El concepto de “doble proveedor de motores” para un mismo caza ha estado funcionado de maravilla con el F-16.  Desde que General Electric entró en la pugna por conseguir meter su turbofan en el “airframe” de los Viper (hecho que empezó a suceder a partir del bloque 30 de producción), los usuarios pudieron elegir entre montar un motor Pratt and Whitney F-100 o un GE F-110, lo cual, según estudios del Pentágono, ha supuesto más de un 20 por ciento de ahorro en costes de adquisición.

El F-35, quizá por estar predestinado a ser el sucesor del F-16, ha heredado el concepto de dos motores, de nuevo con las mismas compañías en liza y de nuevo con mucha polémica: en 2006, recortes presupuestarios en el Departamento de Defensa dejaron sin financiación el desarrollo del motor de General Electric (F-136), quedando Pratt&Whitney como única proveedora con su F-135. Sin embargo, ese mismo año el Senado Norteamericano volvió a proveer de fondos al programa, que siguió adelante con Rolls Royce ya en el consorcio junto a GE.

GENERAL ELECTRIC F-136

Para el presupuesto del año en curso, el Departamento de Defensa no ha solicitado fondos para seguir financiando el motor de GE que, sin embargo, sí han sido concedidos a iniciativa del Senado. Unos aducen que GE es una compañía con proveedores más sólidos y un motor que da mejor rendimiento.  P&W contesta que mantener dos cadenas logísticas en la US Navy para dos motores diferentes puede ser una pesadilla (aún a pesar de que el 80 por ciento de los componentes de ambos propulsores los fabrican las mismas empresas subcontratistas).

Por si esto fuera poco, y dado que los costes de desarrollo del F-135 de P&W van tan disparados como los del propio caza, General Electric ha comprometido un precio fijo para su F-136, lo cual reduciría significativamente el riesgo asumido por el contribuyente americano (y no americano, claro).

Pero a lo que íbamos: el Secretario de Defensa, Robert Gates, acaba de dejar caer en el Senado que el F-136 no cumple las expectativas requeridas por el programa y que asume riesgos porque va por detrás en el programa de ensayos (Graham Warwick, Aviation Week).  Lo cual, pese a quien pese, huele al paso previo a echar el telón  definitivo sobre el motor de GE. La empresa se ha defendido tan vehementemente que uno ya no sabe quién miente y quién dice la verdad…  Hay incluso campañas en Facebook a favor y en contra de seguir financiando el GE-136.  

Es un duelo de titanes respaldados por grupos de presión muy poderosos cuyo desenlace es difícil de prever. 

Yo apuesto a que veremos algún día volar el Lightning II con un General Electric dentro… ¿Y vosotros?

De la galería de Lockheed Martin en Flickr.

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