La Fuerza Aérea de Estados Unidos de América no siempre ha acertado en sus decisiones; sin ir más lejos, rechazaron inicialmente al F-4 Phamton II, o apostaron en los 70 porque el dogfigtht estaba muerto y que los aviones se basarían única y exclusivamente en su armamento de misiles para combatir a los enemigos en el aire. Claro, luego llegó el dotar a sus aeronaves de cañones a toda prisa. Pero puede (sólo puede) que en los últimos años se hayan superado. Puede que los analistas hayan cometido lo que considero la gran pifia. ¿Y cuál es, os preguntaréis? Fácil, sólo tenéis que ver la siguiente foto y ahí está.

Foto US Navy

¿Cómo?, os estáreis preguntando. ¿El F-22, el peaso de super-avión, una pifia? Pues no, no es precisamente en el avión donde se han columpiado los norteamericanos…sino en lo que va mostrando. ¿Qué muestra? La bahía de armamento. ¿Qué le pasa?…su tamaño.

El F-22 fue concebido como un caza puro, como un dominador de los cielos que tendría como armamento principal el ya conocido AIM-120 AMRAAM. Un misil de medio (medio-largo en sus últimas versiones) alcance ya probado en combate. Hasta ahí, las buenas noticias. ¿Las malas? El AIM-120 tiene unas características determinadas, que por el mero hecho de llevar tanto tiempo en el mercado ya pueden haber sido determinadas con bastante precisión por enemigos potenciales. Cierto es que versiones posteriores han añadido determinadas capacidades, como un incremento marginal en el alcance, una mayor resistencia contra las ECM’s enemigas y perfiles de vuelo optimizados. La Pk (Probability of Kill, probabilidad de derribo), siendo como es material clasificado, no es deslumbrante. El Dr. Carlo Kopp, en su análisis sobre armamento BVR de origen ruso da las cifras de disparos de AMRAAM en las pruebas: un aceptable 85% de los 214 lanzamientos efectuados del modelo C. Pero recordemos que en las pruebas, el escenario está fijado y que se delimita muy cuidadosamente qué maniobras se van a realizar por parte del avión atacante y del avión blanco, qué contramedidas electrónicas va a utilizar el avión blanco, los modos de radar a emplear, etc, etc.

En combate, las estadísticas son aún peores, bajando hasta un Pk aproximado del 50% para combate BVR. Es de destacar, asimismo, que los disparos efectuados en combate lo fueron contra blancos no equipados con buenas suites de guerra electrónica, sino que disponían de sistemas anticuados, sin memorias digitales de radio frecuencia (DMRF’s). Estos sistemas, las DMRF’s, son bastante más potentes que las memorias tradicionales y ofrecen características que aumentan la flexibilidad y capacidad para ejecutar complejas contramedidas electrónicas. Cierto es que la filosofía “first look, first kill” en la que está basado el Raptor debería evitar que sus blancos potenciales encendieran las contramedidas, pero… ¿y si las llevaran siempre encendidas? Porque sus potenciales enemigos (Su-27, -30, -33, -35’s y MiG-29, -31, -33 y 35’s) no tienen capacidades stealth y no tienen porqué ir de pasivos. Y el radar APG-77 puede ser todo lo LPI (Low Probability of Intercept) que quieras pero el radar que equipa al AIM-120 no lo es.

Carga autorizada Raptor. Fuente.

Existen estudios que elevan exponencialmente la capacidad de derribo de un misil en función del número de éstos que se utilizan contra un único blanco. Curiosamente, la filosofía rusa es la de poner dos misiles en el aire contra un único blanco, normalmente uno radárico y otro infrarrojo, aunque ambos sean del mismo tipo de misil y con las mismas características cinemáticas. Para aviones tipo Su-30 o -33, la configuración habitual aire-aire es la que podéis ver en la tabla:

Carga prevista SU-35. Fuente.

Resumiendo, mientras el Su-30 se puede permitir el lujo de disparar cuatro salvas de dos misiles cada uno antes de entrar en alcance del AIM-120, el F-22 tiene que meterse en el alcance de la envolvente de los misiles rusos antes de poder lanzar los suyos. Con el agravante de que si quiere un alcance similar se habrá de dotar de misiles más grandes, que no cabrán en la bahía de armas y que habrán de ser portados en las estaciones subalares, con lo que se perderá la característica stealth del avión lanzador. El problema al que se enfrentan ahora los planeadores norteamericanos es el de dotar al F-22 con un arma de largo alcance sin comprometer las características que hasta ahora le han colocado en el podio de rey de los cielos.

Y estamos hablando del F-22. Para el F-35 la cosa no mejora sino todo lo contrario, para empezar volará bajito y lento (< 35.000 pies < 0.9 Mach), con lo que sus misiles irán escasos de energía desde el principio, pero es que además portará menos misiles aire-aire, lo que le coloca en la difícil tesitura de o derriba a la primera o casi seguro es chicharro (estamos suponiendo que se encontrará con un par de Su-30’s o similar). Los aviones de la familia Su-27 disponen de mayor alcance, mayor presencia en el campo de batalla (lo que viene denominándose persistencia), mayor cantidad de misiles disponibles, mejores prestaciones aerodinámicas… vamos, que o tiene cerca al primo de Zumosol (uséase el Raptor) o lo lleva reamente difícil.

“No queda sino batirnos…”

Fuentes:

http://www.ausairpower.net

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