Hoy tengo el día melancólico. Mi ligamento cruzado ha decidido recordarme que lo maltraté de mala manera en una pachanga futbolera hace 10 años y ahora se ha hecho notar de nuevo para insinuarme que el “running” éste que me he puesto a hacer de mayor, tampoco le gusta.

Y aquí estoy, con una bolsa de hielo, incrustado en el sofá, cuando al ojear la prensa local una noticia me acaba de recordar que hace 25 años viví el verano más féliz de mi vida (hasta el momento).

La noticia es que hoy se cumplen 25 años del homenaje a Pombo y 75 de su vuelo en avioneta de Santander a México.

Ese verano recibí mi bautismo del aire en una avioneta del aeroclub y volvería a volar un mes más tarde en un Aviocar dentro de los actos organizados por el 50 aniversario.

Ví cazas por primera vez (Phantoms, Little, Phantoms…) y mi padre me llevó a todos los eventos que se organizaron, incluyendo unas charlas en las que conocí a Pombo y tras las cuales me saludó con mucho cariño (era el oyente más joven con diferencia) y me firmó una dedicatoria que aún conservo: “cuando seas piloto, nos veremos en la luna”.

Desgraciadamente, unos meses más tarde tanto él como mi padre se marcharían a esa luna sin avisar.

Todo esto me ha hecho bucear en mis recuerdos y rescatar aquello que aún permanecen, que me ayuden a entender cuándo y cómo empezó todo.

El primero de todos ellos es precisamente de cuando empezamos a tener recuerdos (dicen que hacia los tres añitos). Tuve la suerte de vivir en un pequeño pueblo cercano a la capital, en una casita ligeramente separada del resto y situada en un pequeño altozano rodeado de verdes prados que fueron los campos de pruebas aeronáuticas de mi niñez.

Me recuerdo asomado a los barrotes de la terraza viendo las estelas que dejaban los aviones comerciales sobre el horizonte. Sitios lejanos, mundos por conocer…también las aproximaciones de los DC-9s a la 11 de Parayas que pasaban por encima de casa.

Recuerdo las tardes en esos campos volando la cometa de celofanes de colores con un dragón amarillo en el centro, después vendría la acrobática…la cara de pasmo de mi profesor de 3º cuando le dije lo que quería ser de mayor ¿quién le mandaría preguntar?

Luego vendrían los aerodinos con los que vino cargado mi padre de un viaje de trabajo en Alemania y que no existían en las tiendas de aquí. Coches parados al borde de la carretera para verlos volar…y cómo no, los inevitables accidentes de un oficio de riesgo como es éste: el biplano que se quedó colgado de los cables del tendido eléctrico. El supersónico de alas en flecha que no respetó de su plan de vuelo y sufrió un choque frontal contra el radiador de un camión…curiosamente la hormiga de pruebas que iba en la cabina sobrevivió (algo de lo otro ya había ¿verdad Bea?).En cambio el amplio repertorio verbal de los camioneros no ha cambiado nada en todo este tiempo…

Pero hubo algo que destacó en aquellos años sobre todo lo demás. Era un avión futurista lleno de ordenadores (para los P.Cs aún faltaban unos pocos años) y pantallas de televisión cuando en las casas sólo había una  en blanco y negro. No tenía rival en el mundo, ni siquiera con sus hermanos: al F-16 se lo podía cepillar con los Sparrows y  despellejaba a los F-14 y 15 en combate cerrado. Nuestra fuerza aérea lo estaba evaluando y se hablaba de comprar entre 72 y 144…Y YO VOLARÍA ESE AVIÓN.

Las primera foto la ví en un libro de texto de historia de 8º de EGB que mi tío el maestro tenía en su coche. La recordaréis todos: un F-18 ladeado hacia la derecha cargado sólo con dos Sparrows y dos Winders. Cada vez que venía de visita le pedía las llaves del coche. Creo que nunca descubrió  el motivo.

Luego tuve una maqueta en escala 1/48 que “voló” sujeta al techo de mi habitación durante varios años hasta que un catastrófico accidente debido a una “barrena plana” acabó con ella. Hace poco volví a comprarla en eBay. Me gusta mirarla de vez en cuando. Me transporta a una época en la que era fácil soñar.

Recortes de prensa, el reportaje del Informe Semanal grabado en vídeo sobre la llegada a España…

Y luego llegarían los desencuentros que hicieron que esa máquina y yo siguiéramos rumbos alejados hasta que hace aproximadamente 1 año volvimos a encontrarnos.

Por una de esas casualidades de la vida acabé ante las puertas de un edificio viejo y funcional. Tras atravesar un pasillo abrí otra puerta y allí estaba el paraíso: varios aviones en distinto estado de mantenimiento mientras al fondo se veía la línea de vuelo con varios aparatos preparándose para despegar. Perfume de keroseno y música de G&E ¡qué más se podía pedir!

Galería de rain.aftermath

Finalmente llegó el momento más esperado, el de subir por esa escalerilla que se me había resistido durante tantos años. Miraba a mi alrededor y no, no había interminables colas de gente esperando su turno. Aquello era para mi sólo. Esto era un encuentro privado… Os podría contar cientos de sensaciones, de impresiones: cómo es el HUD (por fín descubrí que la crucecita en la esquina superior derecha es para ajustar la altura del asiento), el tacto de los botones, el HOTAS, que los arneses de los hombros pesan los suyo y con las Gs deben ser bastante molestos, la nueva pantalla central de color que me pareció poco inclinada hacia el piloto y  hacee bajar la vista más que la anterior, el recorrido de la palanca, la visibilidad sin límites, el tono susurrante de la Betty… necesitaría otra entrada sólo para eso.

Pero sí os diré que nada en ella me pareció extraño o desconocido. Era como estar en el salón de mi casa. Sabía para que eran cada uno de esos botones, de esos pulsadores, de esas palancas. No había estado nunca ahí, pero la conocía bien.

Siempre supe que convertirse en piloto de caza es un proceso muy duro que muy pocos superan. Y más aún me lo pareció cuando empecé a leer todo lo que nos cuentan en este blog. Hubo momentos en que pensé que en el fondo había tenido suerte, que la media dioptría del ojo me habría protegido de un fracaso más estrepitoso aún: el de estar perfecto físicamente pero no ser capaz de superar las pruebas.

Sin embargo, ese día, cuando bajé la cúpula de ese avión y por unos instantes me aislé del resto del mundo, tuve la certeza de que no habría sido así. Supe que si no habría sido por esa media dioptría lo habría conseguido. Nada ni nadie habrían podido impedirlo. Había nacido para esto y esa máquina también. La nuestra habría sido una historia de éxito, de superación y de triunfo sobre los cielos de medio mundo.

Pero fue un encuentro breve, incompleto. Es como cuando te enamoras como un becerro de aquella chica de clase pero “ella te quiere sólo como amigo” y luego, al cabo de veinte años, os reencontráis fugazmente en un aeropuerto, en una estación, charláis unos minutos y vuelves a tener la certeza de que era la chica de tu vida pero esta vez el sentimiento es mutuo e intercambiáis teléfonos con la promesa de quedar un día con más tiempo.

Galería de steve9567

Así que General, hágame los honores. Sí, hablo con usted General, con el que entra a hurtadillas de vez en cuando por estas páginas a leer lo que sale de las mentes de esta extraña simbiosis “aerotranstornados-pilotos de caza” que uno de sus comandantes tuvo la ocurrencia de ensamblar.

Concédame sacar de paseo a la dama. No tema General, soy un chico formal. Jamás se me ocurriría ir con una moto deportiva  haciendo tumbadas en las curvas como Manodehielo, o subirme a una tabla y atarme a un trozo de tela para dar saltos por el agua como Bob.

Soy una persona equilibrada créame. Sí, al igual que Baby, también me trague los episodios completos de la abeja Maya, pero al contrario que él no he desarrollado ninguna extraña tentación hacia los pulsadores pintados a rayas. No se preocupe, no la dejaré volver sola a casa mientras yo hago autostop con un paracaídas a la espalda en cualquier carretera secundaria porque toqué donde no debía.

Dirá usted que si quiero vivir esas sensaciones que me vaya a Ucrania o cualquier otro lejano país de esos y afloje la billetera, pero no mi General, no es una cuestión de dinero, no se trata de eso. Mi dama nació en San Luis no en la estepa rusa, las palabras Mig y Sukhoi nada me dicen  y la cruz de San Andrés y la escarapela rojigualda aún significan algo para mí. No estoy buscando adrenalina, sólo zanjar 20 años de desencuentros. No me remita a una casa de citas.

Me imagino que no me dejará llevármela sin que vaya alguien de “carabina” en el asiento delantero. Tendré que asumirlo, pero por favor, deje que sea yo quien escoja esa compañía obligada. Sí, supongo que ese teniente veinteañero en el que está pensando lo haría a la perfección, que es un crack del combate aéreo y aguanta más Gs que una pepita de fresa en la batidora de mi cocina pero quiero a uno de los míos. Alguien que entienda mis sentimientos. Que se haya tragado las series completas de Mazinger Z, Comando G, el coche fantástico, Verano Azul…que haya aprendido el sacrosanto concepto en aviación de “Arriba y Abajo” con Coco el de Barrio Sésamo porque de los Lunnis sigo sin fiarme. Le parecerá una tontería pero esas pequeñas cosas forjan generaciones. No quiero a alguien que me lleve a los límites de la envolvente. Esto es un paseo romántico, no una noche de sexo desenfrenado.

No pido nada complicado mi General, soy una persona de gustos sencillos. Sólo llevar la palanca de gases hasta el extremo de su recorrido mientras me fundo con el asiento. No se trata de despegar mi sombra del suelo, eso ya sabía hacerlo antes de que supiera lo que es un nolotil. No, se trata de atravesar las nubes como un proyectil. No necesito llegar a los límites de la troposfera, me conformo con un trozo de cielo donde nadie nos moleste y pueda tener unos minutos de intimidad con mi dama: unos virajes, unos toneles, tal vez algún looping…y luego volver cerca del suelo no planeando sino picando y experimentar lo que es la velocidad de verdad a 500Kt y 300 pies. Una buena rotura sobre la base, aterrizar, apagar los motores y volver a recuperar el silencio que me acompañará el resto de mis días porque después de esto, ya nada volverá a ser igual.

Déjeme comprobar que aunque no pudo ser, esta dama y yo estuvimos hechos el uno para el otro.

Y si no he conseguido convencer a su frío y calculador cerebro de aviador, entonces hágalo por la EFICIENCIA. Si ha llegado a donde está y más en unas fuerzas armadas como las nuestras, ese palabro lo llevará grabado en cada neurona de su cerebro.

No permita que cada semana sigan despegando biplazas con asientos traseros libres. 70 kg.  más no aumentan el consumo de keroseno. Sé que en cada vuelo, en cada misión, se intentan cumplir varios objetivos para aprovecharlo al máximo. Añada uno más que no lleva tiempo: el de ayudar a cumplir sueños. Porque no se engañe General, aquí sólo estamos para intentar ser felices y hacer que los demás puedan serlo

Hágalo General, antes de que las damas empiecen a volar solas, antes de que empecemos a estar demasiado viejos para sacarlas a bailar.

Vindio.

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