El piloto, en su concentración previa al inicio de la carrera, parece absorto en no se sabe qué pensamiento, como si estuviera incluso preocupado por lo que el futuro inmediato le depare. Ahora son muchos los que manosean con cariño a su máquina, haciendo que todo funcione como debe, que cada parte toque la música cuando y donde el director de orquesta mande una vez se lance a toda velocidad sobre el asfalto.

¡Qué limpia y bella parece!, qué obra de arte adornada de curvas imposibles de una lindeza sublime, qué primorosa máquina de sueños inalcanzables…El morro desafía al futuro con una mirada provocadora, retando al horizonte lejano en una carrera sin fin, deseoso de descargar toda su ira una vez el piloto suelte el embrague y le libere de su cruel castigo. Parece tirar del cuerpo de la máquina como un animal salvaje lo hace del suyo cuando sorprende a una presa. El cuerpo es de un atractivo extraordinario, un enjambre de líneas sinuosas dispuestas a atravesar el viento sin siquiera tocarlo, a cortarlo sin sentir su roce, ancho y fornido para aguantar las embestidas de la batalla. En sus entrañas esconde el mayor de sus secretos, la razón de su ferocidad, el corazón de la bestia. De una potencia incomprensible para el resto de los mortales, de una supremacía asombrosa, capaz de empujar el todo hasta el infinito, como si nada terrenal pudiera frenarlo en su viajar. Cada latido se hace sentir a cientos de metros de distancia y sus gritos de rabia hielan la mirada de aquellos que la observan.

Llegado el momento el piloto se enfunde su preciado casco, termina de colocarse el mono que le protege y se acerca lentamente a su querida máquina. Ella sin él no sería más que una presa condenada a la admiración y muerta de espíritu, encallada en el puerto de los sueños rotos. Él sin ella parecería un monigote disfrazado de jinete, un vulgar rufián encantado de haberse conocido. Ni ella ni él son lo que son por sí mismos. Cada uno necesita del otro como si entre ellos germinara una simbiosis sobrenatural que se escapa a los sentidos del ser  humano. Más allá de la relación física, entre ambos nace un vínculo sobrenatural que les hace más fuertes y poderosos, casi invencibles.

El piloto deja de escuchar, el ruido exterior se desvanece lentamente y su cerebro comienza a estimular su sistema nervioso. La adrenalina se abre paso por sus entrañas y se pone en guardia respondiendo a la llamada de alerta que inconscientemente el piloto hace a sus centros de control. Ni siquiera nota cómo los que le rodean le animan y le alientan para la batalla que le espera, ahora sólo tiene tiempo para hablar con su máquina. Acaricia uno de los laterales de la bestia y ésta parece despertar de su letargo. De reojo, la bestia contempla a su caballero subiendo a sus lomos, siente que la simbiosis renace entre ambos y espera ansiosa que alguien encienda su corazón salvaje.

Una vez dentro, el caballero se transforma sin que aquellos que rodean la máquina sean capaces de verlo. Coge el volante por ambos lados, se aferra a él mientras echa una mirada furtiva a todos los botones de control que le contemplan. Mientras se ata a la máquina, alguien desde fuera arranca el motor y éste resucita con un chillido ensordecedor y enérgico, provocando la excitación del público. Miles y miles de banderas colorean las pobladas gradas del circuito y esconden a la multitud enardecida por el bramido de la bestia.

Echa un mirada a izquierda y derecha, buscando la complicidad de sus mecánicos e ingenieros de pista. La actividad que minutos antes reinaba en la pista va desapareciendo a medida que los árbitros de la función van poniendo orden al bullicio de ayudantes y técnicos. En breve, máquina y piloto, bestia y caballero desafiarán a la gravedad, volarán sobre el asfalto y dibujarán curvas imposibles. El recto horizonte se abrirá y dejará paso libre al sueño cumplido…

Una vez escribí para alguien ”…si bien volar un caza no tenga en principio nada que ver con pilotar un coche de Fórmula 1, sí es cierto que en los dos trabajos se desarrollan esfuerzos físicos y mentales que permiten establecer algunas semejanzas entre ambas actividades. Desde mi punto de vista la fundamental es tener que tomar decisiones en décimas de segundos cuya errónea o equivocada ejecución pueda resultar en un fatal desenlace. Con la dificultad añadida de tener que responder a muchos datos externos que te ofrece la máquina pero que sólo él, el piloto, en su “soledad” dentro de la cabina, tiene que ser capaz de asimilar para así comprender lo que está ocurriendo a su alrededor y de esta forma ejecutar la respuesta o acción correcta…

El viernes tuve el privilegio de contemplar el mundo de la fórmula uno en directo. Y no desde cualquier lugar, sino desde uno de los “PisBox” que existen para gozo de unos pocos. Los PisBox son salas VIPs que reinan la “Pit Lane” y desde donde se pueden ver la recta final del circuito, la grada principal y disfrutar de la alta actividad que rodea a la zona de los Boxes tanto en los días de entrenamiento como en la carrera del domingo.

Como podréis imaginar, son muchas las coincidencias entre la fórmula 1 y la Aviación de Caza, entendida ésta exclusivamente desde la óptica de la tecnología y la fisiología de los esfuerzos a los que se someten los pilotos. Ya escribí hace tiempo un artículo comparando someramente las aceleraciones que sufren tanto los pilotos de fórmula 1 como nosotros, los de un avión de combate.

Aunque todos los medios de comunicación expertos en este deporte se empeñen en sobrevalorar la resistencia física del piloto de F1, para mí la verdadera excelencia de dicha actividad, y que justifica en parte las similitudes planteadas, es el proceso de toma de decisiones que debe asumir el piloto en la soledad de su cabina de pilotaje. Debe asimilar cantidad de datos objetivos que le facilita la máquina, otros subjetivos de motivación o meramente informativos que le pasan sus ingenieros de pista, reflexionar cuál es la mejor opción y ejecutarla lo mejor posible, eso sí, a más de trescientos kilómetros por hora (frente a las quinientas millas por hora de los aviones). Eso sí que es ser distinto, realizar una actividad difícil; no que pueda aguantar unos cuantos g´s de más. Para eso están los gimnasios y los preparadores físicos; para lo otro, se necesitan ante todo ciertas cualidades intelectuales y físicas diferentes innatas.

FUERZA Y HONOR

Little.

PD: amigo, gracias por la invitación.

Share