Bill estaba sentado cómodamente en el puesto de operador de armas de su Prowler. Junto a él “Too Long”, un  piloto desgarbado, alto y enjuto con el que ya había volado muchas misiones. En los puestos de atrás, dos operadores más jóvenes que se tendrían que pegar con el análisis del espectro electromagnético. Los cuatro dormitaban atados a su avión. Estaban de alarma. El avión fijo al “elevator”, no asomaba del todo a cubierta para protegerlo de la galerna casi nocturna que azotaba al “carrier” con nombre de presidente ilustre. Estaban en el Mar de la China. Estaban en la Guerra de Vietnam.

Pero la tranquilidad que daba un temporal de tamañas proporciones en cuanto a la posibilidad de que la flota fuera atacada, se hace añicos cuando el personal de tierra golpea con el puño al avión, avisando que debían abrir escucha radio con la torre de control.  Su temor inicial se confirma cuando el jefe de puente les da orden de despegar hacia una traza descubierta a casi 200 millas. Tiene que despegar para asegurar  por medio de las emisiones, que es necesario que despeguen los cazas.

Mientras el avión se coloca en posición, arranca motores y engancha la pata de morro a la catapulta, les “cantan” olas de 60 pies. La proa del barco se hundía prácticamente en el agua y las olas rompían con tal violencia, que cubos de agua llegaban hacia el punto de anclaje. No es fácil, los tienen que lanzar con una precisión tal, que haga que el avión esté dejando la pista para remontar el vuelo a la vez que la proa está en su posición más alta.

Casi no ven al personal de pista hacer la señal de lanzamiento, cuando la primera mitad de los segundos que transcurren de carrera, los hacen contra el mar embravecido. No es sano, es anti-natura, pensaron que  no lo contarían, pero después de todo en el aire, tren dentro…

No se habían alejado 20 millas en dirección a la presunta amenaza, cuando se desestima tal traza y les ordenan volver “dumpeando” la sopa. En ese grupo tal como para jugar una partida de mus, surge la idea de agotar el combustible sin lanzarlo para ver si el oleaje amainaba un pelo. Pero ha pasado hora y cuarto, y ahí están a merced de “Too Long” que lucha por mantener la senda siguiendo las indicaciones del personal del barco profesional de esta cuestión. Todos en silencio, todos asidos a sus últimos pensamientos, todos con jindama en sus pañales.

En una época sin HUD en la que el “donuts” era la indicación de ángulo de ataque, las correcciones del piloto no parecían exageradas. Estaban cerca de los cables cuando por arte de magia o del poder del temporal, el  barco alza la popa de tal manera que la pista queda por encima de sus cabezas. “Too Long” mete motor a taco, y vira bruscamente para evitar el hierro flotando. Por radio se activa el procedimiento de eyección, con lanzamiento de los medios de salvamento que les rozan la aeronave. La espuma del mar les rodeaba, pero el avión desembarazándose de los dedos de Neptuno, inicia un tímido ascenso que después se convierte en pronunciado.

Nadie decía ni una palabra. Se escuchaba vociferar al jefe de la torre, pero no lo codificaban. Tendrían que haber ascendido a 500 pies para volver a intentarlo, pero no fue hasta los 20000 cuando Bill despierta de su letargo y avisa que van camino de la estratosfera. “Too Long” sin mediar palabra, vuelve a lo suyo para intentarlo de nuevo. Con el miedo en el cuerpo, acometen la aproximación y esta vez el barco se quedó donde debía estar. Enganchan el tercer cable…

020923-N-1280S-001 por mashleymorgan.

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Bill con 15 kilos más y luciendo una hermosa calva que sustituye aquellos pelos claros de otrora, se despierta de ese recuerdo. Un colega hispánico en una reunión sobre cosas varias, le ha tirado de la lengua. Le ha gustado contárselo. Él se siente próximo a las andanzas de los hispanos. No en vano detrás de un apellido familiar con topónimo británico, se anuncia un Álvarez de Villavicenzo. Bill proviene de una casa noble de la tierra del Sherry cuando hace 400 años, nobles valientes hacían las Américas inhóspitas. Luego un americano de alma en guerra con la España decadente del 98, es herido y conoce en Cuba a una linda enfermera descendiente de andaluces. Y esta abuela suya le enseñó en castellano con “l”.

Buena caza Bill.

Negro

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