresuraba los procedimientos, las llamadas… En una ocasión, volando una misión CAS, tenía tantas ganas de aprovechar cada segundo entre objetivo y objetivo que no daba siquiera tiempo a mi punto – más experto y con bastantes más horas que yo, por cierto – a copiar las instrucciones de la siguiente maniobra.  Apenas conseguía reposicionarse cuando ya estábamos iniciando la siguiente pasada de ataque.

Por fin, no pudo aguantarse más y soltó por radio: “…para un momento, tío, que me llevas con la lengua fuera…” Y tenía toda la razón. Vale más dar un par de vueltas en la espera para asegurar los parámetros que andar corriendo de un sitio a otro sin que toda la formación tenga claro lo que está haciendo.

La experiencia acaba haciendo que un minuto contenga, por fin, sesenta segundos. Durante el combate aéreo, por ejemplo, el tiempo es un factor crucial porque de él depende que una maniobra evasiva sea efectiva o acabe en bola de fuego.  Mientras que en las primeras misiones BVR (Beyond Visual Range) andabas continuamente mirando las distancias en la pantalla radar o buscando posiciones de referencia para iniciar tal o cual acción, al ganar experiencia en el aire, una especie de reloj interno encendía automáticamente un LED rojo que significaba “es hora de largarse de aquí” o “¡dispara ahora!” Luego, al ver el debriefing en el sistema de reproducción de misiones, seguía sorprendiéndote la precisión, el “good timing”  de la maniobra (como siempre, hay que añadir ese tanto por ciento habitual en el que el “timing” es un desastre. La excepción que confirma la regla).

También el tiempo y su medida dependen de la costumbre, de aquello a lo que estemos habituados. Recuerdo una exhibición aérea en Sabadell, de grata memoria por la amabilidad de los organizadores y su pasión por la aeronáutica  (todavía conservo un par de polos azul marino con el emblema del Aeroclub…)  El día de la exhibición, llamé desde la línea de vuelo, antes de poner en marcha un perfectamente limpio (sin cargas externas) F-18, para coordinar la entrada y asegurarme de que el programa iba según lo previsto.

Una amable señorita, al otro lado del teléfono me confirmó que todo seguía según planeado:

-          …llame en frecuencia de torre 15 minutos antes de su llegada y le indicaremos entonces la zona de espera y últimas instrucciones…

-          Perfecto, ¿cuál es mi zona de espera? – respondí.

-          Bueno, mejor nos llama en frecuencia 15 fuera y se lo decimos entonces… – probablemente estaba sorprendida de que no conociera el procedimiento habitual en el campo.

-          Ya, pero, es que 15 minutos fuera es mi hora de despegue y en ese momento no podré llamar… – insistí.

-          Ah, claro… lo siento. Llame cuando pueda, que aquí estaremos…

Un saludo para los aerotrastornados del Aeroclub de Sabadell.

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PD. Os dejo un buen vídeo de los Blue Angels… de lo mejorcito que se puede ver en patrullas con aviones de altas características.

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