Como decía Catón el Viejo, “delenda est Cartago” o “hay que destruir a Cartago”, al tiempo que mostraba en el Senado romano un racimo de magnífico uvas que había comprado en el mercado procedente de la enemiga Cartago. Este latinajo se suele hacer referencia a la amenaza que algunos otean en el horizonta y tratan de hacérsela ver, con el fin de evitar males mayores.

Viene esto a colación por la sencilla razón que hace poco se ha hecho público que determinado barco ha derribado cuatro drones mediante el uso de un láser de media potencia (ver enlace: http://www.dodbuzz.com/2010/07/18/new-laser-is-bad-day-for-uavs/). Y lo mejor es que no ha utilizado avanzados AESAs ni sistemas modernos, sino el sistema de detección y seguimiento de un Phalanx, un sistema de defensa puntual con unos cuantos añitos a sus espaldas.

El caso es que por primera vez comienzan a vislumbrarse las debilidades del concepto de UAV/RPA, debilidades que no tendrían más importancia si los susodichos drones no se utilizasen más que para las misiones para las que originalmente fueron diseñados. Lo malo es que el hecho de poder alcanzar áreas o zonas que estarían vedadas para aeronaves tripuladas (no digamos ya para tropas sobre el terreno o navíos de superficie) o poder mantener en el cielo un “Ojo de Dios” que todo lo vea y de todo me informe no garantiza que en el momento de la verdad, esto es, cuando las cosas se pongan realmente malas (y realmente malas no quiere decir que no podamos atacar a unos taliban que están atacando a un convoy amigo por mor de las ROEs restrictivas de obligado cumplimiento, sino que esa misma posibilidad esté en entredicho porque otra fuerza aérea nos está disputando la libertad de movimiento que ha de garantizar el poder aéreo), se pueda disponer de la deseable cobertura aérea de inteligencia. Lo malo que tiene el disponer de información sobre de donde nos atacan, cuantos son, desde que azotea o cota, etc, etc, información que ahora se consigue en meros minutos tras iniciarse un ataque, es que el día que dicha información no esté disponible nuestra capacidad de lucha sufrirá un serio revés, dado que nos habremos acostumbrados a combatir de una manera determinada.

El que se vayan popularizando determinados sistemas de denegación de acceso es el paso lógico a una absoluta disponibilidad de información procedente de plataformas aéreas. La Fuerza Aérea norteamericana contempla la operación contra este tipo de sistemas pero siempre dentro de un conflicto convencional; no en un entorno de crisis o tensión previa a un conflicto, como podría haber sido el escenario iraquí entre septiembre de 1990 y febrero de 1991. ¿Os imagináis que las fuerzas combinadas aliadas tuvieran que haberse lanzado al ataque en el desierto sin un buen conocimiento del campo de batalla enemigo? Seguramente la cuenta de víctimas no sería tan baja como la que resultó en Desert Storm.

El empleo de láser contra los UAVs tiene una serie de ventajas: es barato (el precio de un disparo de un láser de media potencia es despreciable comparado con lo que costaría un misil capaz de realizar la misma tarea), no precisa de grandes requerimientos en cuanto a espacio, almacenaje, mantenimiento o similar (cierto es que requiere de una importante generación de energía eléctrica en el momento del disparo, pero cada vez más, los sistemas a bordo de navíos y aeronaves dependen de energía eléctrica, por lo que cada vez será más frecuente disponer de grandes cantidades de la misma), tiene un alcance relativamente aceptable (LOS o Line of Sight en días claros, bastante más limitado en condiciones atmosféricas de nubes, niebla, tormenta de arena o similar) pero, lo que hace que se trate de un sistema de armas a seguir, es que es rápido. Rápido como la luz. Y lo que lo hace aún más atractivo es que, aplicado sobre un RPA, conseguirás tu objetivo (denegación de la capacidad de captación de información/inteligencia del enemigo) sin necesidad de provocar una escalada en un conflicto, puesto que la pérdida de dicho aerodino no podrá ser nunca demostrada como consecuencia de un acto hostil, dado que la SA (Situtational Awareness o Consciencia Situacional) del UAV es tremendamente baja comparada con la de sus primos, los tripulados.

En fin, que como decía Don Francisco de Quevedo…

“No queda sino batirnos…” – Arturo Pérez-Reverte

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