Era una época sin NVG’s (Night Vision Goggles), y volaban hacia un “tanker” en una noche especialmente oscura antes de enfrascarse en una misión de entrenamiento aire/aire. Dos contra dos en un combate más allá del alcance visual usando las características del armamento de medio alcance.

Este tipo de combate es casi virtual; se realiza atendiendo las indicaciones del controlador, computando cada uno de los datos que arrojan las tres pantallas de cristal líquido, con la cabeza metida dentro de la cabina absorbiendo los bandazos que ocasionan los movimientos bruscos de palanca para romper posibles blocajes del contrario, pero sin dejar de saber si estás en invertido o picando. Es un combate que como alguien dijo, parece que se efectuara contra uno mismo.

Pero todavía no han llegado a ese punto. Se acercan al nodriza para practicar el libar un par de miles de sopa por avión. No hace falta más. La zona está cerca pero de esta forma comprueban que el sistema de reabastecimiento está en perfectas condiciones. El plan era efectuar un enganche húmedo y un par de secos.

Arrimarse al “tanquer” no es tan difícil, consiste en controlar la velocidad de acercamiento utilizando un blocaje radar. Pero la noche estaba oscura como la entrepierna de un grillo. Los reflejos de las luces del HUD no dejaban ver si había algo más allá de la cajita que señala el blocaje radar. –“Está ahí”, -“yo no lo veo”, respondió el punto que volaba pegado al ala de su líder. Se acercan un poco más, muy despacio y aparecen una luces muy tenues de colores, -“bienvenidos al Entreprise” pensó él.

Si estas luces no fueran de colores, blancas, verdes, rojas, no se sabría cual es la dirección de la gasolinera volante, pero aún así la sensación es la de no saber en qué dirección se desplaza. Estos reabastecimientos contra un “turboprop” a media cota no le gustan, el bizcocho va más planchado, se muestra más perezoso en sus movimientos y además la manguera está “morcillona”, sin la dureza que acostumbra en aviones más rápidos y que vuelan más alto.

Taking gas por Chris Hagstrom.

http://www.flickr.com/photos/chris_hagstrom/3316027883/

Tras la autorización pertinente, pasan a colocarse en posición detrás de donde se supone que están las cestas. La luz que aparece al desplegar las perchas de reabastecimiento ilumina muy tímidamente, con lo que deben hacer un magreo por la zona hasta que averiguan dónde se encuentran las cestas.  –“En posición”, -“autorizado contacto” esgrime una somnolienta voz desde el nodriza.

Se acerca lentamente, y cree ver que la manguera está oscilando con un movimiento armónico muy típico. Por el día siempre entra con un poco de ángulo lateral para evitar que la masa de aire que desplaza el avión afecte a la manguera, pero por la noche si hace eso no la ve. Está a medio metro, y decide acabar metiendo una punta de gas. Pero la cesta hace un movimiento errático probablemente provocado por la interacción de la masa de aire de su propio avión y se dobla con la presión de la percha, desapareciendo por debajo de su morro, mientras oye como roza la cesta contra la carena. Con más interés lo intenta de nuevo, esta vez sin problemas.

A la salida del “tanker” se vuelve a pegar a su líder para desplazarse. Pero cuando se separa del líder para tomar posición de combate, unos pitidos indicadores de fuera de control aparecen, el avión se desploma, las sensaciones en la oscuridad son desconcertantes, pierde altura y no sabe por qué. Mete motor e intenta recuperar la posición de vuelo, y de nuevo más pitidos, sensación de caída, fuera de control otra vez. Con el corazón en la boca, declara emergencia, no sabe qué pasa. La altura disminuye rápidamente y el avión se agita de un lado para el otro. Mete post-quemador casi instintivamente con una parte del cerebro recordando el procedimiento de eyección y recupera lo que parecía irrecuperable. Sin tocar nada y con motor a tope, siente que su líder se acerca hacia él para llevarlo a la base. Lo ve y le sigue como un cordero, nadie podría separarle de esa luz de color verde del ala de su líder. Con el susto en el cuerpo y sin ninguna confianza en el avión, toman en formación cerrada.

En tierra, le explican lo que ha pasado. Ha roto las sondas que indican el ángulo de ataque del avión y uno de los tubos pitot en la primera entrada de reabastecimiento, con lo que el avión daba indicaciones erróneas de velocidad. Lo que le pasaba es que estaba en pérdida constantemente, pero él no la reconocía por las condiciones de oscuridad y sin referencias exteriores. Y es que como decía su primo que es portero en una discoteca: “la noshe eh mu mala”.

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