Parece ser que el Gobierno japonés, dirigido por el Presidente Yoshihiko Noda, se ha decantado por el F-35 de Lockheed Martin como vencedor del programa F-X, que sustituirá a los venerables F-4 Phantoms. El anuncio se ha realizado con la vista puesta en la adquisición de 42 aeronaves. El Ministro de Defensa japonés, Yasuo Ichiwaka, afirmó que de los cuatro parámetros con más peso en la ponderación de la decisión (prestaciones, coste, retornos industriales y apoyo logístico), el que más se ha tenido en cuenta ha sido el de prestaciones, porque el escenario geopolítico se encuentra en permanente cambio (la muerte del dictador norcoreano, Kim Jong Il, y sus posibles consecuencias son un buen ejemplo de dicha inestabilidad) y se trata de dota a los combatientes con los mejores sistemas de armas.

Dejando de lado la pirotecnia verbal, se ha autorizado la compra inicial de cuatro aparatos a lo largo del año 2012, aviones que serán entregados allá por el 2016; posteriormente se irán adquiriendo el resto de F-35 hasta completar la compra total. Se afirma que como sustituto del F-4, el F-35 tendrá una misión aire-aire, si bien la parte del elón de dicha tarea recaerá en los F-15J, de los que Japón tiene más de doscientos, construidos bajo licencia por Mitsubishi Industries. Comentar que la compra de los cuatro aviones iniciales sale a unos 127 millones de dólares por aparato, lo cual es muchísimo más de lo que inicialmente iba a costar pero menos de lo que hacían prever laos últimos datos de nuestro gordito preferido.

Con este movimiento, Japón y sus Fuerzas de Autodefensa se dotan de lo último en tecnología punta. Dice Tom Burbage, el general manager del programa F-35, que la aparición del J-20 en escena está dando una sensación de urgencia en determinados sectores y personas con responsabilidad, por lo que es probable que los concursos de adquisición de nuevos sistemas de armas se aceleren en la zona. Se podría estudiar como claro ejemplo del dilema de seguridad de relaciones internacionales pero el caso es que Japón, al que algunas fuentes comentaban  que sería probable que diese un paso atrás y considerase la compra del JSF, se ha lanzado a la piscina de cabeza. ¿Ha comprobado si hay agua?

Bueno, aparte de los innumerables informes que hablan de la incapacidad manifiesta del programa F-35 para cumplir fechas de entregas, parámetros prometidos y firmados y simplicidad logística (recordemos que el hacer un único modelo que satisficiese las necesidades de tres servicios norteamericanos se debía precisamente a éso, a simplificar), resulta que el mismo día que Japón anuncia su compromiso de compra para este próximo año, el Fort Worth Star-Telegram, periodico de la ciudad en la que se monta dicho avión, publica un informe Quick Look Review (podéis leerlo aquí : http://www.documentcloud.org/documents/274217-dod-quick-look-ahern-report.html#document/p45 ), en el que se afirma que el programa F-35 se enfrenta a un futuro bastante problemático. Entre otras perlas, en dicho documento se establece que “muestra que el programa F-35 ha descubierto y continúa descubriendo asuntos a un ritmo más típico de diseños iniciales basado en la experiencia de previos programas de desarrollo de aeronaves, lo que cuestiona la asumida madurez tecnológica”; o “los ensayos en tierra y en vuelo del año pasado han descubierto problemas técnicos con implicaciones de trabajo adicional sobre aviones ya adquiridos”. El reportaje tiene 55 páginas y no las voy a traducir aquí todas pero baste saber que de junio del año pasado a noviembre del presente se solicitaron ¡725 cambios! al avión, de los que 577 no pueden ser implementados aún.  Entre los asuntos más críticos, destacan buffeting severo e inesperados en maniobras de alta velocidad, problemas con la representación de datos en el sistema de visión nocturna integrado en el casco y frecuentes fallos en un componente eléctrico primordial que puede hacer caer el sistema y afectar, asimismo, a los sistemas de presurización y de suministro de oxígeno al piloto. El equipo, asimismo, expresa en el citado documento su preocupación por el lento ritmo en el desarrollo y prueba de las capacidades de combate del avión, especialmente en “determinadas áreas clasificadas” que afectan a sus prestaciones de defensa aérea.

Vamos, que Japón ha apostado por caballo ganador… o caballo percherón. El tiempo dirá.

“No queda sino batirnos…” – Arturo Pérez-Reverte

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